Con la inseguridad, poco y nada

Por: Ricardo Roa

Por si hiciera falta, la realidad de cada día se ocupa de corroborar que el declaracionero sobre la inseguridad carga responsabilidades en los otros y pocas veces en el opinante. Pero es obvio que sirve sólo para eso. No resuelve nada.

Ayer le tocó a un policía bonaerense, Miguel Martínez, acribillado dentro del patrullero en el que iba a una casa que estaban robando. Es el cuarto asesinado en menos de un mes.

Dos delitos, uno más grave que el otro, en un mismo momento. Tres delincuentes habían entrado a la vivienda de una familia boliviana en La Plata. Uno de los hijos alcanzó a llamar al 911. Los ladrones lograron eludir a un patrullero pero se encontraron con el de Martínez que había caído en un zanjón: allí mismo lo ejecutaron.

Hasta acá, la noticia. Después, las declaraciones. El jefe de la seguridad provincial dijo que no se trata exclusivamente de un problema policial. No dijo de qué más se trata. Pero todos sabemos que detrás de la imparable espiral de violencia están la marginalidad, la desigualdad y la droga.

Se sabe también que el problema es qué se hace en el entretanto. Y la gente percibe que se hace poco o nada. Porque el delito crece y nadie está a salvo. Pero no sólo por eso: la Presidenta habló sobre la inseguridad después de 98 discursos sin siquiera tocar el tema. Y después de que Susana y otras figuras populares instalaran la polémica sobre la pena de muerte.

Cristina Kirchner cargó sobre los jueces y Néstor, sobre los funcionarios. Como si la inseguridad no fuese, hace tiempo, mucho tiempo, una cuestión de Estado. Es un exceso poner el problema sólo en el Gobierno. Pero no lo es decir que lo involucra más que a nadie.

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