La increíble tentación de echarle la culpa al otro

La increíble tentación de echarle la culpa al otro

Tres eventos marcaron la crisis en el deliberativo de los últimos 12 meses. Teorías conspirativas y terquedad para asumir errores son denominadores comunes. ¿Cuál será el final de la crisis de los reemplazos irregulares?.

En los últimos 12 meses se desató una crisis sin antecedentes en el Concejo Deliberante. Resulta llamativo que el radicalismo haya estado en el centro de la escena en los tres incidentes claves de esta sucesión de desatinos, no precisamente por tener iniciativa política o “capacidad de fuego”, sino por no saber salir de los problemas que, en la mayoría de los casos, ellos mismos generan mientras otros alimentan.

Todo comenzó con la famosa historia del video de Vilma Baragiola. Desde el radicalismo local argumentaron que era una “cama”, en otras palabras, una acción organizada para menoscabar la imagen de Baragiola. Sin lugar a dudas la historia fue aprovechada por el oficialismo y otras fuerzas políticas pero imaginar la premeditación de la “jugada” es improbable, y de existir tal diseño de inteligencia, la sola presencia y algunos comentarios de las máximas autoridades del Concejo Deliberante transforma en irrelevante la planificación argumentada.

Las autoridades partidarias presentaron una denuncia penal ante los primeros rumores y esa denuncia terminó desatando la tormenta. En el medio del temporal todo fue confuso y desde el radicalismo hablaron de “golpe institucional”. La historia terminó con la destitución de Baragiola, desgaste de imagen incluido y escándalo en la sesión, y la asunción de otro radical al frente del Concejo.

Vale la pena destacar que esta alternativa, la de designar otro radical, fue manejada por algunos concejales de otros bloques desde el comienzo de la crisis y según confirmaron fuentes cercanas a los distintos bloques fue sugerida a operadores del radicalismo quienes optaron por la “resistencia”.

Cuando parecía que todo volvía a la normalidad los bloques del Frente Renovador, Frente para la Victoria y Acción Marplatense, comenzaron por lo bajo a expresar que no querían la continuidad de Maiorano en la presidencia del deliberativo. Desde el radicalismo argumentaban que tramaban un “pacto de impunidad”.

Los comentarios y las notas periodísticas debieron servir de advertencia ya que nadie dice algunas cosas en público si no existe una negociación posible en privado. Pese a la resistencia de los demás concejales, el bloque radical insistió en el nombre de Maiorano. Pero no fue esa la gota que rebalsó el vaso; el Frente Renovador terminó de romper puentes al momento de conocer la designación de algunas personas de confianza del presidente del Cuerpo en cargos que dependían de su firma.

No solo hay que serlo sino parecerlo, más aún en política y en este clima de fragilidad. Seguramente las personas designadas están capacitadas para llevar adelante los cargos en los que fueron nombrados y también el radicalismo tenía derecho a decidir el nombre a proponer para ocupar la presidencia, pero ante tantas advertencias se debieron, al menos, cuidar las formas y tomar algunos recaudos.

Acción Marplatense tomó las riendas del Concejo sin mayores costos externos que pagar.  El desgaste de la imagen del Concejo, como cuerpo político es tal, que a esta altura los “dimes y diretes” resultan poco atractivos para la ciudadanía.

Se esperaba un poco menos de virulencia deliberativa, pero casi de casualidad, las nuevas autoridades del Concejo descubrieron que no existía una excusación formal de la concejal suplente Rosana Morrone que le permitiera al radical Gonzalo Quevedo asumir frente a posibles licencias de los ediles Abad y/o Rodríguez. Morrone integró la lista que surgió del acuerdo entre el radicalismo y De Narvaez en el 2011, de más está decir que no responde al radicalismo.

La respuesta fue tan pobre como la nota presentada y convalidada para disponer los reemplazos. En una reunión de labor deliberativa se presentaron mensajes de whatsapp que comprobarían que Morrone estaba en conocimiento de las licencias y justificaba sus ausencias. Frente a esos mensajes la implicada presentó una nota en el Concejo desconociendo todo este mecanismo informal y deslizando que el radicalismo hizo uso y abuso de la falta de comunicación oficial con el objeto de designar a un hombre de sus propias filas en esa banca.

Nuevamente los errores políticos se mezclan con las cuestiones personales y en los últimos días se han escuchado en los pasillos discusiones subidas de tono de las que difícilmente se tenga retorno.

Algún desprevenido o interesado seguramente leerá alguna tendenciosidad en esta nota, lo cierto es que no se han incluido en el repaso de escándalos algunas cuestiones que consideramos fuera de la órbita deliberativa, ya que no pretendemos justamente propagar conflictos y alimentar el desprestigio de un cuerpo que nos representa a todos. No se han abierto juicios de valor y ni siquiera se ha caído en rótulos propios de los noventas.

Lo cierto es que en los tres conflictos descriptos el radicalismo tuvo (en uno de ellos tiene) elementos para evitar la colisión.

En el caso del video, un pedido de licencia y un rápido reemplazo hubieran permitido a Baragiola intentar volver a la presidencia con un fallo judicial favorable y también hubieran evitado el desgaste de la concejal. Desde ya que las otras fuerzas políticas hicieron uso y abuso de esta situación. Frente a la terquedad del radicalismo aprovecharon para prolongar el escándalo.

En el caso de la presidencia, un cambio de nombres propios y la modificación de algunas conductas, hubieran complicado al interbloque ocasional que conformaron el Frente para la Victoria y Acción Marplatense a la hora de forzar el cambio de signo político en la conducción. Más allá de buscar culpables, se debieron conseguir aliados.

El caso de los reemplazos irregulares pone al radicalismo frente a otro desafío. ¿Debe un bloque desgastado dar una pelea perdida de antemano buscando responsables dentro y fuera de la órbita política?. La sensatez indica lo contrario, una vez más una autocrítica sentida y responsable evitaría prolongar una situación poco deseada. Deben entender que en política se tienen que tomar decisiones y recuperar la iniciativa por el bien propio. También por el bien de todos los que somos representados en el Concejo Deliberante.

Al radicalismo le llegó la hora de mirar puertas adentro, encontrar responsables y dejar de buscar culpables. Solo de esa manera quedarán en evidencia, si es que existen, aquellos que intentan montar estas situaciones. En relación a los se aprovechan de los errores de otros, por esas cosas de la política, estos suelen ser protagonistas de la historia y hasta han ganado elecciones.

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