Inflación: baja en alimentos; alta en servicios

La evolución de los precios se desaceleró significativamente en relación a 2008, aunque sigue siendo alta. El rubro alimentación está entre los que menos varían, por eso los pobres son los más "beneficiados".

Aunque las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y las de las consultoras privadas siguen caminando por veredas diferentes y la brecha a la hora de los cálculos se amplía, hay una coincidencia básica: el aumento de precios este año se de-saceleró en relación a 2008, cuando el pico fue de alrededor de 28,4 por ciento. Una de las "ayudas" que está recibiendo el índice es la proveniente del rubro alimentos, que es uno de los que menos se ha movido en los últimos meses. Con este cambio, este año la inflación golpeará directamente a los segmentos medios de la sociedad.

Y aunque ningún privado comparte los números de Indec sobre la evolución de los precios de la comida. Para Ecolatina, por ejemplo, entre febrero y marzo, ese ítem aumentó 1,3 por ciento, mientras que las estimaciones oficiales plantean 0,4 por ciento. La diferencia es aún mayor si se toma en cuenta la canasta total (alimentos más servicios e indumentaria).

Rodrigo Alvarez, economista de la entidad, señala que una familia tipo (con dos hijos en edad escolar) necesita para comer 788 pesos por mes. En cambio, para cubrir la canasta total hay que agregar otros 926 pesos. Es decir, un total de 1.625 pesos mensuales. La brecha con el Indec es de 60 por ciento.

"Claramente la inflación se enfrió respecto al año pasado y en esa tendencia los alimentos cumplen un rol fundamental por el peso que tienen en el cálculo. Obviamente, también la desaceleración del consumo es clave", plantea Alvarez, quien igual enfatiza que el tema sigue siendo un problema para la Argentina.

Este año la clave estará en los aumentos de servicios que serán los que actuarán como "motor" en el incremento de precios. Es que, ante las necesidades de caja, se puso en marcha el proceso de sinceramiento de tarifas y de corte de subsidios, y los gobiernos autorizaron a las empresas a tocar los valores.

Este panorama es el que determina que la inflación esté pegando más sobre los sectores C2 y C3 de la sociedad, que son los que contratan medicina prepaga, televisión por cable, Internet, van al cine o al teatro, compran revistas, mandan sus hijos a escuelas privadas, emplean las playas de estacionamiento y pagan impuestos.

Los segmentos más bajos de la pirámide destinan una buena porción de lo que ganan a alimentos, por lo que -esta vez- son los "beneficiados". Los más pobres (el "primer quintil) que integran el 20 por ciento de la población con menores ingresos gastan en el rubro alimentos y bebidas el 46,6 por ciento de lo que ingresan, mientras que el 20 por ciento de mayores ingresos ("quinto quintil") usa en ese ítem sólo el 23,3 por ciento del presupuesto.

Una ronda de consultas realizada por LA MAÑANA revela que, para los economistas, la inflación de la clase media será este año unas tres veces más alta que la que impactará sobre la población más rezagada socialmente, aunque -por supuesto- subrayan que siempre los más pobres terminan siendo los más perjudicados por la pérdida de ingresos que significa la suba de precios.

Consumo estable

Pese a la desaceleración interanual del consumo, la compra de alimentos y productos de higiene y limpieza creció dos por ciento en volumen en los tres primeros meses del año. Los datos corresponden a la consultora CCR y sus expertos entienden que es un número "razonable" para la coyuntura actual.

La pérdida de facturación de los súper e híper vino por el lado de los electrodomésticos, que bajaron ocho por ciento en el mismo período. Desde CCR explican este traspié por la incertidumbre y el temor que domina a los consumidores, que prefieren esperar antes de decidir una compra.

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