"La integración no debe ser sólo comercial"

Un exultante Rafael Correa analizó la elección del domingo. Dijo que el pueblo ecuatoriano está más unido tras el proyecto de su gobierno y prometió no claudicar en sus principios. Aprovechó para pedirle a la oposición un trato respetuoso.
El día después de la elección empezó con un pequeño festejo íntimo en el patio interno del palacio presidencial ecuatoriano. Todos los empleados y el personal de seguridad esperaron al presidente reelecto Rafael Correa con globos verdes flúor y las cámaras y los celulares listos para retratar lo que más de uno calificó como un momento histórico. El mandatario, más descansado, tranquilo y con la voz recuperada, dio un pequeño discurso. Agradeció a cada uno de los que trabajan en Carondelet y especialmente a los militares. "Hoy soy su comandante en jefe, pero ayer fui apenas su su-bordinado. Gracias", dijo, ganándose los aplausos de los emocionados soldados, quienes el domingo votaron por primera vez en la historia del país. La emoción de antenoche aún no se disipaba.

"Las revoluciones dependen de la correlación de fuerzas y ayer (por el domingo) nos volvimos mucho más fuertes", celebró ayer por la mañana Correa en una conferencia de prensa ante medios extranjeros. El mandatario hizo un análisis de los resultados y concluyó que fue la mejor victoria que podría haber tenido. "Hay un 25 por ciento que, hagamos lo que hagamos, siempre va a estar en contra de este gobierno, pero también hay un 15 por ciento que votó por la oposición porque no se sintió bien atendida por el gobierno. Trabajaremos para ellos en los próximos cuatro años", aseguró el mandatario. "Las elecciones demostraron que como nunca el pueblo ecuatoriano está unido detrás de este proyecto político. Eso es consenso; la unanimidad es imposible", agregó.

Sentado frente a un pesado escritorio de madera oscura en uno de los salones del primer piso del palacio presidencial, Correa se mostró relajado. Ya había pasado lo más difícil. Con más del 70 por ciento de los votos escrutados, el mandatario se imponía con un 51,7 por ciento, confirmando la victoria en primera vuelta. Según anunció la Corte Nacional Electoral ayer, el ex presidente Lucio Gutiérrez quedó lejos, con el 28 por ciento de los votos. En tercer y cuarto lugar quedaron el magnate bananero Alvaro Noboa, con el 11,61 por ciento, y la hija del ex presidente Jaime Roldós, Martha Roldós, con el 4,51 por ciento.

Con un escenario nacional por demás favorable, Correa se tomó un tiempo para agradecer las llamadas que recibió esa mañana de algunos presidentes de la región, Cristina Fernández (ver recuadro), el boliviano Evo Morales y la chilena Michelle Bachelet, y adelantar sus prioridades para América latina.

–¿Qué proyectos regionales quiere concretar en los próximos cuatro años? –preguntó Página/12.

–Lo fundamental es que ya no podemos seguir hablando de una integración de una forma etérea que nadie sabe bien qué es ni a quién se refiere. Necesitamos acciones concretas. Uno de los grandes errores que se cometieron en los últimos años fue que sólo se buscó una integración económica y, aún peor, basándose en el absurdo de la competencia. Países hermanos competían viendo quién maltrataba más a su fuerza laboral, quién la precarizaba más. Así deterioramos el nivel de vida de nuestros trabajadores para poder vender en el Primer Mundo productos más baratos. Eso no puede ser más. Necesitamos un enfoque de cooperación, complementación entre países hermanos, que no sea meramente comercial. Un Banco del Sur, un Banco de Reservas del Sur y una Unasur con resultados concretos. Necesitamos una nueva infraestructura financiera regional que acabe con los absurdos. América latina exporta capital, financia al Primer Mundo y luego se pone de rodillas para que nos den unos cuantos dólares. Eso no puede durar ni un solo día más.

El mandatario además se mostró dispuesto a entablar una buena relación con Washington. "Estados Unidos es el principal socio comercial de Ecuador y un país al que consideramos amigo. Mantendremos la mejor relación posible, siempre y cuando haya respeto", aseguró. En un tono firme, aseguró que nunca pedirá permiso a un gobierno extranjero para mejorar una relación con otro país o tomar una decisión económica. "Antes los presidentes ecuatorianos iban cada dos por tres a Washington. Mi único viaje oficial a Estados Unidos fue para participar en una reunión de la ONU", dijo, largando una carcajada.

Recuperando la mirada desafiante, aprovechó para pedirle también a la oposición ecuatoriana un trato justo y respetuoso. "Vamos a aceptar un diálogo, pero sin claudicar con los principios por los cuales nos votaron ayer (por el domingo) –y antes de soltar el micrófono agregó–. Eso sí, hay algunas excepciones por cuestiones éticas y morales. ¿Cómo me puedo acercar a los responsables de la tragedia nacional?" La referencia fue nada menos que para los dos principales candidatos opositores, el ex presidente Gutiérrez, derrocado por una revuelta popular y denunciado por varios casos de corrupción, y el empresario y multimillonario Noboa, quien fue acusado de pagar salarios por debajo del mínimo y de evadir impuestos. "Además del conflicto moral que significa sentarme con ellos, ¿cuál es la ideología de Sociedad Patriótica (partido de Gutiérrez) y del Prian (partido de Noboa) para sentarse a negociar? No tienen, sólo buscan defender sus intereses empresariales y a sus caudillos locales", denunció, ahora sí, enojado el presidente ecuatoriano. "Yo prometí no claudicar en mis principios y no lo haré."

La conferencia fue corta. Afuera lo esperaban cerca de 200 personas, entre militantes, simpatizantes, turistas y algunos curiosos, para el cambio de guardia en la Plaza Grande, en el corazón del casco histórico de Quito. Una vez más, Correa salió, sonriente y orgulloso, a agradecer el apoyo de los ecuatorianos.

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