Industrias y comercios entrerrianos en alerta por las bajas ventas.

Enero y febrero fueron los meses de mayor caída en las ventas. En marzo hubo un pequeño repunte por el inicio del ciclo lectivo. Las localidades más afectadas son las que están relacionadas con las actividades agropecuarias.
En Entre Ríos, los efectos de la crisis, “todavía” no esta dado por el desplome financiero internacional (o por lo menos así, lo analizan los dirigentes del sector mercantil), sino por las consecuencias que está dejando el dilatado conflicto entre el sector agropecuario y el Gobierno, que se recrudeció con la sequía.

Las ciudades más chicas son las primeras en notar el “cimbronazo” económico.

No hay circulante de dinero, pero —según evaluaron los presidentes de distintos centros comerciales entrerrianos—no es “porque no haya plata” sino “por miedo e incertidumbre a lo que vendrá”.

“El panorama que tenemos es preocupante. No es fácil describirla, porque a diferencia de lo que sucedió en el 2001, que no había dinero en circulación, ahora sí lo hay, pero el consumidor compra lo justo y necesario”, destacó el presidente del Centro Comercial de Nogoyá, Dagoberto Calivari.

Lo mismo opinó el presidente del Centro Comercial de María Grande, Diego Tisler. En tanto, en el caso de Diamante, por ejemplo, las actividades ligadas al agro, están prácticamente paralizadas. En esos sectores, hubo despidos, suspensión temporal del personal y reducción de cargas horarias. “Tenemos pocos despidos en la ciudad, pero lo que más afecta es la reducción horaria en las actividades, porque eso significa menos ingreso al trabajador”, dijo Silvana García, del Centro de Empleados de Comercio de Diamante.

La paralización o no comercialización de los productos agropecuarios fue la causa principal para que haya menos consumo y movimiento económico en la ciudad. Mientras que en otras ciudades, los meses más críticos fueron enero y febrero, en Diamante la actividad turística y cultural que genera el Festival de Jineteada y Folklore, ayudó a amortiguar el latigazo económico, de enero.

“La verdad que estamos soportando la crisis. Es bastante complicada la situación. Por ahora, el comercio vive de los sueldos de los empleados públicos, no así del sector agropecuario”, destacó Jorge Gauss, presidente del Centro Comercial, Industrial y de Producción de Diamante.

Nogoyá, por ser la tercera cuenta lechera en importancia en el país, los efectos son más críticos, según reconoció el presidente del Centro Comercial de esa ciudad, Dagoberto Calivari. “No es fácil para nosotros. La principal actividad, como es la tambera, está pasando por una complicada situación económica. Esto derivó en suspensión de personal, sobre todo en el transporte y a su vez, como efecto cascada, se trasladó al comercio en todos sus rubros”, destacó el dirigente.

En sus cálculos, la actividad mercantil cayó notablemente en el sector de electrodomésticos. “En estos comercios, por ejemplo, las ventas cayeron entre un 25 a 30 %. Pero también, notamos una disminución de compras en el rubro alimenticio que ronda un 20 %”.

Como sucedió en los caóticos días de 2001, “las compras se orientan a lo mínimo e indispensable. El ahorro pasa por comprar las segundas marcas, como sucedió hace ocho años”, destacó Calivari; aunque en su visión, las caídas de las ventas no esta dado por la falta de dinero, sino por “precaución”.

“Nosotros lo que notamos es que la actividad económica disminuyó considerablemente, en enero y febrero. Recién en marzo tuvimos un pequeño movimiento monetario, más que nada, por el inicio de las clases, donde la gente se vio obligada a comprar”, explicó. Con menos actividad, menor será también la recaudación, aseguró Calivari. “Determinados comercios no están comprando para reponer mercadería, sólo están dedicados a cobrar la cuotas”.

Otro sector que frenó su ritmo fue el de la construcción. “Lo corralones prácticamente no tienen demanda de materiales. Cuando la gente escucha crisis, lo primero que hace es ahorrar y trata de no gastar; porque a esto se le suma que los sueldos quedan desfasados”, aseguró Calivari.

En el caso de María Grande, otra de las ciudades que depende de la actividad agropecuaria, Roberto Fibiani, subsecretario del Centro Comercial de esa ciudad, confesó que por la desaceleración económica, sobre todo en el sector del campo, derivó a que las empresas o comercios, restrinjan las horas de trabajo del personal. “No hay horas extras e incluso, algunos pasaron de jornada doble a media jornada, lo que se traduce en menos sueldo”.

“En ciudades como Maciá, Viale, Mansilla, Lucas González, Larroque o Seguí, que dependen directamente del campo, son las más afectadas. No lo vemos tanto en ciudades cabecera de departamento, donde la principal actividad es la administración pública o la turística”, destacó Fibiani.

Por su parte, Diego Tisler presidente del Centro Comercial de María Grande, coincide con el panorama de los otros dirigentes, aunque cree que la crisis que se vive hoy en la provincia, es producto de una situación local y no por lo que está sucediendo en las principales potencias del mundo. “Creo que recién estamos en la puerta del zaguán, de lo que podría significar esta crisis”, acotó Tisler.

“El sector que mantiene el movimiento económico es el de los empleados públicos y los subsidios que se están dando. Pero la industria metalúrgica está parada, al igual que el transporte de carga y creo que esto repercutirá luego en que haya una menor recaudación impositiva y que se corte la cadena de pagos”, evaluó, al tiempo que coincidió con Calivari, que “dinero hay, pero el único circulante que se ve es el cheque y si algunas empresas, que están en condiciones de invertir, creo que no lo harán, porque saben que el crédito es alto”.

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