La indisciplina del Estado siempre juega en contra

Por Hernán de Goñi

En la Argentina, reducir el nivel de evasión impositiva es un objetivo de política económica casi permanente. El desafío que enfrentan los gobiernos es que se trata de una meta que deben alcanzar en simultáneo con una presión tributaria en constante crecimiento.

El funcionamiento del Estado se financia con el pago de impuestos. Esa es la base del contrato social que sostiene a la mayoría de los países del mundo. Desde ese punto de vista, los contribuyentes no pueden aspirar a recibir un beneficio de parte del sector público si no cumplieron previamente con sus obligaciones fiscales.

Pero las crisis recurrentes han conseguido distorsionar esta ecuación a niveles extremos. La principal barrera para mejorar la recaudación es la propia indisciplina del Estado, que siempre gasta más que el año anterior, apostando a que los ciudadanos financiarán sus planes sin chistar.

Por eso se crea un riesgo cuando la acción fiscalizadora apunta a los consumos de la clase media. La suba de alícuotas que tendrá el monotributo desde enero, junto a la vigilancia de los gastos con tarjetas de crédito, son medidas que impactarán en sectores que no tienen capacidad de generar una renta, sino que están forzados a compartir sus ingresos con el Estado.

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