"Es infantil creer que los efectos de la crisis internacional se pueden solucionar por decreto"

El presidente de la UIM local advirtió que medidas como las que reclaman la CGT y la CTA "sólo logran predisponer mal a la gente" * Afirmó que hasta el momento no se observan en la región demasiadas consecuencias de la crisis y consideró al sector pesquero como el más expuesto * Dijo que el dólar "está atrasado", pero que la solución no es una devaluación generalizada.
El presidente de la Unión Industrial Marplatense -UIM-, Fernando Orengia, cuestionó el pedido de sectores gremiales de imponer la triple indemnización o directamente prohibir los despidos como medida preventiva ante la crisis financiera internacional y advirtió que "es infantil creer que los efectos se pueden solucionar por decreto".

"Lo único que logran estas medidas es predisponer mal a la gente" afirmó el dirigente, quien agregó que "hasta ahora no se ven grandes consecuencias" relacionadas con la crisis y consideró "muy difícil" que las pymes reaccionen despidiendo gente.

Según Orengia, los inconvenientes registrados hasta el momento son la reducción de las posibilidades de las pymes de obtener crédito -de por sí muy reducidas-, algunos inconvenientes en la cadena de pagos y la suspensión de proyectos de inversión.

En este marco, reclamó al gobierno previsibilidad en cuestiones tales como política monetaria e impositiva y estabilidad jurídica, aunque reconoció que "es algo muy difícil de conseguir en este país". Este fue el diálogo que mantuvo con LA CAPITAL:

-¿Cómo podría afectar la crisis financiera internacional a la industria de la región?

-Es un poco difícil definirlo, porque la economía parece una ciencia exacta, pero no lo es: hay gente de por medio y sus reacciones suelen ser impredecibles. Lo que sabemos es lo que está sucediendo, que hay que analizarlo teniendo en cuenta tanto los problemas internos como los externos. De todas maneras, por lo menos hasta ahora, yo no veo grandes consecuencias directamente relacionadas con la crisis financiera internacional.

-Pero, ¿cuáles fueron los efectos que pudieron verse?

-Bueno, en primer lugar la crisis del crédito impacta directamente en la capacidad de financiamiento. Pero sucede que las pymes, normalmente, son objeto de poca cantidad de crédito así que esto sólo hizo acrecentar ese problema. Por otro lado la crisis financiera afecta a nuestros clientes, principalmente a los del mercado internacional. Además está el problema de la incertidumbre, ante la cual hay múltiples reacciones: unos dejan de invertir, otros dejan de comprar, otros creen que es el momento de invertir... Son reacciones muy dispares. Al principio se detuvo el comercio: en el caso de planes de inversión en general se suspendieron hasta tener un poco más claro el panorama y cuando eran compras de bienes de consumo, que no pueden dejar de hacerse, se vio afectada la cadena de pagos. Pero después varios planes se reactivaron,

-Hasta el momento las principales consecuencias a nivel nacional han sido en la industria automotriz, que no tiene una presencia importante en la región. El sector regional que se podría ver afectado es el pesquero...

-Exacto. La industria pesquera es una de las más afectadas. Pero a la hora de ver cómo reaccionan las empresas hay que hacer varias diferenciaciones. En primer lugar, las empresas grandes reaccionan muy distinto que las pymes. Cuando una empresa grande observa que cayó la actividad, el directorio decide bajar la nómina, ya sea con despidos, suspensiones o adelantos de vacaciones. Son decisiones muy despersonalizadas. En las pymes, en cambio, hay una relación directa entre patrón y empleado, a veces casi familiar, por lo que es muy difícil que se produzcan despidos. En Mar del Plata la mayoría son pymes, excepto -justamente- en la industria pesquera, que son empresas más grandes, quizás más parecidas a las automotrices. Su reacción puede ser un mix entre la dureza de las grandes empresas y la flexibilidad de las pymes.

-¿A su criterio la actividad económica ya decayó?

