Los industriales le prenden una vela a Brasil y se juegan por el trío Duhalde – Cobos – Lavagna

Por Horacio Riggi

Los empresarios argentinos están desde ayer mirando expectantes lo que ocurre en el Sheraton de Pilar donde la Unión Industrial Argentina (UIA) realiza su convención anual. Resulta que esta vez los industriales decidieron pararse en la vereda de enfrente de un Gobierno con el que comparten el discurso y también, al menos hasta hace muy poco, la visión económica.

A modo de ejemplo, nadie puede discutir que a Cristina Fernández no le interese mantener a raya al dólar para sostener la competitividad del tipo de cambio (restringiendo, claro está, la competitividad sólo a la comparación del valor de la moneda local con la de los países con los que se tiene intercambio comercial). De todos modos, tal premisa no es una creación mágica de la UIA, ni de Cristina, sino que es la columna vertebral de cualquier discurso productivo que se proclame en el mundo.

Pero claro, no siempre todo es como se ve. Por lo bajo, varios industriales desde hace un tiempo no están de acuerdo con el Gobierno. Dicen, que no hay plan económico. Como consecuencia de esa situación, muestran que durante la gestión de Cristina se fueron del sistema financiero la misma cantidad de reservas que hoy tiene el Banco Central (u$s 47.000 millones).

La visión de los dirigentes es que la fuga se capitales se da porque la Argentina no genera el clima de negocios necesario que le de a los propios argentinos la credibilidad necesaria para invertir en su país. Obviamente, ni Cristina ni Néstor Kirchner coinciden con esta visión.

Si bien en la UIA intentaron durante un largo tiempo no pelearse en público con el Gobierno, la actual convención es un claro escenario opositor. Tan así es la situación que a pesar de las palabras conciliadoras que ayer pronunció el presidente de la entidad, Héctor Méndez, comprometiéndose a "seguir acompañando el proceso de crecimiento que se evidencia en el país", los asistentes de peso en Pilar fueron el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el ex presidente Eduardo Duhalde (habla hoy), dos antiguos aliados y actuales enemigos declarados del Gobierno. Es más, la UIA tenía previsto un cierre por demás decoroso para declararse opositor: Julio Cobos. Sin embargo, el vicepresidente finalmente no estará en el Sheraton.

Por el perfil de la convención queda claro que los industriales comenzaron a delinear un futuro político a favor de Eduardo Duhalde y Julio Cobos, sin importarle de ahora en más "quedar bien" con el gobierno de Cristina. La relación cambió tanto entre el ejecutivo y los industriales que hoy pocos recuerdan que fue la misma Presidenta la que el año pasado, en la anterior convención de la UIA, anunciaba con bombos y platillos la creación del Ministerio de la Producción, un viejo reclamo de los empresarios. En este esquema, da la sensación de que en el actual escenario parece que las palabras de Méndez son casi una utopía, y nadie puede asegurar a ciencia cierta cómo quedará la excelente relación que une a Méndez con el ministro de Planificación, Julio de Vido. Tampoco saber cómo reaccionará Cristina.

En el medio de esta crisis, están las tarifas. La posición, en este sentido, está dividida. Hay industriales que piden un reacomodamiento de tarifas, pero otros saben que si las tarifas suben automáticamente aumentarán los costos.

Pero nada de esto parece realmente complicarle la vida a los industriales. Lo que sí les quita el sueño es cómo va a reaccionar el gobierno de Brasil a las presiones de la poderosa Federación de Industriales de San Pablo (Fiesp) que pide a gritos devaluar el real.

Si esto sucede, las preocupaciones prioritarias de los industriales dejarán de ser políticas y volverán a ser las mismas de siempre.

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