Los intelectuales / Alvaro Abós "Los Kirchner no tienen nada que ver con el progresismo"

No son de centroizquierda, afirma el escritor
Para el escritor Alvaro Abós, el kirchnerismo y el progresismo no tienen nada que ver. "Esto no es centroizquierda: es paleoperonismo con un toque de cesarismo conyugal", señala.

Abós trabajó durante años como asesor de sindicatos y abogado laboralista. Se especializó en conflictos colectivos. Fue amenazado y debió exiliarse. Llegó a Barcelona y, a pesar de ser medio hijo de esa tierra, ya que su madre es catalana, no la pasó bien. "El exilio es una especie de forja", dice. Empezó muy desde abajo en editoriales y diarios, pero avanzó lo suficiente como para darse cuenta, un día, de que el periodismo y la literatura ya no lo abandonarían. Transformó entonces una temprana vocación literaria en profesión.

La ciudad, la violencia y el misterio conviven en sus libros, desde entonces, con su otra temática insoslayable: el análisis político.

Abós participó en dos experiencias de militancia. Ambas culminaron en fracasos, pero no se arrepiente. La primera se remonta a los primeros años 60: la resistencia peronista. La otra fue con la recuperación de la democracia, cuando trabajó, sin éxito, por la entonces llamada renovación peronista.

"El fracaso de estas experiencias, reflejadas en mi trabajo periodístico, no me quitó ilusión ciudadana ni avidez por la política como tema de reflexión, aunque mantuvo viva mi desconfianza ante la política como práctica", reconoce.

Entre los muchos libros de ensayo, ficción e investigación histórica que escribió Abós se cuentan Eichmann en la Argentina , Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires , La baraja trece y Cinco balas para Augusto Vandor .

-Cumplimos veinticinco años de democracia. Las expectativas que traía usted al volver del exilio, en 1983, ¿difieren mucho de las que tiene hoy?

-La decepción, de alguna manera, es natural en la política. Si usted me pregunta si estos 25 años fueron un fracaso, yo puedo responderle quesí, pero que también podríamos haber conseguido menos. También hubo cosas buenas.

-Los intentos de renovación política de los que usted participó, ¿en qué terminaron?

-En los años 60 participé de la resistencia peronista no violenta, que reclamaba recuperar la democracia, distinto de la generación posterior, la de Montoneros, que optó por la vía armada. Buscábamos que se eliminara una anomalía: la proscripción del peronismo, y ese objetivo finalmente se consiguió, en 1973. Que todo aquello terminara en un fracaso no elimina la justicia de esa causa, por la que hombres y mujeres dignos dieron su vida.

-En 1983, se unió al grupo de Chacho Alvarez. ¿Cómo fue esa experiencia?

Unidos , la revista que dirigía Chacho Alvarez, propiciaba un debate sobre la viabilidad del peronismo como fuerza para el cambio. Yo me incorporé como colaborador activo y durante unos años intervine en esos debates que dieron alas a lo que se llamó la renovación peronista. Sostenía que el peronismo había sido un motor para la justicia social, pero que debía encontrar nuevas formulaciones. Lo sigo manteniendo. Lo mismo decía el manifiesto que corredacté y firmé en 1985. Ese documento fue suscripto también por varios intelectuales que hoy participan o apoyan a este gobierno.

-Lo que no es su caso...

-Durante dos años, entre 2003 y 2005, no escribí sobre el Gobierno, pues consideré que debía colaborar, aun con mi silencio, con un gobierno que se había hecho cargo de una situación traumática. Pero a partir de entonces he repetido mi opinión: el kirchnerismo es el viejo peronismo duhaldista, la eterna estructura de los barones del conurbano. Kirchner fue un hijo del dedo duhaldista. Su barniz de centroizquierda fue un travestismo.Kirchner se ha quedado con el Partido Justicialista puro y duro. El kirchnerismo no es lacentroizquierda, es paleoperonismo. Conservó los rasgos del caudillismo peronista: el clientelismo, la cancelación del debate y la democracia interna y la demonización del disidente, a los que agregó otro, propio: el cesarismo conyugal. Considerar que eso era de centroizquierda fue retórica electoral, en 2003, adobada después hasta el paroxismo. En las elecciones de 2007 esa retórica enarboló otra mentira: "Cristina es el cambio". Kirchner, en 2003, había prometido una reforma política para devolver la representatividad perdida a los partidos. Si fuera progresista este gobierno -y me refiero tanto a Néstor como a Cristina Kirchner- no hubiera mandado la reforma a la basura, como sucedió. Aquellos planes incluían la eliminación de la lista sábana, el voto electrónico, las elecciones internas. Temas de los que hoy ni siquiera se habla...

