Intensa y desigual batalla contra la sequía en Pampa del Infierno y Concepción del Bermejo.

Estas dos comunidades están hermanadas más que nunca por la sequía. Pampa del Infierno con sus 14.000 almas en la planta urbana y 4.000 en la zona rural, en tanto Concepción del Bermejo con 9.000 en el pueblo y 500 en su zona de parajes, no tiene agua potable.
PAMPA DEL INFIERNO y CONCEPCIÓN DEL BERMEJO (De nuestros enviados especiales) - La esperanza para estas comunidades está en el acueducto del Loro Blanco, de 30 kilómetros, que comenzó a construirse en estos días pero que estará listo recién en diez meses para que traslade el líquido vital para las familias de las zonas urbanizadas.

La fuente acuífera está ubicada a 34 kilómetros al sur de Pampa del Infierno. Se trata de una gran olla pero está ubicada en un campo explotado productivamente con soja, justamente beneficiada con la humedad que aporta a ese suelo el agua del subsuelo, que estiman es de buena calidad.

Pampa del Infierno, de acuerdo a cómo lo define el intendente Marcelo Píccoli, se sostiene básicamente con la producción forestal y la agricultura, especialmente la soja y la ganadería.

Lo habitantes del poblado además sobreviven con más de quinientos empleos públicos, planes sociales (180 jefes de hogar y 760 del programa Familia) y más de 200 pensiones por discapacidad. La desocupación golpea fuerte también en este lugar. En cuanto a lo laboral en el tema forestal, principal actividad que ocupa la mayor cantidad de mano de obra, los salarios que se pagan en el mejor de los casos apenas llegan a los 200 pesos por semana, o sea que una familia puede contar al mes con 800 pesos para poder vivir.

Las autoridades municipales no tienen descanso en el reparto de agua en la zona urbana y rural. Hoy la comuna está distribuyendo entre 180.000 y 200.000 litros cada dos días. En las barriadas se entregan por familia unos 200 litros cada tres días en el mejor de los casos.

Un 40 por ciento de la población tiene aljibes donde almacenar el vital líquido, pero el resto no y se arregla con distintas vasijas pero mayoritariamente con bidones que originalmente contenían glifosato. El peligro que esto representa para la salud de niños, mujeres y ancianos, principalmente, no es evaluado por los pobladores y mucho menos por las autoridades locales.

La resignación con que enfrentan la crisis los pobladores asombra. Saben que el agua no es apta para el consumo humano, ni siquiera animal, pero simplifican el drama: siempre fue así y la tomamos.

El Servicio de Agua y Mantenimiento Empresa del Estado Provincial (Sameep) aporta lo suyo con una perforación y un tanque elevado que por gravedad distribuye el líquido a una serie de canillas públicas de las que la gente se provee. Estas bocas de expendio no descansan, trabajan las 24 horas.

Las napas con el uso y la sequía se agotan al finalizar el día. En la mañana, de madrugada, de nuevo comienza la larga procesión en busca de lo poco que pueden aportar las napas repuestas, al menos por unas horas.

La pelea día a día de Concepción del Bermejo

En Concepción del Bermejo la mayor actividad que se aprecia entre sus 9.000 habitantes es la pelea contra el mayor enemigo hoy por hoy: la sequía. En la zona rural donde sobreviven unas 500 personas, también la lucha es tremenda y desigual donde la naturaleza impone todo su poder.

La producción principal también es la soja, lo forestal con aserraderos y carpinterías, ladrillerías con aporte de planes sociales como los jefes de hogar y el plan Familia. La desocupación es importante y deambulan por el municipio en busca de ayuda en busca de alguna changa para poder comer. El agua la obtienen de un pozo ubicado en la zona rural conocida como Campo Curín a 7 kilómetros del pueblo. Se suman a 4 perforaciones en la planta urbana que aportan caudal para una cisterna elevada de 100.000 litros desde donde se distribuye por red municipal al 80 por ciento de la población. Sameep tiene además una perforación con un tanque elevado, pero el caudal que aporta es mínimo. De todas maneras, a pesar de que el agua tiene un bajo contenido de arsénico, no es potable y la aptitud para el consumo humano es relativa.

En todos los casos los reservorios están totalmente secos y la situación es grave. A la tarea de distribuir agua con las cisternas municipales en un trabajo a destajo, se suman las zorras que aportan una tarea muy importante como lo reconocen las autoridades municipales. Hoy por hoy, ésta es la principal fuente de trabajo en la zona: la distribución de agua por la que se llega a cobrar hasta 20 pesos por cada 200 litros.

De esta manera febril, transcurre la lucha diaria y desigual de los pobladores. Así, con toda crudeza queda al desnudo el abandono de años, el sometimiento impuesto por políticas mezquinas, el modelo de exclusión de miles de hermanos en el doloroso interior chaqueño, a menos de 300 kilómetros de Resistencia.

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