Que la inocencia nos valga

El resultado de las negociaciones entre el Colegio de Abogados y el Gobierno pondrá en evidencia si alguno de ellos mintió y si las motivaciones tienen propósitos sanos.
El acercamiento extraoficial de funcionarios del Gobierno y directivos del Colegio de Abogados no debería extrañar, menos en tiempos de crisis, que siempre exigen a los que tienen responsabilidades de conducción en los distintos niveles públicos un mínimo de cordura para evitar enfrentamientos estériles, apostando al diálogo. Claro que esas intenciones también pueden no ser tan nobles como se necesitan, sino, más bien, excelentes excusas para cerrar negociaciones imposibles, o probablemente prohibidas. Mal que le pese a la dirigencia política, en la sociedad, antes que miradas de confianza se manejan “lupas de sospechas” sobre los gestos. En ese marco, para todo paso que se da y para toda medida que se ejecuta desde los ámbitos del poder hay una pregunta ineludible -que pasa por capciosa-: ¿a quién o a quiénes beneficia? La creencia popular es que la respuesta revela quiénes son los amigos del poder bendecidos, no los beneficiarios de propósitos bien intencionados.

¿Vale usar utilizar esa lupa de sospechas para dudar sobre las verdaderas motivaciones de las tratativas entre los abogados y los funcionarios del Ejecutivo? Antes de responder de lleno en forma afirmativa cabe frenarse, exponer y analizar algunos detalles para aproximarse a una respuesta, de mínimo, ajustada a la realidad. 1)- la reforma de la Constitución en 2006 enfrentó al PE con el Colegio de Abogados por el sistema de selección y designación de jueces. La preeminencia del sector político en la integración del Consejo Asesor de la Magistratura alteró a los letrados, que acudieron a la Justicia con suerte favorable. ¿No querían que la estructura política elija a los jueces o aspiraban a resucitar el viejo CAM, aquel del que formaban parte y donde tenían más injerencia en las definiciones? Preguntar se puede preguntar. En los últimos días, desde el Ejecutivo se deslizó la posibilidad de que la entidad profesional nomine algunos candidatos a jueces y que había acuerdo sobre una nueva ley de cobertura de vacantes en el Poder Judicial. ¿Efecto? Malestar de los abogados, pero finalmente mañana habrá diálogo oficial. ¿Qué pasó? Bien se podría aplicar la lupa de la sospecha para determinar si algo sucede en la trastienda.

2)- La forma en que se divulgó el inicio “secreto” de las tratativas entre las partes incomodó a los que apostaron sus fichas a la integridad del Colegio de Abogados en su lucha contra el Gobierno: por boca del propio gobernador, José Alperovich. Con la movida, el mandatario, primero, dejó en off side a los letrados y, segundo, tuvo la inocultable intención de mostrarse en la escena como “el bueno” de la película, como el que no reniega de acercarse al enemigo y ser magnánimo en la disputa. En este punto cabe rescatar una frase del 29 de enero de Antonio Bustamante, el ex presidente de la entidad: “en mi gestión, el Colegio siempre mantuvo las puertas abiertas al diálogo; las que se cerraron fueron las del Gobierno, que consideró que nuestras denuncias en la Justicia eran un ataque a sus atribuciones”. La jugada de Alperovich tuvo otro motivo puertas afuera de Tucumán -como se escribió la semana pasada-; la de señalar que él no es lo mismo que Kirchner. Que mientras el ex presidente -definido con picardía por Martín Lousteau como el “peor ex presidente de la democracia”- se muestra confrontativo y generador de conflictos inútiles; él puede ser todo lo contrario: aperturista, dialoguista y, sobre todo, generoso. Metiendo la mano en la lupa.

3)- ¿Los abogados fueron ingenuos? La pregunta viene al caso después de la publicidad que les hizo Alperovich a las reuniones que supuestamente venían siendo reservadas y personales entre Mario Koltan y Eudoro Aráoz. Si recurrimos a la lupita las preguntas caen de maduras: ¿les tendieron una trampa a los abogados?, ¿los citaron a tomar café para hablar de bueyes perdidos y en la charla salió de los ceniceros el tema de las vacantes en la Justicia y eso fue suficiente para que el Gobierno dijera que “estaban consensuando”? En suma, ¿hay ingenuos o hay astutos en esta historia? Lo real es que la imagen de los abogados perdió puntos después de la revelación -¿mal?- intencionada del titular del Poder Ejecutivo. Se recuperaron un poco luego, al sostener institucionalmente que no habían negociado nada con el PE. De cualquier forma, con la movida aparecieron detrás de los pasos del Gobierno, casi obligados a aclarar algo que no tenía que haber sucedido: convenir sin respaldo institucional. Si venían reclamando diálogo público y formal -tal como lo planteó Bustamante-, ¿jamás sospecharon que los encuentros “casuales” podían ser usados de excusa por el poder político para desgastarlos frente a la sociedad? La situación da para hacer múltiples lecturas, y para todos los gustos.