-Tampoco los impulsa la oposición, pero lo que es más preocupante: no los reclama con fuerza la sociedad?

-No hay representatividad política. El radicalismo se desmoronó. La gente se debate entre el desánimo y la desconfianza. Miramos no sin envidia las elecciones primarias en los Estados Unidos para elegir suscandidatos. Pero, acá nomás, lo que hace el Frente Amplio en Uruguay es impresionante: en este momento 2500 delegados discuten las candidaturas. En cambio, entre nosotros, el dedo de Kirchner para poner a Cristina fue humillante. La interna Menem-Cafiero en 1989, mirada desde hoy, fue ejemplar.

-¿Todo tiempo pasado fue mejor?

-Al evocar aquellas luchas de la vieja resistencia peronista, recuerdo cuánto de republicano tenía el peronismo de las catacumbas. Más allá de Perón, la resistencia luchaba por la vigencia del sufragio y del derecho a elegir y ser elegido. Aquello era una especie de protorrepublicanismo social, algo que nunca dejó de palpitar en la raíz del peronismo, a pesar de las deformaciones caudillistas y otros vicios. Cuando la Revolución Libertadora prohibió el peronismo e impidió, a través del decreto 4161, la mera mención del nombre del "tirano", se pensó que ello bastaría para eliminar al peronismo de la faz de la Tierra. Craso error. El peronismo estaba vivo en la sociedad y soportó indemne la desaparición del Estado peronista. Veo al peronismo de hoy como un partido del Estado, sin vitalidad ni conexión real con la sociedad. Sus jerarcas son tornillos del aparato estatal. Dudo mucho de que este peronismo de hoy pueda sobrevivir a un desafío como elque afrontó el peronismo de 1955. Enriquecería al país crear fórmulas políticas nuevas. Y admitir de una vez que los verdaderos desafíos son, por ejemplo, eliminar la miseria -¡ocho niños mueren de hambre cada día!-, modernizar el Estado-dinosaurio, hacer de la educación y la cultura instrumentos de convivencia, transformarnos de adoradores de ídolos fugaces en cumplidores de la ley y cambiar la política, para que deje de ser lucha por el poder y se convierta en representación genuina de los ciudadanos.

-¿Teme una perpetuación kirchnerista al estilo de Chávez o del PRI mexicano?

-El PRI estuvo 80 años en el poder. Era el monstruo inamovible, pero al final se desmoronó. Aquí está claro que hay un proyecto de perpetuación en el poder, mediante la ocupación de espacios del Estado, no sólo en los niveles ejecutivos, sino a través del aparato mediático, con la compra de canales y diarios, y con la manipulación de la Justicia. Por algo reformaron el Consejo de la Magistratura. El proyecto K imaginaba combinaciones con Cristina hasta el infinito. Ahora vamos a ver, porque las sociedades también reaccionan. De todos modos, hay una Argentina que puede hablar, lo que es una conquista. La Argentina no es Venezuela. Aquí hay una sociedad conotros recursos culturales. El problema es que hay tantas voces que muchas veces nadie escucha.

El personaje

lVARO ABOS

Novelista y ensayista

Nació en: Buenos Aires

Edad : 67 años

Exilio : como abogado laboralista, asesoraba a sindicatos. Durante la dictadura militar, de 1977 a 1983, tuvo que buscar refugio en Barcelona.

Periodista : escribió gran cantidad de artículos para importantes medios españoles y argentinos. Colabora regularmente en La Nacion.

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