Los intendentes K, entre la lealtad y la necesidad de cuidar su quinta

La mayoría sacó en su distrito más votos que Kirchner. Cómo jugaron para intentar salvarse de la derrota.
Apenas consumada su derrota, en la noche de su domingo político más negro, Néstor Kirchner salió a buscar responsables del derrumbe. Y el dedo acusador apuntó a los intendentes del Conurbano que, sintió, no lo habían acompañado con el ímpetu que él necesitaba, más allá de que 15 de ellos aceptaron subirse a su causa como candidatos testimoniales y otros, atando la lista de concejales a su boleta. Con los resultados a la vista incluso sonó la palabra "traición": el ex Presidente no pudo digerir que a los barones del GBA les fuera bastante mejor que a él en sus distritos.

"Peor que la traición es el llano", solía decir socarronamente un ex intendente de la capital provincial para explicar cierta matriz en la lógica de construcción de poder de los caudillos bonaerenses. A la hora de explicar los números del domingo, entonces, esa premisa aparece enseguida: se podría concluir que los intendentes echaron a andar su viejo mecanismo para no ir a parar al llano. Pero algunos matices podrían, cuanto menos, relativizar la explicación. Para empezar, porque para que exista traición habría que dar por sentada una lealtad que nunca pareció demasiado profunda y que, si existió, tampoco dio indicios de una durabilidad asegurada.

Si es cierta aquella frase, también lo es que los barones antes que nada piensan en su necesidad de sostener el poder territorial, que suele ser tanto su gloria como su techo, ya que pocos han logrado -especialmente en la era K- proyectarse políticamente mucho más lejos. Así, más que de traición, se podría hablar de cálculos.

En esa línea, una de las estrategias fue ir con Kirchner, pero también presentar colectoras con fuerzas vecinales que apuntaban a captar votos de gente conforme con la gestión comunal pero que al mismo tiempo le da la espalda al Gobierno nacional. Uno de los casos más emblemáticos quizá lo represente Sergio Massa, intendente de Tigre en uso de licencia, jefe de Gabinete de Cristina y cuarto candidato a diputado nacional en la lista de Kirchner. En Tigre puso a Malena Massa, su esposa, a la cabeza de la nómina de concejales, y logró el 53%, contra 39% de Kirchner. La boleta vecinal, separada de la del Frente, es la que explica la diferencia. También en el Norte, Osvaldo Amieiro (testimonial) jugó igual en San Fernando. Y lo mismo hizo el kirchnerista no peronista Ricardo Ivoskus en San Martín. Aunque en estos dos casos casi no hubo diferencias con lo que obtuvo Kirchner en sus Municipios, la movida terminó asegurándoles la victoria a nivel local.

"Me parece que hablar de traición es demasiado. Sí es cierto que cada uno cuidó su quinta", interpretaba ayer el vocero de un jefe comunal que salió bien parado el domingo. "Cuidar la quinta" significó, en algún caso, repartir casa por casa boletas con la candidatura testimonial del intendente separada de la de Kirchner, según confió un operador muy activo en la campaña: así, los vecinos podían votar al jefe comunal con el candidato a diputado que más les gustara. Muchos votantes se volcaron al corte de boleta. Y en algunos lugares se ocuparon de aprovecharlo: hubo gente que dijo encontrarse en el cuarto oscuro con pilas de boletas de concejales "sueltas".

Fueron algunas de las estrategias más extremas, diseñadas de apuro cuando las encuestas empezaron a agitar el temor al fracaso que los anuncios e inauguraciones en sus distritos buscaban ahuyentar. Justamente la inversión en cloacas, asfaltos, hospitales y otras obras de Provincia y Nación que les había permitido a los intendentes sumar en sus gestiones, se había convertido en una moneda de cambio que los forzó a dar el sí a las testimoniales. "Mi candidatura es para defender la obra pública en el Municipio", dijo Alberto Descalzo, de Ituzaingó, cuando aceptó.

Tampoco fueron bien recibidos ciertos movimientos de Kirchner en algunos municipios. Un caso testigo fue San Miguel, donde Joaquín De la Torre se puso al frente de la boleta, pero sobre el cierre de la inscripción de listas se desayunó con que le habían puesto una colectora, liderada por un archirrival del peronismo local. Así, terminó bajándose. Y su cosecha electoral fue magra, nada menos que ante un Aldo Rico triunfal. En Lomas, Jorge Rossi, un antiguo duhaldista que necesitaba fortalecerse con un triunfo claro (en 2007 había llegado a la intendencia con apenas un 17% de los votos), mantuvo su testimonial pese a que sintió como una mala jugada que permitieran otras dos listas K, una de ellas encabezada por el titular del Comfer, Gabriel Mariotto. Consecuencia: Rossi ganó con poco más del 20% y Kirchner, con sus tres boletas, estuvo por encima del 35%.

Hubo, con todo, distritos donde la sociedad funcionó aceitada. En Quilmes, el ex presidente le garantizó a Francisco Gutiérrez una única lista K y alineó tras él nada menos que a la gente de Aníbal Fernández. Allí, el triunfo fue parejo para ambos, con más del 35%. Lo mismo sucedió en La Matanza, el territorio que podía definir la elección a favor del oficialismo y donde Fernando Espinoza puso su nombre de movida. Hizo un más que honroso papel, aunque probablemente la derrota general le impidió festejar. Recibió, eso sí, un explícito elogio de Kirchner en su aparición pública de ayer. En semejante contexto, no es poco. Julio Pereyra (Florencio Varela), Raúl Othacehé (Merlo) y Baldomero Alvarez (Avellaneda), hicieron buenas elecciones y tuvieron un desempeño similar al del ex presidente.

¿Cómo se moverán de ahora en más los caudillos? Aún no es claro, pero a varios se los puede adivinar en busca de nuevos rumbos.

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