La industria necesita algo más que crédito

Por Hernán de Goñi

El Gobierno no se equivocó cuando eligió al sector automotriz como el primer a ser apuntalado con un plan de incentivos. La crisis global lo transformó, desde temprano, en la industria más golpeada por la crisis.

El camino que eligió la administración Kirchner fue canalizar fondos de la ANSeS para dar créditos a tasa subsidiada y calzarlos con una lista de modelos básicos que las terminales ofrecieron a un menor precio pero sin tenerlos en stock. Restricciones secundarias para los compradores (finalmente eliminadas) y una compleja burocracia demoraron su impacto efectivo. Las ventas y la producción de autos en el primer trimestre de 2009 siguieron en caída.

Los concesionarios aseguran que recién en abril se sentirá el efecto del plan (su cálculo es que motorizará el 25% de sus ventas). Brasil optó por un camino más sencillo: en lugar de facilitar la financiación, buscó un incentivo por precio: eximió al sector de pagar hasta junio el impuesto a las ventas y está a punto de sacar a la industria de la recesión, causando un boom que ya envidian en Europa. A nivel local se apostó por el crédito, sin advertir que su demanda está más ligada a un horizonte despejado de largo plazo. Algo que la Argentina, precisamente, aún no tiene.

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