"Más inteligencia y menos sangre para la guerra contra los narcos"

Es lo que se necesita, según el viceministro de Justicia de Brasil, para frenar el rebrote de violencia en Río.
Las imágenes de Río otra vez violenta no dejan de repetirse desde hace una semana. La guerra entre narcos y la represión policial ya dejó 45 muertos. En estas villas -que rodean a la ciudad que se ganó con méritos el complemento de maravilhosa-, son dos millones los que padecen la pobreza y las reglas impuestas por los narcotraficantes ¿Por qué otra vez hay noticias de matanzas cuando parecía que lo que vendría serían preparativos para los Juegos Olímpicos de 2016? En Buenos Aires, estuvo hasta ayer una de las personas que mejor puede contestar esta pregunta: Pedro Abramovay.

El abogado brasileño de 29 años, viceministro de Justicia desde 2004, y experto en drogas y delito aseguró a Clarín que se necesita "más inteligencia y menos sangre en la guerra contra los narcos". Entonces, ¿por qué volvió la guerra narco a Río y qué estrategias usarán para pacificar la ciudad?

Lamentablemente, tenemos que comprender que en el mundo vamos a convivir durante mucho tiempo con las drogas. Debemos pensar en cómo reducir sus daños en varios sentidos. En primer lugar, en cuanto a los males que causa a la salud y en segundo, con la violencia de las organizaciones delictivas y su represión. Lo que pasa nos demuestra que hay muchísimo por mejorar.

Pero lo que pasa en Río o en otras ciudades latinoamericanas que viven bajo el terror narco es urgente.

Sí, claro. Pero son más de 20 años de presencia narco que hay que combatir. La lucha sólo desde lo policial no es suficiente. Entre otras cosas, la droga consiguió disolver el tejido social de las comunidades. Desde el Estado se lo debe reconstruir para que ella no sea una alternativa de vida.

Y, ¿cómo se logra eso?

En Brasil implementamos un Programa Nacional de Seguridad y Ciudadanía. Una combinación de mejor equipamiento y formación para las fuerzas de seguridad y, junto a otros ministerios, de fortalecimiento en áreas clave como salud, educación y trabajo. La lucha contra la droga es una política social y no de seguridad.

Pero, la violencia sigue...

Sí, lamentablemente. Estas son acciones a largo plazo, pero es la única forma de terminar definitivamente con la presencia narco. En Río hemos logrado excelentes resultados en algunas áreas. Hay favelas -el Morro de Doña Marta- que hemos declarado área pacificada. Donde antes había narcos ahora está el Estado, pero no reprimiendo sino garantizando el acceso a los derechos de las personas. Pero es verdad que hay zonas donde hay graves problemas.

¿Cuál es la estrategia en ellas?

Estamos tratando de cambiar la manera de actuar de la Policía. La represión es un mecanismo necesario, sobre todo cuando existe una relación directa entre la droga y el delito organizado. Pero creemos que se debe terminar con el método de entrar y salir de una favela, ya que provoca más violencia. La Policía debe ser una presencia permanente acompañada por otros agentes del Estado para ofrecer asistencia sanitaria, buena educación y acceso a un empleo digno. Debemos cambiar la cultura delictiva y para ello no sirve una ocupación represiva.

Y para evitar que las bandas narco se fortalezcan ¿qué hacen?

Varias cosas. Hemos presentado un proyecto de ley para cambiar la forma de penar al pequeño traficante. Los diferenciamos de las mafias del crimen organizado. No se trata de ser bondadosos con el tráfico en menor escala sino de aplicar una estrategia razonable, darles otro tipo de penas. Una investigación demostró que el 70% de los pequeños dealers no usaba armas ni tenía relación con una red delictiva. Al condenarlos, los empujamos a que en las cárceles sí terminen en contacto con alguna de ellas. Queremos cortar el reclutamiento. Sin soldados para las bandas narco; con excelente equipamiento policial -para que la Inteligencia se use para capturar a los grandes narcos-, con control para evitar la corrupción y asegurando los derechos básicos a las personas, se puede pensar en una solución a este grave problema.

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