Insulza va hoy a Tegucigalpa

Insulza anunció que le dirá al dictador Micheletti que su tiempo se acabó, pero éste no acusa recibo de la presión. Ayer, el fiscal general formalizó cargo en contra de Zelaya. Siguen los arrestos.
Tras acorralar a la dictadura hondureña con un ultimátum para abandonar el poder que vence mañana, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, anunció que hoy volará a Tegucigalpa para decirle al dictador Roberto Micheletti que su tiempo se acabó. "En las próximas horas llega Insulza, pero él no va a negociar. Por orden de los presidentes de América, él va a informarle a Micheletti que su tiempo se ha terminado y que el mundo entero está condenando el golpe, por lo que deben someterse a la voluntad popular y dejar de sostenerse a través de las armas", señaló ayer el legítimo mandatario de Honduras, Manuel Zelaya, desde Panamá. Zelaya desmintió así los rumores que indicaban que el diplomático chileno acudía al país centroamericano para escuchar la versión de los hechos de las autoridades de facto y alertó sobre un retorno a los golpes de Estado en América latina. "Sería un retroceso fatídico para la región que los ejércitos comiencen a ser utilizados nuevamente por los poderes fácticos para gobernar y que la gente, de ese modo, vuelva a tener miedo de sus fuerzas armadas", advirtió el mandatario.

Sin embargo, lejos de generar cualquier clase de flexibilización al interior de Honduras, las advertencias de la comunidad internacional parecieron ayer no producir efecto alguno en los golpistas. A primera hora de la mañana, la ofensiva legal contra Zelaya terminó de tomar forma y la fiscalía acusó formalmente al mandatario de traición a la patria, abuso de autoridad, usurpación de funciones y delitos contra la forma de gobierno. Según precisó el fiscal general adjunto del Ministerio Público, Roy Urtecho, los cuatro cargos están relacionados con el intento de consulta electoral, e Interpol ya recibió un pedido de captura para detener al presidente legítimo, sin confirmar si el cuerpo de policía internacional había dado curso o no a la solicitud. Por la tarde, la opción por el aislamiento terminó de confirmarse. "Si la comunidad internacional considera que hemos cometido delitos, algún error, que nos condene y se acabó", desafío el dictador Micheletti. La Argentina se sumó a la condena, ordenando la suspensión de la cooperación militar con el país centroamericano.

Pero si de condenar se trata, la dictadura centroamericana buscó ayer acortar los pasos para detener a los ciudadanos hondureños y, de un plumazo, anunció la suspensión de todas las garantías constitucionales.

La medida, tomada en momentos en que miles de hondureños desafían día a día el estado de sitio y se lanzan a las calles para repudiar al régimen y reclamar la vuelta de Manuel Zelaya, facilitó aún más las cosas para llevar a cabo detenciones arbitrarias, por lo que ante esta eventualidad el jefe de gabinete del gobierno depuesto, Enrique Flores Lanza, pidió y obtuvo asilo en la embajada argentina en ese país.

En ese marco, ayer, más de 20 mil personas marcharon por las calles del centro de Tegucigalpa desde el Obelisco ubicado cerca de la sede del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas hasta la delegación local de la ONU en defensa de la democracia y por la vuelta del presidente legítimo. Y, según le contó a este diario vía telefónica el dirigente sindical de la Confederación Unitaria de Trabajadores, Israel Salinar, que participó en las manifestaciones, las fuerzas del orden no tardaron en reprimir de acuerdo con las nuevas posibilidades. "Están deteniendo a muchos compañeros aquí en la capital. Nos lanzan gases lacrimógenos y nos golpean a bastonazos, hoy hubo más de 70 heridos. Te suben a un camión de la policía y te detienen por 24 horas, así como así", afirmó. Pero de acuerdo con Salinar, la situación es aún peor en el interior, desde donde cientos de campesinos e indígenas intentan a diario llegar a la capital en micros para copar las calles, pero se encuentran con las balas de los militares. "Están disparando a los buses. En general, les ametrallan los neumáticos para dejarlos varados. Todavía no tenemos informes de muertes, pero no se sabe, los medios no dicen absolutamente nada", denunció.

A algunos cientos de kilómetros de allí, en el noroeste del país, el ambiente fue otro. Las calles del centro de San Pedro Sula, segunda ciudad del país e importante centro industrial, vieron desfilar a unas cinco mil personas que protestaron contra el apoyo internacional a Zelaya y vivaron al dictador Micheletti, bajo la consigna de la defensa a la legalidad y el respeto a las instituciones.

Pero, más allá de los intentos del régimen de facto de legitimarse, las acciones en su contra desde el frente externo no ceden. Ayer, según anunció Beatriz Valle, vicecanciller del gobierno legítimo, Micheletti se quedó sin dos de sus voceros. "El presidente Zelaya destituyó a los embajadores en Washington y en Bruselas. Resulta que estos señores andaban diciendo por ahí que en Honduras no hubo ningún golpe", explicó la funcionaria. A su vez, la vecina Costa Rica endureció su postura y anunció que evalúa romper relaciones diplomáticas con Honduras hasta tanto no se restituya en su cargo a Zelaya.

"Pinocheletti, andate de Honduras", podía leerse ayer según testigos en las paredes del barrio que rodea la Casa de Gobierno, trazando de esta manera el paralelo entre el legislador devenido en dictador, Roberto Micheletti, y su difunto colega chileno, Augusto Pinochet.

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