Indicios de un cambio de hábito en los Kirchner

Por: Carlos Pagni

Están raros los Kirchner. Como si la adversidad inminente les provocara algún cambio de hábitos. Nada para entusiasmarse, es cierto. Pero con los últimos anuncios económicos, ideados para neutralizar la recesión, aparecieron algunas desviaciones en su patrón de conducta.

Conviene ponerlos en observación, no vaya a ser que sean signos de un verdadero cambio de comportamiento.

El primer síntoma es cierto acercamiento al realismo. Cuando estalló la crisis financiera internacional, Néstor Kirchner alardeó delante de sus contertulios, en su encierro de Olivos, al decir: "No vamos a lanzar ningún conjunto de medidas. Si nunca lo hicimos, ¿para qué vamos a empezar ahora? Asustaríamos a la gente". Pero la Presidenta presentó anteayer algo bastante parecido a esos paquetes que encantan a los ministros de Economía. No a los amantes de la improvisación, como Kirchner. Anoche circulaba la fantasía de que este cambio podría indicar un arrebato de autonomía de Cristina Kirchner.

Para detectar esa ínfima novedad hay que suspender el juicio sobre la calidad de las resoluciones: ninguna elimina deformaciones graves de la política económica, como la estrategia financiera, la manipulación de las estadísticas o, sobre todo, la asfixiante rigidez cambiaria. Es más, por momentos parecen disposiciones tendientes a que esos problemas no se discutan.

Pero, aun así, los anuncios insinúan una tentativa de elaborar un pequeño sistema. Y si no curan, tampoco enferman. Su efecto principal, hasta tanto se concreten, es el previsto por su autor: la sociedad irá tomando nota de que el Gobierno está atemorizado por la tormenta que se avecina. Pero, contra lo que piensa -¿pensaba?- el esposo de la Presidenta, esa aproximación a la verdad, aunque tímida, es una saludable metodología.

Otra curiosidad tiene que ver con la política de personal del Gobierno. La llegada de Débora Giorgi al gabinete puede entrañar alguna sorpresa, sobre todo para el matrimonio, que suele contratar sin preguntar. En Giorgi no cabe buscar a una sacerdotisa de la ortodoxia. Pero tampoco se la puede confundir con una amante de las regulaciones -tal vez sí de los subsidios- o con alguien fóbico a las empresas y al mercado. Sin ir más lejos, su familia es gente de negocios. Quienes la conocen aseguran, además, que carece de esa docilidad promedio que tanto aprecian los Kirchner en sus subordinados. Un rasgo de carácter que tal vez prometa novedades para Guillermo Moreno o Ricardo Echegaray, quienes desde Comercio Interior o la Oncca deberán interactuar con la nueva responsable de la política agropecuaria, por ejemplo. En otros términos: Cristina Krichner dispondrá, si lo desea, de una visión de la microeconomía distinta de la que le proponen las ocurrencias de Moreno. El enigma es, por supuesto, si lo desea.

Nuevo núcleo de poder

La nueva ministra es, además, la expresión de un recorte de poder interno. Giorgi está aliada al ministro del Interior, Florencio Randazzo, desde que ambos integraban el equipo de Felipe Solá, en La Plata. Su incorporación recibió también el impulso de Miguel Peirano, hoy presidente del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y, hasta noviembre de 2007, ministro de Economía. Es sencillo: la señora de Kirchner le había ofrecido a Peirano, varias veces -la primera fue durante un viaje a Brasilia-, la cartera que tenía pensado crear. Pero él rechazó la invitación y avaló a Giorgi. Peirano, Randazzo, asociada a ellos Giorgi, y Amado Boudou, el interventor de la Anses, funcionan hoy como un núcleo operativo que reporta a Kirchner, que recuperó el poder que había perdido con su derrota frente al campo. La víctima de esa reconstrucción es Sergio Massa, a quien el ex presidente preferiría en la intendencia de Tigre.

El grupo al que se integró Giorgi prepara nuevas medidas para evitar el shock recesivo. Se trata de potenciar el BICE como banco de segundo grado, a través del cual se fondeen créditos que comercializaría la banca privada. A través de licitaciones las entidades accederían a los recursos incautados a las AFJP según las condiciones -sobre todo la tasa de interés- que ofrezcan.

El respaldo al BICE, que ya cuenta con una ingeniería de análisis de crédito, tal vez acote el margen de error -y de escándalo- que supone convertir la Anses en una especie de caja que presta fondos a ojo de buen cubero, como ocurre en estos días.

Estas variaciones no suponen una revolución. Sin embargo, la presunción de que con una rebaja en los aportes patronales se podría estimular la actividad económica y la creación de empleo tiene un sesgo conceptual que sugiere, de nuevo, que a los Kirchner hay que tomarles el pulso. Sobre todo porque el anuncio fue realizado ante una corporación empresarial y supuso una mínima desautorización a Hugo Moyano, que, a contramano de la Presidenta, reclama aumentar el costo laboral implantando la triple indemnización.

Tampoco las novedades han sido tan grandes. El blanqueo impositivo y, sobre todo, la moratoria tributaria y laboral fueron materia de negociación con la UIA en los dichosos días de aquel Acuerdo del Bicentenario que nunca llegó. Por eso llamó la atención que, al anunciarlos, la señora de Kirchner no recibiera un solo aplauso de los industriales reunidos en Pilar. Apenas los entusiasmó con el Ministerio de la Producción. Ellos, como siempre, esperan la devaluación. Pero todo lo que Kirchner está haciendo es para evitar esa novedad.

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