Independiente mostró el carácter que pidió Gallego y volvió al triunfo

Venció 2-1 a Huracán en el Ducó y dejó atrás una semana caliente. Había arrancado abajo por un gol de De Federico, pero lo dio vuelta con tantos de Mancuello y Montenegro.
"Me da vergüenza que no tengan vergüenza" y "a mí no me importan los nombres, voy a tener que cortar cabezas de entrada" son frases que un técnico, según los famosos códigos del fútbol, no les puede decir en público a sus jugadores. Están mal vistas y van en contra de lo que piensan muchos, que los problemas se solucionan puertas para adentro. Ahora, cuando un equipo pasa de ser vapuleado 5-1 por Lanús a darle vuelta un partido y vencer con justicia a Huracán, una de las revelaciones del torneo, el interrogante vuelve a reflotar. ¿Hizo bien Gallego en retar públicamente a sus dirigidos? Sería oportunista afirmar que sí, aunque por lo visto en Parque Patricios el mensaje llegó. No fue una gran actuación del Rojo, ni mucho menos. Sufrió y durante muchos minutos fue claramente superado por Huracán, pero esta vez sobró sacrificio, entrega y esa "vergüenza" futbolística que reclamó el DT y festejó con todo el 2-1, que le devuelve la ilusión y le da algo de respiro.

Más allá de las respuestas futbolísticas que tuvo para dar vuelta un partido que había empezado de la mejor manera, Independiente mostró una capacidad de reacción que no tuvo a lo largo del torneo. Ese gol de De Federico, a los 9', tras una jugada marca registrada de este Huracán de Cappa, hizo pensar en otra tarde difícil para el Rojo. Pero enseguida apareció Mancuello, aprovechó una mala salida de la defensa del Globo y sacó un zurdazo desde afuera del área que se clavó arriba y dejó sin chances a Monzón.

No se conformó Independiente. Quizás presionado por las palabras de Gallego siguió mordiendo en el medio, no dando por perdida ninguna pelota, y volvió a tener su premio rápidamente. A los 13', Machín trepó por derecha y sacó un centro preciso para la llegada de Montenegro, quien se metió muy solo dentro del área y, de cabeza, le ganó el duelo a Monzón. El Rolfi, respetuoso con la gente de Huracán, no lo gritó. De todas formas, los hinchas que al principio del partido lo aplaudieron, terminaron silbándolo.

Con el resultado a su favor, Independiente eligió retrasarse unos metros y esperar a Huracán. Y el equipo de Cappa fue con la receta de siempre. Tuvo, a través de De Federico, dos buenas oportunidades para igualar, pero el enganche falló en el toque final. También es cierto que pudo aumentar el Rojo, pero el juvenil Mazzola no logró concretar.

Seguramente en el entretiempo Gallego no tuvo palabras tan duras con sus jugadores como luego del partido con Lanús. Pero la actitud siguió siendo la misma que en los primeros 45 minutos, si bien el dominio fue de Huracán. Y acá radica la cuestión: muchas veces el rival es superior por juego y por actitud. Esta vez, el Globo fue superior por juego, no por actitud.

Contó con muchas situaciones para empatar Huracán: un tiro libre de César González, dos apariciones de De Federico que complicaron a Assmann, un zapatazo de Arano que reventó el palo y un cabezazo del Maestrico que se fue cerca. Hasta con diez hombres –fue expulsado Eduardo Domínguez por doble amarilla- Huracán dominó a Independiente. Pero no hubo caso. Festejó Gallego, festejaron los jugadores y con estos tres puntos, parece, no habrá caras largas en Domínico durante la semana.

"Me voy contento porque ahora puedo mirar a la gente cuando me pare en un semáforo. Teniendo en cuenta que ganamos viniendo de una derrota abultada, me tengo que ir conforme, pero quizá hubiese sido justo un empate", dijo Gallego antes de irse del Ducó. Hace bien el Tolo en reconocer que Huracán jugó mejor. Y en no arrepentirse de lo que dijo en la semana: "Creo que los jugadores entendieron el mensaje", afirmó. Hoy, quedó claro, que a veces es bueno ser directo.

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