El índice de los calzoncillos.

Por M. Caparrós.

La incomprensible jugada política de Kirchner: alienta la polarización en Buenos Aires y favorece a De Narváez, que busca concentrar el voto anti-K. Scioli y Massa presionan por una vuelta a la estrategia de campaña original, para cuidar la ventaja en la provincia. La política económica poselectoral. Se vuelven a vender calzoncillos: ¿la salida de la recesión está cerca?

Daniel Scioli, Sergio Massa y Alberto Fernández coinciden en que, pese a todas las advertencias, Néstor Kirchner cometió el peor error político de la campaña: identificó a su adversario. Señaló un enemigo al machacar desde Olivos con la investigación del juez Faggionatto Márquez sobre Francisco de Narváez por la causa de la efedrina y fogonear las notas publicadas por medios oficiales con mails chupados por la SIDE y denuncias de evasión a pocos días de los comicios. A fuerza de declaraciones dedicadas al diputado empresario, convirtió a De Narváez en el líder del antikirchnerismo e inicio un proceso de polarización que hasta hace dos semanas no se verificaba en las encuestas.

"El nuestro no es un partido político, es una iglesia de fieles. Tenemos un piso electoral asegurado y un techo que tampoco se mueve. Nuestra estrategia era que la oposición se dividiera los votos. Había que hablar de lo que hicimos y no hablar mal de nadie. Teníamos que evitar que De Narváez le robara votos a Stolbizer, cosa que empezó a suceder", se lamenta un hombre muy escuchado en el armado electoral del kirchnerismo.

Según comentan en despachos oficiales, hasta hace dos semanas, la encuestas mostraban una diferencia de entre diez y doce puntos sobre De Narváez, que incluso podía verse amenazado por el impulso de la fórmula de Stolbizer-Alfonsín tras el efecto que generó en la opinión pública el fallecimiento del ex presidente radical. La ventaja, siempre según fuentes oficiales, todavía es holgada –más de seis puntos–, pero se habría achicado a la par del debilitamiento del Acuerdo Cívico y Social.

El jueves por la noche, Ricardo Alfonsín se cruzó con este periodista en un estudio de televisión. Su enojo, antes que con Cobos por su sorpresivo encuentro con De Narváez, apuntaba al propio Kirchner por alentar la polarización: "Hace dos años que sólo comete errores; como político es un bruto", comentó fuera de cámara.

Alberto Fernández salió a marcarle públicamente un límite a lo que califica como una incomprensible jugada de Néstor: dijo que la citación del juez dos semanas antes de las elecciones era una "operación dañina, innecesaria e inútil". José Scioli, hermano del gobernador y secretario general de la gobernación, hizo lo propio: adviritió que el juez "embarra la cancha". Massa y Scioli, candidatos testimoniales pero candidatos al fin, mascullaron bronca en privado. Y forzaron un cambio de discurso, que esperan que el ex presidente y sus dos espadas mediáticas, Florencio Randazzo y Aníbal Fernández, cumplan hasta las elecciones. De aquí en más el compromiso es volver al leitmotiv de la campaña: "Nosotros hacemos", mientras "la oposición en general (sic) sólo se dedica a criticar sin propuestas". Habrá que ver si Kirchner acepta mansamente el guión. Pero también, del otro lado, si De Narváez, aprovechando la ayudita, logra encaminar el "voto últil" anti-K, polarizando completamente la elección en su tramo final y aspirando los votos de Stolbizer- Alfonsín. Los analistas aseguran que es difícil porque los intendentes radicales tienen un voto cautivo en el interior de la provincia, que no cortaría boleta con la fórmula del PJ disidente. Pero varios de esos intendentes se alinean con Cobos, de quien nunca se sabe cuál será su próxima jugada. Como sucede con Kirchner.

El día D. En todas las reuniones empresarias, se sigue descontando un triunfo –ajustado– de Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Pero aun en ese escenario victorioso en el principal distrito del país, en el propio oficialismo pronostican dos años y medio ásperos por delante.

"Aun ganando Néstor va a haber un planteo de los gobernadores sobre quién es el dueño del poder. El peronismo debatiendo el poder no es el mejor escenario para recuperar la confianza en el peso y en la economía", dice un ex funcionario que conoce a Kirchner como pocos. "Vengo de recorrer las provincias del norte del país y no existe un solo cartel de Néstor o Cristina en la campaña. Cada gobernador va con candidatos propios y con su propia imagen", agrega.

