El índice de precios de Boudou puede marcar a fuego su gestión

Por: Daniel Fernández Canedo

Ya se conoce como "índice Boudou" y se espera con expectativa.

El miércoles próximo el INDEC difundirá el aumento del costo de vida en julio y el dato cobra relevancia.

Para el ministro de Economía se trataría de una bala de plata. Pero por ahora no dio señales de cambio.

Si la medición Boudou se acerca a la de los privados, tal vez despierte la idea de que es posible pensar en algún cambio de las desacreditadas estadísticias oficiales.

Según el estudio de Melconián y Santángelo el mes pasado la inflación fue de 1,3%, según el de Miguel Bein, 0,9%; cualquier resultado oficial que se acerque tendría chances de iniciar el sendero para recuperar credibilidad.

A diferencia de otros años, ahora será el INDEC el que deberá acercarse a los privados y, curiosamente, puede ser un buen negocio político para el titular del Palacio de Hacienda.

Empezar a ganar credibilidad le permitiría jugar una carta en el intento de evitar el blanqueo inflacionario de los últimos años.

Los desajustes estadísticos fueron notables y como ejemplo basta tener en cuenta que para el INDEC los alimentos, que representan el 37% en el índice del costo de vida, sólo subieron en un año 1,7%.

La mayoría de las familias argentinas puede dar testimonio de otra realidad.

Mientras que las estadísticas oficiales dicen que la inflación acumulada desde diciembre de 2006 no llega a 20%, para los privados supera el 50%.

Dejar en el "olvido" 30 puntos de aumento del costo de vida puede ser un premio lo suficientemente potente para un Gobierno que ya debió reconocer que los problemas estadísticos son un talón de Aquiles. Otro, y de gran peso, son las retenciones a las exportaciones del campo.

La semana próxima, seguramente, el Congreso pondrá sobre la mesa las facultades delegadas y, por tanto, la capacidad para fijar derechos de exportación.

La clave de la discusión serán las retención que se aplican a las exportaciones de soja, transformadas para Gobierno y oposición en un botín de guerra.

Desde la Casa Rosada ya adelantaron que no piensan bajarlas del 35%. Argumentan que una baja haría más rentable sembrar soja y favorecería la tan cuestionada "sojización".

El radicalismo propondrá que la retención baje a 25% y que se fije una escala que elimine el gravamen para los productores más chicos.

El diputado Oscar Aguad, jefe de la bancada de la UCR, argumenta que las retenciones a la soja representan 10% de la recaudación total y que no puede ser que se piense que una rebaja del gravamen vaya a afectar la gobernabilidad.

Al Gobierno, hoy cualquier peso que pueda recaudar le viene bien y saca cuentas para cobrar 35% sobre un precio de la tonelada de soja que creció 10% en una semana y está en 431 dólares, un nivel redituable.

Con ese precio y el aumento del área sembrada que se proyecta, también cabe pensar que el Gobierno podría bajar las retenciones sin perder recaudación.

Mientras tanto, funcionarios que tuvieron contacto con el ex presidente Kirchner destacan que son pocos los cambios que preve en materia económica.

Dicen que no cree en la necesidad de bajar el gasto público, pese a que la recaudación crece poco, y que piensa más en cómo conseguir financiamiento en el mercado doméstico que en el exterior.

Boudou empezó a darle forma a la colocación de un bono entre los bancos locales en su estrategia para que la Argentina vuelva a conseguir financiamiento en forma voluntaria.

El camino es largo y debería incluir una propuesta para los bonistas que no entraron al canje de la deuda y, otra al Club de París. Todo eso sin mencionar en público la posibilidad de llegar a algún acuerdo con el FMI.

Boudou hasta ahora se presenta como un ministro de intenciones pero de márgenes inciertos. Es por eso que el resultado inflacionario de julio cobra relevancia.

Entre tanto, en la Argentina de los bandazos donde una tarifa de un servicio publico puede estar congelada por años y, de pronto, subir 400% y que el Gobierno acepte las dos cosas como buenas, hay hechos naturales que causan sorpresa.

Un caso fue el pago de US$ 2.250 millones para saldar los vencimientos de capital y renta de los Boden 2012.

El desembolso llamó la atención y fue destacado por el Gobierno cuando, para el mundo, la posibilidad de pagar una deuda es casi incomprensible. El pago mejoró el clima financiero, dejaron de salir capitales y hasta el Banco Central, pudo volver a comprar dólares. Una brisa a favor en tiempos de cambios.

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