¿Por qué no intentar el diálogo?

¿Por qué no intentar el diálogo?
Por: Ricardo Kirschbaum

Solo una convocatoria amplia del Gobierno a los dirigentes rurales para discutir sobre la crítica situación agropecuaria podría frenar un nuevo paro del sector. Sin embargo, lo que se podría esperar en un país manejado con sentido común y racionalidad dificilmente ocurra aquí. Predomina, en cambio, el cálculo y la especulación política, sin distinción de bandos.

La muy grave situación del sector por la sequía obliga al Gobierno a un esfuerzo extra para aliviar las consecuencias excepcionales del impacto climático. Esfuerzo que debería ir más allá de lo que ya se ha hecho y que los productores juzgan como insuficiente. Quienes conocen muy detalladamente la crisis por la sequía aventuran un pronóstico negro para la ganadería y la lechería. Y añaden que no debería sorprender a nadie si en el futuro se debe importar carne y leche para el consumo local. Es un error ver todo con un prisma político e interpretar cualquier queja como enderzada a fustigar al Gobierno. También es peligroso que algunos sectores rurales se hayan montado en la crisis del sector para traer agua a sus ambiciones electorales. El paro que seguramente se cumplirá este mes será resultado de una decisión de los dirigentes que sienten una presión fuerte de los productores. Sus promotores, también, deben saber que las simpatías que recogieron el año pasado no se transfieren automáticamente. Y, en ese sentido, la persistencia en un método que puede afectar el abastecimiento de alimentos puede ser negativo para el objetivo de la protesta. Más allá de esas consideraciones, la gravedad de la crisis merece una respuesta más amplia y generosa por parte del Gobierno, abriendo un diálogo amplio para soluciones consensuadas.

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