-Un poco cayó, pero no mucho. En general se han sostenido los ritmos de producción o bajado mínimamente. La que más se vio afectada es la cadena de pagos: se estiraron los plazos y en algunos casos se ha complicado la cobranza. En este caso hay que diferenciar entre el que se dedica al mercado nacional y al externo, que funcionan distinto. El gran problema de la industria hoy es el aumento de los costos. Si es una empresa que se dedica al mercado nacional, puede trasladar ese aumento a los precios aunque probablemente tenga algunos problemas de cobranza. El que se dedica a las exportaciones, en cambio, quizás tiene más asegurada la cobranza, pero no puede trasladar los aumentos a los precios porque el mercado internacional no lo permite.

Decisiones políticas

-Ante este panorama, ¿qué políticas serían deseables?

-Ese es otro gran punto. Hace mucho tiempo que venimos trabajando, tanto desde el ámbito local como provincial y nacional, en conseguir que el Gobierno nacional establezca pautas claras de hacia dónde quiere ir. Nosotros creemos que un país no puede avanzar si no hay un objetivo básico, que no se cambia con las autoridades, el partido que gobierna y demás. Y no lo hay. Se anuncia una fase neoindustrialista del país pero después, cuando bajan las medidas, no se nota ese gran apoyo a la industria. La política monetaria e impositiva, la inestabilidad jurídica total van en contra de ese objetivo. En este país es imposible hacer un plan a largo plazo, es decir a 5 o 10 años. La previsibilidad es lo más importante que reclamamos y es lo más difícil de conseguir.

-En cuanto a la coyuntura actual, ¿cuál es la posición respecto de la política monetaria?

-Es un tema que conversamos constantemente en los distintos ámbitos en los que yo me muevo, que van desde lo local hasta lo nacional. La pérdida de competitividad desde 2002 hasta hoy es terrorífica. Los costos han aumentado por encima del valor del dólar. La mayoría subió entre el 400 y el 450%, en algunos casos más, mientras que el dólar sólo subió el 330%. Entonces nos damos cuenta que el dólar quedó retrasado y eso nos quita competitividad. Lo que uno pretendería es mantener un dólar competitivo.

-¿Creen que la solución sería una devaluación?

-No necesariamente, porque la experiencia indica que cuando se devalúa, los costos se duplican. Además puede no ser un dólar fijo para todas las actividades, porque hay algunas que necesitan un dólar mayor y otras que se arreglan como está. Entonces habría que establecer una política económica seria, con reintegros, reembolsos o beneficios fiscales para determinados sectores, sobre todo aquéllos que requieren mucha mano de obra, que son los más afectados.

-Por último, ¿qué opinión le merecen los proyectos que están impulsando las entidades gremiales de imponer la triple indemnización -en el caso de la CGT- o directamente prohibir los despidos -en el de la CTA-?

-Es pretender darle una solución simplista a las cuestiones, que no se solucionan por decreto. Si una empresa no tiene trabajo para darles a sus empleados, porque se quedó fuera de competencia, no puede vender sus productos o se cortó su cadena de pagos, es inútil intentar por decreto hacer que no tome las medidas que sean necesarias para subsistir y mantener el trabajo. Lo que hacen estas medidas es predisponer mal a la gente. Si uno cree que no le va a ir todo lo bien que esperaba, va a tomar medidas anticipadas. En cambio si dejan trabajar lo más seguro es que se ponga toda la inventiva para seguir trabajando, con la menor cantidad de despidos posible. Entonces creer que eso se solucionaría por decreto es un poco infantil.

Quién es

Además de presidente de la UIM local, Orengia es vicepresidente segundo de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción marplatense -UCIP-, cargo que también ocupa en la Asociación Industrial de la provincia de Buenos Aires -Adiba-. Asimismo es consejero en la mesa de la Unión Industrial Argentina -UIA-.

Incongruencias internas

Además de su rol de dirigente, Fernando Orengia es un reconocido empresario marplatense dedicado a la fabricación de máquinas para el sector exportador. Específicamente, su rubro son las máquinas de envasado al vacío.

"La nuestra es una de las actividades que más mano de obra consume, además de tecnología -describió-. Además, es una de las que mejor distribución del ingreso hace. Sin embargo, tenemos retención a la exportación. En cualquier país del mundo alguien que exporta tecnología, que toma 2.500 kilos de hierro y saca una máquina funcionando, tiene ventajas impositivas o algún beneficio sobre otras actividades que son más automáticas. Pero acá es al revés: el que exporta maquinarias tiene retenciones. Es algo totalmente incongruente".

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