Inquietud empresaria por el caso Edesur

El Gobierno no le dejó repartir dividendos
Una de las tantas cámaras empresariales que acaba de rechazar las nacionalizaciones del presidente Hugo Chávez evaluaba anoche, en absoluta reserva, emitir un comunicado contra lo que considera un nuevo hostigamiento del Gobierno al sector privado: la prohibición de reparto de dividendos en Edesur. Sólo la frenaba el silencioso titubeo de la distribuidora eléctrica. "Si Edesur no se queja, ¿por qué voy a poner la cabeza yo?", dijo a LA NACION su presidente.

Inquietudes similares sobrevolaron las conversaciones de dos encuentros de hombres de negocios: por la tarde, en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que conduce Luis Pagani, y por la mañana, en la Unión Industrial Argentina (UIA), en la visita de los candidatos del PJ disidente Francisco de Narváez y Felipe Solá a la sede de la entidad fabril.

"Es una mancha más para el tigre", resumió después un directivo de la UIA. Los empresarios argentinos han perdido ya la capacidad de sorpresa. La imaginación vuela y sospechan de cualquier gesto que haga el Gobierno. "Todo puede ser -se explayaron en una automotriz-. Edesur está en la mira hace tiempo. Pero ya todos estamos en la línea de fuego."

El desconcierto surge, en realidad, desde cuestiones tan básicas como no saber quién es el interlocutor válido y a quién creerle en el Gobierno. Lo primero que hizo el lunes José María Hidalgo, gerente general de Edesur, apenas recibió la carta en que el Ente Nacional Regulador de Electricidad (ENRE) lo obligaba a suspender la distribución de dividendos, fue llamar al secretario de Energía, Daniel Cameron. Pero existe aquí una situación anómala desde hace por lo menos tres años: Cameron no decide absolutamente nada y el sector energético está en manos de funcionarios como Guillermo Moreno o Roberto Baratta, dos extraños al mundo de la ingeniería. A punto de abordar un vuelo desde Río Gallegos a Buenos Aires, Cameron se enteró en el acto de la llamada, pero se excusó en que la inminencia del despegue le impedía hablar.

El español intentó en las últimas horas contactarse con todo el mundo, pero recibió la primera explicación oficial ayer por Radio 10 y la agencia oficial de noticias Télam, los canales que el ministro de Planificación, Julio De Vido, elegió para decir: "No existe ninguna intrusión del Estado en Edesur. Hemos impedido que se distribuyan las ganancias porque está en contra de lo que dicen los pliegos de licitación y el contrato, hasta que no esté aclarado que la empresa haya hecho las inversiones que corresponden y tengan los planes de inversión aprobados por el ENRE".

El argumento no coincidía en nada con la versión que, desde el propio ente, recibían ayer todos los ejecutivos del sector eléctrico que, temerosos, intentaron informarse un poco: que se había tratado de una jugada inconsulta del presidente del ENRE, Mario de Casas. El mensajero de estos conceptos fue el vicepresidente del organismo, Luis Miguel Barletta, que manifestó acaso más de lo que se le pedía: una interna en el ente. De Casas, un mendocino con ínfulas propias, habría actuado en soledad desde su tierra natal, aprovechando la visita de los hombres de De Vido por Santa Cruz, y puso así al Gobierno en apuros, transmitió Barletta. La versión no es creíble en la Argentina kirchnerista, pero logró convencer a unos cuantos ejecutivos. "De Casas lo hizo por prevención", resumieron en una generadora.

Tantas versiones encontradas, y la energía nacional en manos de un economista y un licenciado en Comercio Exterior abonaron una tercera interpretación entre los empresarios: De Casas o el Gobierno o quien haya sido confundieron la cláusula 7.4 del acta acuerdo del contrato de Edesur con la 7.4 del acta de Edenor, que sí incluye una obligación sobre el reparto de ganancias: "El concesionario se compromete a no efectuar pagos de dividendos sin la autorización previa del ENRE", dice. El documento firmado con Edesur es, en cambio, menos exigente: le da al organismo 60 días para objetar el plan de inversiones antes del reparto. Pero pasaron ya 100 días desde que Edesur lo presentó.

Pelear contra muchos

Edesur está controlada en un 56,35% por Distrilec, sociedad a su vez participada por la española Endesa en un 51,50% y la brasileña Petrobras en 48,50%. El restante paquete está en poder de dos firmas de Endesa (Enersis y Chilectra) y una mínima parte la tienen los trabajadores. La italiana ENEL, uno de los grupos eléctricos más importantes del mundo, acaba de comprar el control de Endesa. Las inversiones se expanden por España, Africa, Colombia, Brasil, Perú y la Argentina. Así, para el Gobierno, pelearse con Edesur no es sólo pelearse con Hidalgo.

De ahí que las razones del entuerto no estén todavía claras para nadie. Ni siquiera la hipótesis electoral: las empresas argentinas han repartido ya dividendos por $ 6431 millones en efectivo y 213 millones en acciones. Tampoco corre peligro el abastecimiento eléctrico, como argumentó el ENRE, porque la demanda se desploma desde hace un año. No por nada, el cauteloso Marcelo Mindlin, dueño de Pampa Energía, ha empezado a buscarles compradores a turbinas del tipo aeroderivadas de generación que había adquirido para el plan Energía Plus. Las fábricas prefieren comprarles la electricidad directamente a las distribuidoras por razones más que atendibles: no falta suministro y cuesta la mitad.

De Vido criticó al periodismo

* El ministro Julio De Vido criticó ayer al periodismo por la cobertura que le dio al caso Edesur. "Estas compañías, en muchos casos, son auspiciantes de algunos programas, de algunos comunicadores, y algunos estaban más nerviosos que otros. Nosotros estamos tranquilos", dijo

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