Intendentes del interior: capitanes en la tormenta

El bloque de intendentes del Gran Buenos Aires se muestra escéptico, aunque orgánico, con las órdenes de Néstor Kirchner: profundizar la pelea con el campo y el grupo Clarín y desacreditar las cifras y conjeturas de la Iglesia. Aunque la actividad política del interior es diferente de la del Conurbano.

"Estamos entre las cuerdas", dicen algunos alcaldes, siempre en off de record, cuando se les pregunta cómo ven el futuro político durante el tiempo que resta para la llegada de 2011. Explican que la realidad de su poderío territorial está amenazada por las cuestiones políticas que salen de la Casa Rosada, y no disimulan la intervención de Kirchner en los temas coyunturales.

"Es más preocupante que Néstor esté tranquilo que verlo caliente, porque no sabés en qué puede terminar". Así describe un intendente del oficialismo el cuadro de situación que viven los integrantes del kirchnerismo.

Es que el ex presidente digirió la bronca de los resultados, y pocos días después de la derrota avanzó nuevamente para recuperar el control de los intendentes. Hacer de la tropa un batallón. Y obviamente que el ejército debe seguir respetando las decisiones del comandante. Pero dentro del grupo de soldados son muchos los que temen por castigo social en sus distritos, y la instalación de la oposición como alternativa.

Ante la efímera ausencia de Kirchner en la escena política, los jefes comunales decidieron agruparse y mostrarse encolumnados detrás del gobernador, Daniel Scioli, quien desplegó una estrategia política para no tambalear el día después.

Pero la tormenta peronista y opositora dio las primeras señales para que el ex presidente, convertido en diputado, vuelva a alistar. Quedaron atrás viejos rencores con algunos caciques del Conurbano, quienes, según Mario Ishii, fueron los traidores que hicieron perder la elección provincial, colocando segundo al histórico PJ, con un 32%.

Radiografía de la incertidumbre

En el interior los oficialistas no pueden no ocultar las presiones de los diferentes sectores de sus distritos. Desde opositores en el Concejo Deliberante que ante cualquier error del kirchnerismo comienzan a rodar una embestida contra el jefe territorial, pasando por reclamos casi cotidianos de productores rurales que piden determinación política al intendente, hasta problemas financieros que hacen decaer su gestión.

Es que después del 28 de junio se profundizó un escenario complicado en muchos municipios: recorte de gastos, desdoblamiento de sueldos o la amenaza de llevar adelante la iniciativa; pases de oficialistas a las filas de Unión-Pro, el retraso de la continuidad de las obras públicas y la falta de agrupamiento político entre los intendentes. A esto se le suman las directivas provinciales de continuar gestionando con menos, pero con creatividad, para revertir la desconfianza de la sociedad.

Como conocedores de la realidad, saben que el cuadro de situación es complejo, para nada fácil, en el contexto político que quedó el Frente Justicialista para la Victoria luego de la derrota. Buscan concentrar su atención en la gestión con pequeñas iniciativas municipales (apertura del diálogo político, tranquilizar el ánimo del campo buscando asistir en lo que pueden al sector y ver la posibilidad de radicar empresas o industrias para generar fuentes de trabajo).

"Nuestro espacio perdió la capacidad de escuchar. Hoy no podemos decirle a un productor que se joda si pierde la cosecha o desconocer que no tiene comercio a futuro", comenta, preocupado, un jefe comunal.

Otro dice, contundentemente, que "hay grandes empresarios del campo, pero también hay minipymes agrícolas ganaderas; debemos diferenciar". Remarcan el conflicto con el agro como principal problema para revertir la pérdida de capital político, porque en varios municipios oficialistas del interior el campo es el motor económico del pueblo.

La profundización de la pelea generó un parate en la cadena comercial y la baja de los impuestos rurales. "No es poca cosa", disparan.

En lo político, el escenario también es extraño. No comulgan con algunas ideas o iniciativas del Gobierno nacional en lo que respecta a las presiones económicas con la región bonaerense, cuando la Provincia aporta el 40% del Producto Bruto Interno. Tampoco quieren continuar confrontando. Además, algunos cuestionan que el peronismo exhibió grietas difíciles de aminorar.

Primeros pasos políticos del interior

La planilla de resultados electorales mostró que alrededor de 27 distritos oficialistas del interior de la Provincia están complicados políticamente.

Algunos perdieron, y otros no lograron alcanzar diez puntos de diferencia para quedarse tranquilos ante una nueva intención de continuar en el Ejecutivo municipal.

Está claro que en dos años la situación puede cambiar, pero lo cierto es que la actual adhesión a las conducciones distritales es débil. Sólo algunos pocos pueden jactarse de diferencias abismales.

Ante este panorama, los intendentes se abocaron a oxigenar el gabinete municipal, a mostrar gestión y a reclamar en la residencia de Scioli asistencia económica y la continuidad de las obras prometidas en campaña.

A diferencia del Conurbano, los jefes comunales del interior no tienen, por ahora, reuniones para definir políticamente el rumbo de sus municipios.

Hace poco hubo un encuentro entre ocho intendentes de diferentes secciones electorales para analizar el contexto, y prometieron volver a reunirse para darle forma a un espacio de discusión. Pero la iniciativa quedó trunca ante el riesgo de ser tomados como rebeldes dentro del oficialismo. Las intenciones están, porque dicen no ser tenidos en cuenta en las decisiones políticas de sus distritos.

"Todos analizan qué es mejor para nosotros, pero nadie consulta cómo se puede hacer. Y al contar con pocos representantes dentro de la estructura del gobierno bonaerense, es difícil dar forma a nuestras realidades locales", arriesgan varios alcaldes.

Actualmente los jefes comunales están solitarios en sus municipios, intentando revertir las secuelas del 28-J. Golpean las puertas de los despachos gubernamentales de la Provincia para llevar a sus distritos obras pequeñas, subsidios y pedir lugares para su gente, pero el abroquelamiento del interior parece distante.

Las ganas no faltan en mostrar un grupo fuerte, con rasgos de poder, como sucede con los caciques del GBA, pero no lo ven sencillo. Mientras Kirchner descree que la derrota del oficialismo hubiese sucedido en una elección presidencial, el mensaje hace temer a los intendentes del interior, quienes reniegan de que el ex presidente "no entendió el mensaje".

A la deriva en la marea, ellos buscan refugio. Las alternativas son pocas, pero prefieren el intento antes que esperar el oleaje de un nuevo desgaste en su imagen como timoneles políticos de sus distritos.

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