Una innumerable lista de errores que concluyeron en un derrumbe

Por: Eduardo van der Kooy

La última jugada política de apostador empedernido le salió muy mal a Néstor Kirchner. El plebiscito que buscó con denuedo para reemplazar lo que debió ser una elección legislativa de medio término, normal, se convirtió en una verdadera trampa para él. El ex presidente asistió anoche a la asfixia final de su liderazgo peronista y, de modo incomprensible, dejó además en estado de acentuada debilidad al Gobierno de su esposa, Cristina Fernández, a quien hace apenas un año y medio entronizó sin un solo chistido del partido oficial.

La derrota ¿o el derrumbe¿ se conoció anoche pero se vino edificando desde hace mucho tiempo. Con una persistencia, de parte de Kirchner, que aconsejaría revisar en forma simultánea los manuales de la política, desde ya, pero también de la psicología.

Ningún presidente salió del poder en la Argentina de la nueva democracia con la ponderación social de Kirchner. Ese margen generoso le permitió resignar la reelección y cederle su lugar a Cristina. En el 2007 la Presidenta logró el 47% de los votos en el orden nacional y el 48% en Buenos Aires. Le arrancó 23% de ventaja a la oposición.

Contó además con un ciclo económico interno y externo muy favorable, por lo menos hasta comienzos del 2008. Tuvo en todo ese trayecto una oposición fragmentada e insolvente. Pero su sensibilidad política y percepción de la realidad viró bruscamente desde el mismo instante en que cambio su domicilio de la Casa Rosada por la residencia de Olivos.

Kirchner había proclamado durante su mandato que ningún proyecto de tinte nacional podía excluir a las clases medias. Soñaba con aquel viejo molde de convergencia de clases que sintetizó, durante décadas, el peronismo de Juan Perón. El ex presidente nunca logró seducir a aquellos sectores en los años de su mandato. Pero la bonanza económica le acercaron, inevitablemente, muchos de esos votos. Sin ir lejos, Cristina triunfó con respaldo de la clase media y del campo bonaerense cuando se consagró Presidenta. Fueron casi 900 mil en el principal distrito electoral.

El largo y todavía irresuelto conflicto con el campo le ahuyentó esos votos y también la mas solidaridad mínima de los sectores medios. La radiografía de las legislativas de ayer resulta, en ese sentido, implacable: los Kirchner perdieron Buenos Aires, Capital, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos. No pudieron vencer tampoco en ninguna de las ciudades grandes.

Aquel pleito con el campo fue uno de los disparadores de la derrota. Pero lo fue también un deterioro económico negado de modo sistemático por las cifras virtuales del INDEC. Las mentiras del INDEC crisparon a los sectores medios pero dañaron, sobre todo, el bolsillo de los sectores populares. Esa combinación resultó letal para la derrota en Buenos Aires que aniquiló el último argumento político con que contaba Kirchner para cantar una supuesta victoria que no fue.

Buenos Aires, aunque parezca paradójico, terminó desnudando la fragilidad del armado político de Kirchner. Con tantos años de buena economía el ex presidente fue incapaz de consolidar un proyecto: deambuló por la transversalidad, por la concertación, y terminó refugiado en la maquinaria vetusta del PJ bonaerense. Pero nunca se percató de un detalle: ese peronismo le respondía casi por rutina, porque, mal o bien, se cobijaban en el calor del poder. Porque recibía beneficios económicos. Pero nunca existió una comunión política y afectiva sustantiva entre el partido y el ex presidente.

El peronismo del interior de Buenos Aires lo dejó librado a su suerte luego del conflicto con el campo. Daniel Scioli debió encargarse de la campaña en esas tierras hostiles al Gobierno. Ayer hubo, con seguridad, un dato histórico: el kirchnerismo no tuvo ningún voto en América, un poblado de 3 mil habitantes, del centro de Buenos Aires. El problema insoluble fue el conurbano y muchos de los intendentes aceptaron las candidaturas testimoniales sin gusto y con resignación. La clave de la debacle en Buenos Aires se escondió en esas zonas de cierta vecindad a la Capital.

Muchos intendentes instaron a corte de boletas. Entregaron las suyas y dejaron librada a la voluntad del votante la elección de Kirchner, Francisco De Narváez o Margarita Stolbizer. Varios intendentes, también, cargaron los cuartos oscuros con las llamadas "boletas espejo", en las cuales figuraban ellos sólo acompañados por candidatos a cargos vecinales. La mecánica sucedió en todo el conurbano incluido el segundo cordón, donde los Kirchner conjeturaban la fidelidad inclaudicable de la gente.

La estrategia electoral del ex presidente terminó siendo, al fin de cuentas, tan estéril como todos los proyectos partidarios y políticos que pergeñó en estos años. ¿Alguien podía suponer que los habitantes del segundo cordón del conurbano no tienen padecimientos similares ¿o peores¿ a los del resto del país?. ¿Nadie pensó que el indisimulado mal humor social en el país, en la Capital y en el interior bonaerense podía desparramarse a manera de contagio?.

Tampoco Kirchner reparó en otra lección. El peronismo mas poderoso de la historia de Buenos Aires, el que comandó en su época Eduardo Duhalde, resultó perforado en 1997 cuando irrumpió la Alianza y Graciela Fernández Meijide. ¿Por qué razón habría de salir indemne ahora?. Aquella vez pesó la saturación con el menemismo; ahora puede haber sido decisiva la bronca acumulada contra los Kirchner.

El ex presidente y su esposa no pudieron ayer resolver el problema electoral que les plantearon las legislativas. Desde hoy tienen otro desafío de no menor envergadura: resolver el problema político. Hay un partido oficial ¿el peronismo¿ que resultó descabezado con la excepción de Carlos Reutemann, apretado ganador en Santa Fe. Hay un Congreso que mutará de manera sustancial a partir de diciembre, aunque el impacto político de la derrota, con seguridad, caerá también sobre los diputados y senadores oficiales que continuarán seis meses mas. Hay una oposición que puede empezar a desperezarse, a pesar de su diáspora, luego del espaldarazo popular.

Hay, en suma, una nación política mucho mas compleja. Muy distinta a la que siempre conocieron y disfrutaron los Kirchner.

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