El INTA, contra el dengue y el Chagas

Los científicos desarrollaron bioinsecticidas que matan las larvas de los mosquitos y las vinchucas que los transmiten
Debe haber varias formas de presentarles combate al dengue y al Chagas, dos enfermedades particularmente difíciles de prevenir y que hacen estragos, en especial, entre la población más vulnerable del país. Hoy, los investigadores del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola (Imyza), del INTA, están en condiciones de ofrecer otra. Es novedosa, efectiva y, además, tiene la ventaja de ser inocua para los seres humanos: los bioinsecticidas, creados sobre la base de microorganismos patógenos para los insectos que los transmiten, el mosquito Aedes aegypti y la vinchuca.

"Nosotros trabajamos en varios insumos microbiológicos -cuenta Roberto Lecuona, investigador del Conicet y director del Imyza-: biofertilizantes, biofungicidas y, en este caso, bioinsecticidas. Algunos son desarrollados sobre la base de bacterias entomopatógenas, como es el caso para el mosquito del dengue. Otros, sobre la base de hongos entomopatógenos, como ocurre con la vinchuca. ¿Qué hacen estos microorganismos? Provocan una enfermedad en el insecto y éste termina muriéndose. Y esas enfermedades son específicas de los insectos, no afectan al ser humano. Esto sería el control microbiano, que es una rama del control biológico."

El concepto de control microbiano nació hace más de un siglo, cuando Pasteur, llamado a resolver los problemas de la industria de la seda en el sur de Francia, apuntó su microscopio a los gusanos que la producían y pudo ver que estaban infestados por un parásito.

"Pasteur logró salvar a los gusanos de seda -explica Lecuona-. Entonces, dijo: «Bueno, si los insectos tienen enfermedades, usémoslas para controlar a los insectos malos»."

Hace alrededor de una década, los científicos comenzaron a trabajar en bioinsecticidas contra diferentes plagas, como la larva del mosquito que transmite el dengue, la vinchuca, la mosca doméstica y la garrapata.

Para combatir el Aedes aegypti , los investigadores optaron por procesar una bacteria entomopatógena como la que se utiliza en algunos bioinsecticidas extranjeros.

Para obtener un producto más económico, los investigadores trabajan en todo momento con materias primas locales.

"Para nosotros, como investigadores, es difícil establecer un costo, sólo podemos calcular el de las materias primas -agrega Graciela Benintende, que dirige este proyecto-. Estimamos que será alrededor de cinco o seis dólares el litro. Obviamente hay otro tipo de costos que no manejamos." Los bioinsecticidas importados rondan los 180 pesos el litro.

Para exterminar a las larvas de Aedes Egypti decidieron aislar y hacer la caracterización bioquímica, toxicológica y molecular del Bacillus thuringiensis israelensis . A partir de allí lograron dos formulaciones experimentales con una eficacia superior al 96% a los 30 días del ensayo. Una de ellas mantuvo esa mortalidad al cabo de 44 días.

"El larvicida se utiliza diluyéndolo y esparciéndolo en el área que se desee tratar -dice Benintende-. La bacteria es muy tóxica para las larvas, pero totalmente inocua para los seres humanos. Inclusive hemos hecho análisis y el producto está perfectamente apto para aplicar en agua potable, porque garantizamos que los «inertes» que le agregamos sean de grado alimenticio, como para que puedan ser ingeridos."

La bacteria destruye las larvas produciendo unos cristales formados por proteínas que, cuando son ingeridos, les paralizan el tracto digestivo.

En el caso de las vinchucas, el arma mortífera no es una bacteria, sino un hongo que tiene un modus operandi diferente.

"Existen más de 700 especies de hongos entomopatógenos -dice Lecuona-, pero las más utilizadas mundialmente para el desarrollo de insecticidas biológicos son dos. Sus esporas sexuales, al ponerse en contacto con el tegumento [o membrana] del insecto, se adhieren, germinan y penetran en su interior. Allí invaden todo el cuerpo y lo transforman en una «momia». Estas especies no germinan a más de 34 o 35 grados centígrados, de modo que no viven sobre la piel ni atacan al ser humano".

Dado que estos productos se emplean en las zonas aledañas a los hogares y para salud pública, los productos y el laboratorio que los desarrolla deben estar registrados por la Anmat. Actualmente, tanto el bioinsecticida contra las larvas del mosquito del dengue como el que controla la vinchuca se encuentran en esa etapa. Para los dos últimos ya existe un convenio de investigación, desarrollo y transferencia con Laboratorios Biagro SA. El Imyza también desarrolló formulaciones líquidas y granuladas para la mosca doméstica, para hormigas y para la garrapata.

Según los investigadores, otra de las ventajas que ofrecen estos desarrollos es que están perfectamente adaptados a las especies difundidas en el país. "Hay determinados hongos, bacterias o virus que son específicos -dice Lecuona-. Las que utilizamos nosotros son todas cepas nativas, porque las que funcionan bien para nuestra especie no necesariamente tienen que hacerlo para las que prosperan en otro país."

Cuando se le consulta si estima que estos productos pueden realmente resultar una ayuda efectiva contra el dengue y el Chagas, Lecuona no lo duda: "Y... si no existe el vector, no se transmite la enfermedad -dice-. Muerto el perro, se acabó la rabia".

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