La inseguridad sigue esperando: la elección no

Por Fernando Gonzalez

La Argentina se va convirtiendo, cada vez más, en un país fragmentado. Y la fragmentación no es sólo social, que es la peor de sus divisiones. También las políticas de Estado se van fragmentando irremediablemente, gobierno tras gobierno, crisis tras crisis.

La fotografía de ayer mostraba al kirchnerismo movilizado, consiguiendo sentar a todos sus diputados y sumando todos los votos necesarios para avanzar rápido y darle media sanción a la penúltima obsesión de Néstor Kirchner: la elección anticipada del 28 de junio. La misma foto mostraba a la Presidenta en La Plata, rodeada de ministros y gobernadores, todos preocupados por un proyecto de ley de radiodifusión que transmite mucho más la urgencia por presionar a los medios de comunicación en este tembladeral político que el propósito necesario de darle un marco moderno y equilibrado a la industria mediática.

Un poco más cerca del Congreso que del teatro platense donde hablaba Cristina, se congregaban ayer unos miles de personas en la Plaza de Mayo pidiendo seguridad, uno de los grandes déficits de la gestión K.

Pero el flagelo de la inseguridad, el que ataca por igual a los más ricos y a los más pobres, no tiene respuestas urgentes por parte del Estado. No es una prioridad en la Casa Rosada ni en varias gobernaciones provinciales. Hay lentitud en la Justicia y poco involucramiento del Parlamento a la hora de promover leyes eficaces contra el delito. La marginalidad y la falta de contención social sólo agigantan la emergencia.

La inseguridad, la salud y la pobreza extrema están condenadas a esperar tiempos mejores. El Gobierno se reserva la velocidad de reflejos políticos para objetivos como el de la supervivencia electoral.

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