Por la integración de las "dos Cubas".

El énfasis de la política de Obama es la unión de los cubanos de EE.UU. con los de la isla.
La clave de la política de Barack Obama en Cuba es su carácter demográfico, de dimensión transnacional, o para ser más estrictos, transcubana. No es una negociación Estado-Estado que ofrece levantar el embargo vigente desde 1962 -transformado en ley en 1996- a cambio de la transformación democrática del régimen cubano.

Obama presume la continuidad del sistema fundado en 1959, y descarta una crisis catastrófica o un levantamiento interno. Coloca el énfasis en la profundización del vínculo entre las dos comunidades cubanas: los 11.3 millones que viven en la isla y los 1.5 millones de cubano-norteamericanos de EE.UU.; y sostiene que el sello del encuentro se haría bajo el signo de la "reconciliación nacional".

El instrumento principal de integración de las "dos Cubas" es la transformación de las remesas que envían los cubano-norteamericanos (1.000 millones de dólares en 2008) de dádivas unilaterales a fuentes de capitalización de negocios y empresas, que integrarían redes transnacionales de comercialización y producción.

Los cubano-norteamericanos son propietarios de 140.000 empresas, que facturan 50.000 millones de dólares por año; y su nivel de ingreso per cápita (70.000 dólares anuales) y de graduados universitarios (23%) es el doble que en el resto de la comunidad hispana. El poderío de la diáspora cubana la ubica en la élite de la sociedad estadounidense.

Las reformas realizadas por Raúl Castro establecieron un sistema de incentivos que permite crear el espacio para que esos cambios sean posibles: impulsan un mayor contacto entre los cubanos y el exterior (libre acceso a playas y compra de celulares); eliminan los topes salariales y establecen bonos por desempeño; alquilan a agentes privados -cubanos y extranjeros- las tierras inactivas; e impulsan la producción de etanol (caña de azúcar) con participación de empresas extranjeras (Brasil).

Raúl Castro caracteriza a la economía cubana (Discurso de Camaguey, 26/07/2007) como una estructura que experimenta una crisis sistémica, fundada en su nula productividad, con salarios desvinculados de los resultados y de la calificación de la fuerza de trabajo. Por ello proliferan "las conductas antisociales y la indisciplina social".

La economía nacionalizada que creó Fidel Castro tuvo vigencia a través del subsidio soviético (96.000 millones de dólares en 32 años). El sistema entró en colapso en 1991 por la implosión de la Unión Soviética. El régimen se mantuvo por el carisma de Fidel Castro y la legitimidad raigal del proceso revolucionario.

El sistema actual es un gigantesco mercado negro, que vincula la economía en colapso previa a 1991 con las nuevas realidades transnacionales (remesas, dolarización, IED). En él se transan bienes del Estado por dólares y servicios. No hay salarios, pero tampoco empleos, en el sentido económico del término. La legitimidad del régimen se funda en la revolución social que realizó entre 1959 y 1964. Los balseros, que arriesgan su vida para fugar a EE.UU., no son antifidelistas.

No hay en Cuba un sector socio-económico capaz de fundar la apertura. Es una diferencia fundamental con China y Vietnam; en ambos, el colapso del sistema se revirtió a través de la liberación de la capacidad productiva del agro y el campesinado, que en Cuba no existen.

La apertura de la economía cubana, con su actual organización, implicaría legalizar el mercado negro, sin cambios de fondo ni reversión de su tendencia depresiva, propia de su nula productividad. Por eso el cambio es "desde arriba" y muy lento, hasta que no cambien las condiciones económicas y sociales.

Comentá la nota