Inflación encubierta: las empresas achican el contenido de sus productos, pero siguen cobrando lo mismo

Perfil.com recorrió un supermercado con Susana Andrada, presidenta del Centro de Educación al Consumidor. Cómo identificar el "engaño".
"Mismo precio, igual calidad, menos cantidad". La ecuación la hace Susana Andrada, presidenta del Centro de Educación al Consumidor, al denunciar que las marcas reducen el tamaño de sus productos para mantener el costo, sin informarlo de manera correcta.

"Esto es un aumento encubierto a través de una publicidad engañosa", se indigna Andrada señalando un paquete de galletitas marca Terrabusi que redujo 200 gramos su contenido neto. "El empresariado argentino tiene que aprender a respetar a los consumidores. Cuando un producto reduce su tamaño, la empresa tiene que informarlo".

El artículo 4º de la ley Nº 24.240 de Defensa del Consumidor dice: "Quienes produzcan, importen, distribuyan o comercialicen cosas o presten servicios, deben suministrar a los consumidores o usuarios, en forma cierta y objetiva, información veraz, detallada, eficaz y suficiente sobre las características esenciales de los mismos".

Perfil.com recorrió las góndolas de un supermercado junto a Andrada para identificar los productos que sufrieron el "achique". Según un estudio comparativo realizado por el Centro de Educación al Consumidor, el jabón de tocador marca Dove pesa 10 gramos menos que antes y el desodorante rollon se redujo 5 gramos. También se achicaron los productos Veritas como el talco, que contiene un 30% menos.

De los productos de limpieza, el brillo plastificado de Blem viene con un 10% menos de contenido y el jabón en polvo Ala se redujo en un 20% menos, indica la especialista.

En la góndola de los alimentos - que bajaron 1,36 por ciento en en los últimos doce meses, según las cifras del Indec que arrojan para mayo una inflación de 0,3 por ciento-, las galletitas "Variedad" de Terrabusi contienen 200 gramos menos; los postrecitos Danette se redujeron 5 gramos y el pan dulce pasó de pesar 1 kilo a 400 gramos.

Para Andrada, esta práctica "abusiva" del empresariado argentino es posible porque nuestro país no cuenta con un marco regulatorio adecuado como el de Europa y los Estados Unidos, que obligan a sus empresas a informar en las etiquetas si hubo alguna modificación en el contenido de sus envases. "Acá (en Argentina) -dice- hace falta voluntad política y responsabilidad social empresaria para que existan leyes que nos defiendan a nosotros, los consumidores".

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