Inquietantes niveles de mala praxis

Por Carlos Pagni

Cuando los historiadores reconstruyan, de aquí a unas décadas, el ciclo que se abrió con la crisis de 2001, se encontrarán ante dos cuestiones ineludibles: la demanda de la sociedad argentina para que la política recupere calidad y la necesidad de volver a conectar la economía con las redes de financiamiento internacional. Regenerar la esfera pública y ligar al país con el mercado global serían los desafíos insoslayables de cualquier gobierno al que le tocara operar en ese marco histórico.

A la luz de esa agenda, la tormenta que desató el oficialismo cuando resolvió liquidar deudas corrientes con reservas del Banco Central sintetiza un pésimo balance. Por un lado, la Presidenta quedó atrapada en un conflicto institucional que la enfrentó a los otros dos poderes del Estado. Por otro, los tribunales de Nueva York embargaron a un país que, al cabo de nueve años, no consiguió salir del default. Si se midiera su desempeño con la de aquellos dos imperativos de época, habría que suponer que el paso de los Kirchner por el poder será evaluado, cuando la historia emita su dictamen, como un lamentable fracaso.

Si, vista en cámara lenta, la peripecia nacional no resulta estimulante, el día a día también ofrece frustraciones. Ayer se conoció otra: la gestión de Amado Boudou quedó, si se la mira con optimismo, muy averiada. El ministro que prometía, aprovechándose de la superficial voracidad de los traders financieros, "el regreso a los mercados", explicó ayer la resolución del juez Thomas Griesa con argumentos que convirtieron a Guillermo Moreno en un ortodoxo. Para él lo que ocurrió es que un embargador serial (Thomas Griesa), combinado con un funcionario infiltrado por los fondos buitre en el Gobierno y popular (Martín Redrado), se sumó al complot que el vicepresidente, la oposición parlamentaria, la jueza María José Sarmiento y los medios de comunicación montaron para arruinar su obra: el canje de deuda con los holdouts .

La Presidenta exageró la versión del ministro. En vez de chocar contra un sistema de reglas, locales e internacionales, ella cree estar topándose con una conspiración. Un expediente sencillo para no poner en discusión los inquietantes niveles de mala praxis que ha exhibido su administración en las últimas semanas. Cristina Kirchner acusó a Julio Cobos de pretender una salida anticipada de su gobierno, y a la Justicia de realizar fallos a pedido del paladar opositor -es decir, a la Oyarbide, pero al revés-. También despotricó contra la prensa.

Los mismos datos podrían organizarse mejor de otra manera. Griesa está lejos de ser implacable con la Argentina. Cuando Néstor Kirchner pagó al FMI con reservas, el juez también declaró un embargo. Pero el Gobierno alegó que aquel desembolso estaba respaldado por una ley, no menoscababa la autonomía del Banco Central y saldaba un compromiso de ese banco -no del Tesoro- con un organismo multilateral -no con acreedores comerciales-. Griesa levantó el embargo.

La política de la señora de Kirchner fue distinta. Ella, que se había prometido no emitir decretos de necesidad y urgencia (DNU), firmó uno para pagar deudas del Tesoro con reservas del Banco Central, y otro para expulsar al titular de la entidad, que había cuestionado la legalidad de la medida.

Advertencia

Un dictamen elaborado, a pedido del Banco Central, por el estudio Sullivan & Cromwell de Nueva York, alertó sobre los riesgos que enfrentaba la Casa Rosada. Los tenedores de títulos impagos, que litigan en lo de Griesa, son acreedores del Tesoro y, por lo tanto, exigirían al magistrado que asegure su derecho a cobrar. Ayer pasó lo que tenía que pasar. Esos holdouts , que reclaman en la Justicia desde 2001, consiguieron un fallo en su favor ante el intento del Gobierno de saldar otras deudas con esos recursos. Ellos están, además, fortalecidos: sus principales animadores -Robert Shapiro, Nancy Sodeberg?pertenecen al corazón del Partido Demócrata. ¿Será por eso que vino Arturo Valenzuela a denunciar inseguridad jurídica? Néctar para conspirólogos.

La consecuencia más inmediata del embargo es política: Redrado consiguió un aval contante y sonante para su posición. Ahora, cuando alardee de que "con mis convicciones defiendo los intereses de los argentinos", podría completar con un "quienes me echaron permitieron que los fondos buitre se queden con nuestra plata". Inesperado cambio de roles con Néstor Kirchner, que complicará la línea argumental del oficialismo, sobre todo en el Congreso.

El fallo de Griesa puede reverberar también sobre la Justicia local. El riesgo de que, si se convalidan los DNU, aumente el drenaje de reservas hacia los holdouts que litigan en tribunales, dejó de ser hipotético para volverse real. Los jueces que deben evaluar esos decretos ya no estarán fallando sobre lo que puede ocurrir, sino sobre lo que, tal vez, siga ocurriendo.

Pero los efectos más inquietantes del pronunciamiento de Griesa se harán sentir sobre la economía. Es posible que, a partir de este embargo, el canje que Boudou negociaba con los holdouts deba ser postergado o, peor, suspendido.

En principio, quienes tienen papeles defaulteados de la Argentina se estarán preguntando, desde ayer, si no será mejor apostar a las decisiones de Griesa en vez de seguir esperando las de Kirchner. Sin embargo, la consecuencia más negativa de lo que se dispuso en Nueva York es que quienes pensaban participar del acuerdo comenzarán a temer que la Justicia embargue también los nuevos bonos que entregue el Gobierno. Los expertos no encontraban ayer una vía que permita consumar esa reestructuración fuera de la jurisdicción de Griesa. El precio de los papeles argentinos, del que se ufanó ayer el ministro, se venía sosteniendo porque los financistas confiaban en ese arreglo.

Si, por obra del nuevo embargo, Boudou no pudiera concretar su augurado retorno a los mercados, los Kirchner deberían replantear su estrategia hacia 2011. El canje iba a ser la antesala para la colocación de nuevos títulos entre los bancos de inversión. Si se postergara demasiado, aparecerían dificultades delicadas para financiar el extraordinario gasto público. La complicación fiscal podría estar acompañada, según los expertos que anoche reformulaban sus escenarios para 2010, por una incipiente salida de capitales. La tasa podría subir un poco y la economía crecer menos de lo previsto. Ya se sabe qué significan estas noticias para un gobierno que, perforado en su popularidad, sólo consigue disciplina política entregando dinero.

Designio inmediato

El fallo de Griesa cobija un designio menos visible, pero más inmediato. Incrementó la preocupación con la que el kirchnerismo contempla las acrobacias políticas de sus jefes. Ayer por la mañana, varios funcionarios que trabajan en las entrañas del poder evaluaron la conveniencia de iniciar conversaciones con la oposición, sobre todo con el radicalismo, para aplacar las turbulencias. Cobos, a quien la Presidenta casi -o sin casi?acusó de golpista, y el jefe de los senadores de la UCR, Gerardo Morales, enviaron a la Casa Rosada señales de buena predisposición. Funcionarios agresivos, como Aníbal Fernández o Florencio Randazzo, las evaluaron con interés.

Pero los Kirchner rechazaron cualquier intento de diálogo. "No hay nada que acordar, sigamos en la Justicia" mandaron a decir, a través de Carlos Zannini, ni bien se les acercó la rama de olivo. Es una estrategia débil por una razón sencilla: en lo más íntimo del poder, son cada vez menos los que consiguen entenderla.

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