En su opinión, la liga de gobernadores garantiza tranquilidad institucional pero no despeja la incertidumbre económica. La desconfianza va a seguir igual que ahora, concluye.

En el escenario poselectoral, el titular de la ANSES, Amado Boudou, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, asoman como los dos economistas en quienes confía Kirchner para llevar adelante la política económica. Como ya se dijo en esta columna, ambos funcionarios promueven un proyecto de ley de autonomía del INDEC para anticiparse a los proyectos de la oposición a partir de diciembre, pero también para recobrar la credibilidad en las estadísticas oficiales.

Reformar el INDEC sería un requisito para –segunda coincidencia– explorar fuentes de financiamiento externo, ya sea acercándose a un FMI que no estableciera condiciones o negociando un swap de monedas con la Reserva Federal, como ya hicieron Brasil y México. Los créditos aprobados esta semana por el Banco Mundial, por U$s 1.290 millones, servirán para evitar realizar pagos netos al organismo, por primera vez desde 2003. Y son la mejor prueba de que, con tal de conseguir dólares frescos, el Gobierno está dispuesto a bancarse los documentos de los burócratas de Washington, que esta vez criticaron las estatizaciones locales y hasta advirtieron sobre "la percepción de elevados niveles de corrupción" o el riesgo de que la ley de blanqueo abra una puerta al lavado de dinero.

A diferencia de Redrado, que todavía se ilusiona con que los argentinos vuelvan a apostar al peso con políticas "amigables", Boudou es menos optimista y considera que, dada la impresionante fuga de capitales del último año y medio –más de U$s 21 mil millones–, habrá que avanzar en diversos mecanismos de "control de capitales", para ahorrar divisas y minimizar la pérdida de reservas del Banco Central.

Algo parecido viene aplicando en las últimas semanas con su peculiar estilo Moreno al autorizar sólo importaciones de firmas que exporten por el mismo valor. El riesgo es profundizar el ajuste en la producción de empresas que requieren insumos importados y venden mayormente en el mercado doméstico.

Otra diferencia apunta a la intervención estatal. Como Boudou considera que será casi imposible en el corto plazo volver a reconstituir un mercado de crédito privado, propicia un mayor avance del Estado, con los fondos de la ANSES, para motorizar préstamos, direccionar inversiones y tomar el control de compañías en dificultades.

En cuanto al dólar, desde septiembre del año pasado, Boudou presionaba en la interna oficial para que Redrado llevara el dólar hacia arriba más rápido. Sin embargo, hoy coinciden en que, con la fuerte apreciación del real de los últimos meses y la soja arriba de U$s 450 la tonelada, la cotización actual es la correcta, y que en el futuro el tipo de cambio debería acompañar, a lo sumo, la inflación.

Calzones. Desesperados por encontrar los llamados "green shoots" o los "verdes retoños" de una economía que puja por salir de la recesión, los economistas en Estados Unidos discuten por estos días sobre la ventas de calzoncillos. Gracias a Rollo –uno de los economistas bloggers más ingeniosos, Lacienciamaltdita.blogspot. com– me entero que Alan Greenspan, ex titular de la Reserva Federal, fue uno de los precursores de la teoría que sostiene que para saber hacia dónde marcha la economía hay que posar la mirada ahí, justamente. La idea es que, entre los sectores medios y medios bajos, calzoncillos es una de las primeras cosas que se dejan de comprar cuando la economía empieza a declinar. Después de todo, en general, su deterioro no es algo que pueda causar mala impresión en el trabajo u otros ámbitos de la vida cotidiana. A su vez, "la venta de ropa interior masculina está entre las primeras variables en recuperarse apenas retorna el crecimiento y los consumidores se sienten lo suficientemente confiados para superar la frugalidad", explica Marshal Cohen, analista jefe del NPD Group, consultora especializada en comportamiento del consumidor.

Pues bien, en un país con las estadísticas garabateadas por Guillermo Moreno, tal vez sea interesante fijarse en esta suerte de "Eyelit index" para saber hacia dónde apunta el consumo. Consultado por este diario, Gerardo Mociulsky, presidente de Eyelit, brindó el siguiente panorama: "La baja de ventas minoristas empezó en octubre y se extendió hasta abril, con una caída respecto de igual período del año anterior del orden del 15 por ciento. Pero, desde mayo, las ventas mejoraron y el mes cerró con un nivel similar a mayo de 2008. Esperamos ver qué sucede en junio (sin contar la estacionalidad típica por el Día del Padre), para saber si se consolida la tendencia a la recuperación", afirma el empresario.

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