La voz de los industriales argentinos en el G-20

Por: Marcelo Bonelli

La única delegación privada del país en las reuniones preparatorias de la esperada cumbre internacional solicitó cambios profundos en el Fondo Monetario Internacional.

La Unión Industrial Argentina reclamó que las naciones industrializadas no apliquen "medidas cosméticas" frente a la crisis y pidió que la cumbre del Grupo de los 20, que liderará Barack Obama, impulse cambios profundos. Estas posición fue expresada por Juan Lascurain, frente a algunos de los empresarios más importantes del mundo que se reunieron esta semana en Londres.

La de la UIA fue la única delegación privada argentina que participó del encuentro preparatorio de la reunión de Presidentes, de la cual se espera el rediseño de la estructura financiera internacional y la formulación de límites para la crisis. Lascurain, en representación del empresariado argentino, entregó un documento reservado que afirma que sólo un mayor control del sistema financiero no solucionará las causas del tsunami económico actual. La UIA requirió que los mandatarios del G-20 aprueben una reforma que modifique el modelo ultrafinanciero que dominó al mundo y causó la depresión actual.

El documento dice: " La crisis debe servir para reformular los acuerdos que regularon contra la producción la relación entre las finanzas y la economía real". Y agrega: "Eso obliga a una reformulación audaz del FMI, y no pequeños cambios graduales, para lo cual deben eliminarse los condicionamientos arbitrarios." Lascurain habló frente a algunos de los máximos empresarios del mundo, como Martin Broughton, titular de la Confederación de la Industria Británica; Donald Shepard, chairman de la Camara de Comercio de EE.UU.;

importantes CEOs de Francia, como Laurence Parisot, y de Alemania -Hubertus Erlen-; y la representante de Cofindustria de Italia, Emma Marcegaglia.

Los veinte máximos referentes de la economía mundial tienen un denominador común: un creciente temor porque desconocen la magnitud de la crisis productiva y el daño total que generará a sus multimillonarios negocios. En otras palabras, tienen miedo por la inacción del G-7 y la falta de propuestas concretas de los gobiernos.

La UIA acordó el reclamo con los ministros Jorge Taiana y Julio de Vido. El viaje de Lascurarin fue avalado por la Quinta de Olivos, después de que se desestimó que la misión la lidere Paolo Rocca, titular de Techint. El discurso es similar al que sostiene Brasil y recoge la influencia de su ministro de Asuntos Estratégicos, Roberto Mangabeira Unger. Hoy, Lula y Cristina Fernández de Kirchner dejarán de lado rencillas comerciales y fijarán una estrategia común para el encuentro del G-20.

La UIA trató de responder la negativa de los paises industrializados a liberar las "restricciones" para acceder en un futuro a dinero fresco del FMI, un crédito que Argentina buscaría para desahogar las necesidades de financiamiento.

El fin de semana, en la reunión de ministros y presidentes del G-20, Alemania, Italia , Inglaterra, Francia, Japón y Estados Unidos rechazaron la petición de reducir los requisitos para que el FMI otorgue dinero a países como Argentina. Así lo confirma un "memo" secreto del Ministerio de Economía, que elaboró Carlos Fernández para conocimiento de la Presidenta. Clarín tuvo acceso al paper que sostiene que "existen fuerte divergencias entre los países en desarrollo y los industrializados", y precisa que "los europeos no quieren reformas, porque sostienen que el FMI debe abocarse a contener el impacto de la crisis." El informe admite que "los países avanzados quieren fortalecer la función de supervisión del FMI y para eso siguen poniendo énfasis en condicionamientos y en salvaguardar sus recursos."

Igual la reunión del fin de semana tuvo un dato clave: EE.UU. impuso el criterio de que el G-7 actuará en forma coordinada y no dejará caer ningún banco del sistema financiero internacional. Se trata de una reacción tardía, pero elemental para frenar una crisis de desconfianza. En Argentina, el legendario Roque Maccarone, entonces titular del BCRA, fue lo primero que hizo para frenar la sangría iniciada en 2001.

En nuestro país, el torbellino electoral le puso mayor presión política a la economía. Los informes confidenciales de Wall Street, reflejan la preocupación de los inversores. Un hermético trabajo de Goldman Sachs dice que el Gobierno adelantó las elecciones "porque el tiempo no es un aliado, ya que se debilita su poder político y la economía reduce su performance." El paper lleva la firma del economista Alberto Ramos y afirma que "la economía entró en recesión a fin del año pasado y las políticas aplicadas hasta ahora son inadecuadas"; también menciona la "erosión política fuerte" del kirchnerismo. La virulencia del texto no generó turbulencias insalvables en los mercados porque la credibilidad de los gurúes de Wall Street está retroceso después de que no advirtieron la hecatombe de los mercados.

La decisión de adelantar las elecciones tiene un claro impacto económico:

Se ubicó la fecha en el momento del año en el que el Estado está financieramente más holgado, con fuertes ingresos de dólares y mejor recaudación por exportaciones.

Permite concentrar el gasto electoral en tres meses, en lugar de prorratearlo en siete.

Igual, los hombres de negocios condicionan todo al conflicto con el campo. La holgura y tranquilidad cambiaria depende básicamente de un buen ritmo de liquidaciones en el segundo trimestre del año. El Banco Central proyecta un ingreso de los exportadores, a partir de abril, de unos 700 millones de dólares semanales. Una cifra contundente, que triplicaría la actual y generaría un milagro: serenar una económica doméstica alterada por incertidumbres y peleas políticas.

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