4)- En este conflicto, que tiene al Poder Judicial de rehén a causa de los problemas de servicio por la cantidad de despachos vacíos, alguien debía dar el primer paso para encauzar las relaciones. Es lo usual para que una negociación se encamine. Pero, en política, hay que medir los pasos porque lo que se pone en juego en un año electoral, antes que todo, es la imagen. Alperovich no quiso aparecer dando el primer paso, temeroso de que se interprete su actitud como un gesto de debilidad, una imagen de la que reniega todo poderoso. Mandó emisarios, se los aceptaron y cuando creyó que era el momento oportuno les jugó una encerrona a los abogados. Ahora las partes están negociando, tal como le gusta: él desde la casilla del medio. Ahora bien, no hay que descartar que los letrados -por lo menos Aráoz- hayan actuado conscientemente, sabiendo que a la larga podrían estar, otra vez, nominando jueces; algo no despreciable. Si una de las partes cedió, entonces -usemos la lupita- en qué quedaron las denuncias cruzadas; aquella de Alperovich sobre que había estudios de abogados ligados a algunos magistrados que los favorecían en sus pleitos. ¿Eso no fue así o ya no será así? Los letrados, por su lado, apuntaron que los políticos buscaban impunidad designando a sus amigos en los tribunales. ¿Eso no fue así o ya no será así? Hasta ahora ninguna de las partes se retractó. O sea que siguen en pie las acusaciones. Y seguirán si es que los gestos revelan que sólo interesa designar jueces por necesidades particulares o sectoriales. Total, una vez conseguido el objetivo -de la forma y con las excusas que sea-, ¿quién se acuerda de las palabras? Todo esto lleva a una reflexión: lo importante no pasa a ser que se imponga el mejor sistema de selección y designación de las personas que administrarán justicia, sino que los que lo diseñen tengan propósitos sanos y estén despojados de la necesidad de colocar familiares -como si fuese una agencia laboral- o de instalar a los amigos que en el futuro les puedan sacar las castañas del fuego -como si la Justicia fuese una agencia de impunidad-. Esperemos que no, que no tengamos que usar aquella lupa.

5)- Alperovich dijo que con los abogados se consensuó que la Corte, el colegio profesional y el PE propongan ternas de candidatos para que de los nueve, el Gobierno elija uno. Los abogados, irritados, negaron todo tipo de pacto. Entrampados, así quedaron los dos sectores, porque de acuerdo a cómo finalicen las negociaciones se develará quién mintió. Y los involucrados no son personajes menores. Así que habrá que seguir las tratativas que comenzarán mañana y esperar el final. Un punto intermedio les permitiría salvar las ropas.

6)- ¿Y si no hay arreglo? Si bien los perjudicados serán los que esperan y esperarán que la Justicia sea rápida -atendiendo a que las vacantes se multiplican-, los involucrados en las negociaciones tratarán de sacar alguna ventaja. “Hicimos lo posible”, dirán desde el Gobierno; “la propuesta es anticonstitucional”, dirán los abogados. Tal vez las frases sean otras, pero los afectados serán los marginados de la discusión. A Alperovich le preocupa ser la figura del consenso en un tiempo que, precisamente, exige eso a la clase política. “Parecer” es más importante en este año electoral.

Finalmente, el encuentro se presenta como una gran oportunidad para aliviar el corsé que asfixia al Poder Judicial, por lo que el resultado debe ser tan bueno, tan sorpresivo, tan valioso para superar el conflicto que no debe hacer pensar en la lupa de la sospecha. ¿Lo lograrán? O mejor dicho, ¿querrán? Se han metido en el tablero para hacer sus movidas. Ojalá que jueguen la misma partida, entre ellos y para todos y no para la tribuna propia. Si no es así: que la inocencia nos valga.

Comentá la nota