La ingeniería electoral al límite

Por Martín Dinatale

Hace tiempo que no se ve como en estos días de fragor electoral tanta ingeniería política en marcha. Por derecha y por izquierda. Oficialistas y opositores pusieron a funcionar sus usinas partidarias para ver de qué manera arman las listas de candidatos y suman la mayor cantidad de votos.

Desde la mirada del ciudadano común no se advierten grandes diferencias entre kirchneristas y antikirchneristas a la hora de evaluar especulaciones electorales.

Ya no hay dudas en un punto central: la calidad de la democracia de la Argentina bajó estrepitosamente a la luz de los últimos hechos. Es decir, ante candidatos que se sabe que no ocuparán cargos, intendentes que se presentan como concejales, legisladores que dejan sus bancas en medio del mandato, funcionarios que abandonan la gestión para hacer campaña, acuerdos herméticos para ubicarse primero, segundo o tercero según el termómetro de las encuestas. Y puede haber más sorpresas. Los cerebros de la política siguen tallando una poderosa imaginación electoral.

El kirchnerismo echó a rodar la estrategia de "candidaturas testimoniales" y la oposición salió con dureza a cuestionar la jugada del ex presidente. En los despachos de ministros y legisladores del PJ se especula hora por hora si finalmente Kirchner será o no el candidato a diputado del peronismo de Buenos Aires. Ya no se preguntan si corresponde o no que se postulante un hombre que se siente orgulloso de ser santacruceño pero que por intereses electorales esta vez dirá que quiere representar a los bonaerenses. Nada de ello se pone en tela de juicio a estas alturas. Lo importante es sumar y "ganar aunque sea por un voto", como les dijo el propio Kirchner a un grupo de dirigentes peronistas en la residencia de Olivos.

La oposición ingresó también en esta vorágine electoralista. Gabriela Michetti intentó en las últimas horas justificar de cualquier forma lo que hay que decir con claridad: que no cumplirá con su mandato prometido a los porteños de terminar la gestión como vicejefa de Mauricio Macri. La ingeniería de Pro la prefiere como candidata a diputada porque es la única que puede sumar en esa fuerza.

Felipe Solá busca explicar que su renuncia a la banca por la cual miles de bonaerenses lo votaron hasta 2011 sólo fue para contrarrestar el discurso de candidaturas testimoniales que impulsa la Casa Rosada. Y los radicales porteños que se ufanaban hasta ayer de ser casi los únicos del país en realizar internas partidarias para definir candidatos finalmente acordaron entre cuatro paredes un pacto con Elisa Carrió tendiente a levantar la alicaída imagen de Alfonso Prat-Gay en la Capital y traccionar votos con la jefa de la Coalición Cívica en el tercer lugar de la lista.

¿Y el debate de ideas? ¿Y las propuestas legislativas de los candidatos? Bien, gracias.

La ingeniería electoral llegó a límites impensados anteriormente para otras elecciones.

¿Habrá llegado también al límite el hartazgo ciudadano ante tanto manoseo?

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