Intelectuales, el Estado y las fantasías de Fontevecchia

Por Pablo Alabarces.

La revista Noticias sugiere que los colegas se han vuelto kirchneristas por dinero porque dependen del Estado. Pero han ganado sus cargos por concurso público. Invito al dueño de Perfil a presentarse a uno

Esto de escribir con periodicidad tiene riesgos, que a veces son ventajas. Uno paladea la nota durante varios días: tengo dos semanas para ir oliendo temas, para dejarme llevar por lo que estoy leyendo o lo que veo o lo que me provoca. La (paranoia de la) inseguridad, los susanos y la catarata de idioteces que se repiten día a día me seguían tentando: prometo no abandonar la cuestión, porque como dije hace dos lunes estamos jugando nada más y nada menos que nuestras libertades y, muy especialmente, la vida de tanto chorrito que van a salir a cazar los futuros escuadrones de la muerte liberados por la retórica de Susana y el derechismo de De Narváez.

Pero cuando me siento a escribir esto, la revista Noticias titula "Los pensadores de la corona" una nota de tapa dedicada al grupo Carta Abierta, donde afirma en la bajada "Por qué muchos de ellos están vinculados económicamente con el Estado". En el primer recuadro se enumera, entre los que reciben sueldos del Estado nacional, a colegas como Federico Schuster, Carlos Girotti, Jaime Sorín, Damián Loretti, Hugo Trinchero, Ana María Zubieta, Leonor Acuña, Alejandro Kaufman, Ricardo Forster. Con algunos me une la amistad, a veces estrecha; con otros nos separan diferencias políticas, aunque compartamos ámbitos de actuación (básicamente, la universidad pública y el Conicet). De la lista dejo afuera a otros como Horacio González o Tristán Bauer, sencillamente porque son efectivamente funcionarios estatales y ocupan cargos políticos; o a José Pablo Feinmann, porque no recibe salario estatal, sino que participa en programas televisivos estatales; y lo que Noticias estaría afirmando entonces es que, cuando el kirchnerismo se vaya, Feinmann se irá de la televisión pública: un buen punto de partida para estos defensores de la libertad de prensa y el pluralismo.

Entonces, primer argumento: mi defensa no es política. No integro Carta Abierta, nunca lo hice, nunca lo haré; tengo enormes diferencias –no tanto respecto de cómo caracterizan a la derecha, sino de cómo caracterizan al kirchnerismo: creo que a esta altura del partido deberíamos acordar definitivamente que "peronismo de izquierda o progresista" es un oxímoron. En la polémica entre González y Vicente Palermo, los argumentos honestos y meditados de Palermo me convencieron más que la altisonancia de los de González; en el intercambio de Feinmann con Sarlo, la descalificación que José Pablo hizo de Beatriz me parece digna de la derecha que él mismo cuestiona –digamos que Sarlo, hasta cuando se equivoca, vuela mucho más alto que Feinmann–. Segundo argumento, entonces: mi defensa es contra la acusación velada –porque para evitarse un juicio por calumnias e injurias Noticias pega un par de vueltas: sugiere, titula, pero no afirma– de que los colegas se han vuelto kirchneristas por dinero, porque dependen del Estado.

Y es hora, entonces, de recordar un principio estrictamente liberal, para nada izquierdista: la autonomía universitaria y la de órganos como el Conicet fue inventada exactamente para sustraer del Estado y de los avatares políticos el trabajo intelectual y científico. Los nombres que Noticias disemina, para que sus lectores "comprendan" la dependencia salarial de los intelectuales, son asalariados en tanto que profesores o investigadores: han ganado sus cargos por concurso público de oposición y antecedentes, son sometidos a evaluaciones periódicas regidas por normas transparentes y muy exigentes; y los que son decanos o vicedecanos, lo son por elección democrática de profesores, graduados y alumnos, no por delegación del Poder Ejecutivo. Lo que Noticias no menciona es que los profesores e investigadores que recibimos un salario estatal lo hacemos durante toda nuestra carrera, a lo largo de gobiernos disímiles y contradictorios, y que vamos a seguir haciéndolo cuando gane Carrió, Macri, Solá o Sobisch, porque para echarnos es preciso que nos volvamos malos científicos o que perdamos un concurso; invito a Fontevecchia, por ejemplo, a presentarse a uno. O a Sebreli, o a Aguinis, o a Gregorich, que colaboran en la misma nota para agitar estos repetidos fantasmas.

Lo que Noticias no dice es que los intelectuales no tenemos muchas otras posibilidades de ingresos: damos muchas clases, publicamos libros con mercados reducidos como el nuestro, escribimos en medios por desafío político, pero no por el nivel de la paga –aunque siempre debe haber paga, porque es trabajo–. Y lo que Noticias tampoco dice es que su editorial tiene tan poco respeto por el trabajo intelectual que suele negarse a pagar las colaboraciones. O que en 1998, en la primera etapa de su diario Perfil, dejó a todos los periodistas y colaboradores en la calle luego de tres meses. O que ningún gobierno puede ni podrá echarnos por nuestras opiniones, sino por la calidad y el rigor del trabajo; desafío a que los empresarios periodísticos puedan decir lo mismo.

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