Inflación dibujada, exportaciones forzosas.

Por primera vez el matrimonio Kirchner disputará una elección nacional sin la ayuda del crecimiento económico.
Pero la Argentina es un país sorprendente, porque para el matrimonio presidencial el principal problema para conseguir apoyo en las urnas no es una discusión acerca de cómo conducen la economía, sino aquella surgida en torno al modo en que ejercen el poder. Clinton se hizo famoso por querer hacer reaccionar a su adversario electoral y entonces presidente de los Estados Unidos, Bush padre, advirtiéndole en medio de la recesión: "¡Es la economía!" Pero hoy en la Argentina, también en recesión, el llamado de atención que intenta la oposición es otro. "¡Es la política!", parecen decir.

No está centrada la campaña, como en otras ocasiones recesivas, acerca de si hay que cambiar el modelo económico o no. A diferencia de otras crisis, la Argentina no es el país peor parado ante la mala situación, lo cual ocurre, justo es aclararlo, por condiciones externas y no por virtudes propias. La demanda de los productos que la Argentina más exporta ha caído, pero mucho menos que los que constituyen el negocio central de otros países. Los más dependientes de la economía norteamericana sufren, por supuesto, más que nuestro país.

Esa situación de relativa comodidad, ¿es aprovechada por los sectores menos afectados por la crisis? Es difícil. Porque las reglas de juego son algo bastante peor que poco claras. Si a una compañía le va bien, ¿intentará el Gobierno entrometerse colocando directores, interviniendo en la distribución de dividendos para favorecer a sindicatos amigos? Si necesita financiamiento, ¿se lo darán como a General Motors? Si pasa por apuros, ¿tomará Guillermo Moreno temporariamente el timón para jugar al empresario utilizando recursos públicos? ¿O se trasladará la propiedad a cooperativas de empleados de sindicatos o agrupaciones transversales amigas para que el mismo Moreno siga jugando sin reglas ni controles con patrimonios públicos y privados?

Las definiciones que le faltan a la economía son políticas. Pero ¿han desaparecido las demandas económicas en la población? No. El índice de expectativas económicas que elaboran TNS Gallup y la Universidad Católica Argentina y que se difundirá esta semana mostró una muy leve recuperación en mayo. Pero está en niveles muy inferiores a los registrados un año atrás.

Cuando se pregunta sobre la perspectiva para los próximos seis meses la principal preocupación, que alcanza a uno de cada cuatro entrevistados, es la pérdida del empleo, casi igualada por el aumento del precio de los alimentos -que para el Indec no existe- y un poco más atrás el costo de algunos servicio y los gastos en salud. Es decir, empleo e inflación constituyen las mayores preocupaciones de los argentinos y lo que creen que les causará los mayores problemas económicos en los próximos seis meses. El Gobierno ha hecho todo lo posible para sostener el empleo existente, presionando a las compañías para que no cesen trabajadores o directamente subsidiando las remuneraciones de aquellos empleados que, por la caída de la demanda y la producción, no tienen tareas útiles para realizar. Alcanza sólo a una parte de la población activa, ya que no tiene efecto alguno sobre los desocupados ni tampoco sobre los ocupados en negro, que representan alrededor del 40 por ciento del total.

Y al igual que con los desastrosos controles y acuerdos de precios, el fracaso es tan grande que hay que recurrir a la falsificación grosera de las estadísticas para tratar de disimularlo.

Y si bien el Gobierno, con el pago anticipado de los Boden 2012, dio señales de solvencia, también se multiplican las advertencias sobre restricciones para continuar aumentado el gasto a los ritmos registrados hasta ahora.

Tal vez el resultado electoral definirá el modo en que se harán los ajustes. "Hasta ahora hay quienes tienen que aguantar, porque por razones políticas no les envían un peso; a Córdoba no le están refinanciando las deudas en un momento en que aumentar la recaudación propia es muy difícil y ajustar los gastos sería una locura, hay que ver qué pasará a partir del 29", dice un economista que sigue las cifras de las provincias.

Los rumores de que retornarán las cuasi monedas persisten. Los consultores más críticos del Gobierno creen que no habrá más remedio que volver a ver los famosos bonos en circulación en varios estados del interior. Pero otros piensan que todo dependerá del resultado electoral. Con un triunfo holgado de Kirchner, que por ahora nadie prevé, los gobernadores no tendrían más remedio que alinearse y aceptar las condiciones que el poder central les imponga.

Con un resultado muy ajustado para los Kirchner, creen los consultores, varios gobernadores tendrían la alternativa de los bonos como instrumento de presión. Tal vez con ello, suponen, lograrían redescuentos del Banco Central para los que todavía tienen bancos estatales para que puedan financiarse por esa vía.

Exportadores a la fuerza

Si Kirchner fuera claramente derrotado, creen algunos empresarios, entonces sufriría un fuerte condicionamiento por parte de los gobernadores y las figuras en torno a las cuales se reorganice el PJ para las presidenciales de 2011. La estrella de los Kirchner se apagaría de a poco, aunque muchos observan que ni Néstor ni Cristina aceptarán los cuarteles de invierno con facilidad. Tal vez por ello surgieron las sospechas y los rumores de que Néstor intentaría ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Si para el escenario poselectoral se anticipan dificultades, pero no dramáticas, en materia de disponibilidad de divisas, el comportamiento del Gobierno crea dudas. Néstor Kirchner dijo que sería una locura devaluar. Pero si la Argentina no tiene un problema de divisas no se entiende que Moreno dedique sus irrazonables esfuerzos a prohibir muchas importaciones y a exigir que exporten quienes no tienen ni mercadería ni capacidad para hacerlo. El multifuncionario lo hace desde hace meses, como informó oportunamente LA NACION, pero ahora extendió su presión a los supermercados. Mientras, cierra las ventas al exterior de los sectores más eficientes para hacerlas. Sus "medidas", muchas de ellas verbales, pronto lograrán que la Argentina deba importar trigo, carne, leche y petróleo o prescindir de ellos. Esa manera de gobernar es el talón de Aquiles del Gobierno.

Comentá la nota