Los industriales impulsan un gran pacto productivo

Por: Marcelo Bonelli

La propuesta de la UIA busca lograr una tregua en materia de precios, salarios y empleo. Además, sus dirigentes consideran que el sector agropecuario debe ser incluido.

En la intimidad de la Quinta de Olivos, esta semana se registró una serie de reuniones con un objetivo definido: evaluar medidas e iniciativas para enfrentar una crisis económica que tiende a profundizarse.

Hubo encuentros de la Presidenta con varios de sus ministros clave, Julio de Vido y Sergio Massa; y también trabajó con la "mesa chica" de decisiones, junto a Néstor Kirchner y Carlos Zannini.

Esa multiplicidad de encuentros íntimos dejó estas conclusiones:

Los líderes del Grupo de los 7 tienen una gran desorientación para enfrentar la crisis internacional, epicentro del problema económico.

Todavía se desconoce la magnitud del problema internacional y, por lo tanto, el verdadero impacto que tendrá en la Argentina.

Cristina Kirchner espera tener un diagnóstico preciso antes de tomar medidas de fondo, pero se podrían aplicar nuevas medidas de aliento al consumo de los sectores medios y humildes. Se trataría de una medicina conocida: decisiones similares a las de fin de año para jubilados, trabajadores con familia numerosa y planes sociales.

La Presidenta sondeará este fin de semana la delicada cuestión entre empresarios y sindicalistas. Lo hará en su viaje a España, aprovechando que estará acompañada por la cúpula de la CGT y de la UIA.

Juan Carlos Lascurain , el jefe de la UIA, lleva un informe dramático: un estudio sobre la caída de la producción industrial en las últimas semanas. Ese documento -que no se difundió por cortesía política con la Casa Rosada- concluye que, en promedio, la retracción fabril es del 6 %, muy lejos de las estadísticas del INDEC. El trabajo confirma una desaceleración brusca en la producción de bienes durables, como siderurgia, autos, maquinarias, y una estabilidad precaria en el rubro alimentos.

La UIA aspira a tener este fin de semana un diálogo franco con la Presidenta y con la CGT. En ese marco volvería a plantear la necesidad de hacer un pacto productivo para sostener el nivel de actividad y no afectar el empleo. Para la UIA, ese acuerdo tiene que incluir al sector agropecuario, motor del interior. Sería una forma política de abrir el diálogo con un sector que se encamina a otra protesta, sin importarle el delicado cuadro económico local, muy distinto al de hace un año.

La UIA sugiere hacer una tregua de precios, salarios y empleo, pero a cambio de correcciones macroeconómicas que reduzcan la tasa de interés para alentar el nivel de actividad. La idea ya fue expuesta por los "popes" fabriles en contactos informales con Julio De Vido. El ministro de Planificación ve con simpatía la iniciativa y varias veces la propuso en las entrañas de poder.

En la influyente Asociación Empresaria Argentina no se habla de ese tipo de acuerdo, pero sus dirigentes coinciden en que el Gobierno propicie un mayor consenso.Hubo varios encuentros informales y una conclusión básica de la cúpula de AEA: para afrontar la crisis, el Gobierno debe instrumentar un mayor diálogo, evitar las peleas y generar consensos para darle más previsibilidad a la economía.

Jaime Campos, el influyente director ejecutivo de AEA, así lo dijo: "El New Deal americano funcionó cuando Roosevelt lo dotó del mayor consenso productivo".

No todos en el gabinete acompañan la propuesta de diálogo que propicia De Vido. En principio, Carlos Tomada mira con recelo un acuerdo global y pretende lanzar la discusión paritaria por sectores ya. Es obvia la lucha de poder entre Sergio Massa y De Vido, una interna que neutraliza decisiones. En las últimas semanas se acalló llamativamente la voz de Débora Giorgi, y volvió a tallar fuerte Guillermo Moreno. Estas peleas ministeriales le agregan más confusión a una realidad económica dificil, que quedó confirmada por una misión secreta del Palacio de Hacienda al exterior.

Los secretarios de Coordinación, Martín Abeles, y de Finanzas, Hernán Lorenzino, participaron en Londres de una reunión preparatoria del encuentro presidencial del Grupo de los 20. La conclusión fue que existe un fuerte desconcierto entre los líderes mundiales sobre qué medidas adoptar para frenar la recesión internacional. Ese vacío de ideas también existe entre los funcionarios argentinos. Esa cumbre será trascendente, pero las propuestas argentinas hasta hora no son estratégicas, ni consistentes. Siguen fluctuando entre la intrascendente crítica por el nefasto pasado del FMI y la desesperación absurda de conseguir una foto de la Presidenta con Barack Obama. Esa carencia de ideas existe también en la oposición política.

Los mismos funcionarios de Economía trajeron la novedad de la buena predisposición del FMI para hacer un acuerdo blando con Argentina. Pero hicieron lo inverso de lo querido por Dominique Strauss-Khan: ventilaron esa posibilidad, cuando el titular del FMI sólo estaría dispuesto a negociar en el mayor hermetismo.

Las dramáticas exhortaciones de Barack Obama por la crisis y el encuentro de Davos le agregaron más pesimismo a la economía internacional. A Davos no fue ningún funcionario de la Casa Blanca y el encuentro se centró en algo curioso: los mismos que hace un año alentaban las burbujas y aplaudían la bicicleta ahora se dedicaron a sembrar de terror el futuro económico.

Igual todas las miradas están sobre Washington. En el foco de decisión hay una sórdida pelea que conocen en Wall Street. Se trata de una disputa entre las propuestas de Paul Volcker y Larry Summer, una interna de la Casa Blanca que definirá qué hará EE.UU. para frenar la tremenda recesión que afecta a la economía.

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