La incredibilidad del INDEC

Por: Ricardo Kirschbaum

Los reparos de profesores titulares de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires a este INDEC son, en resumen, de confianza y de credibilidad. Esas dudas sobre la calidad y transparencia de la base de datos estadísticos cargados para obtener, por ejemplo, el índice de inflación los hizo recomendar que la UBA no se involucre en las comisiones asesoras académicas del cuestionado Instituto.

Otra vez está en debate una cuestión fundamental para las estadísticas estatales y, de nuevo, se pone en debate una cuestión que el decreto presidencial sobre el INDEC se esmeró por dejar fuera de la polémica: los datos y la metodología sobre los que se construyen los cálculos oficiales.

Los profesores piden el cumplimiento de requisitos imprescindibles para revisar su negativa a integrarse, con otras universidades nacionales, a las comisiones asesoras. Piden que previamente "exista confiabilidad en la calidad de la información básica, lo cual depende de los estándares de objetividad y profesionalismo que se utilicen en su captación y procesamiento".

La Presidenta, en el decreto de traslado de dependencia del INDEC dentro del Ministerio de Economía, había defendido la "consistencia" del trabajo del Instituto, que es precisamente lo que impugnan los profesores universitarios. Hay, como se ve, una diferencia gruesa entre la necesidad de generar hechos políticos y las exigencias de los especialistas, quienes alertan así sobre el mantenimiento de los factores que han producido esta crisis de confiabilidad.

Lo que importa son los hechos concretos. Estos han sido una cadena de ratificaciones de la política seguida hasta aquí, maquillada con actos que sólo le han servido al Gobierno para ganar tiempo. Los problemas, en tanto, siguen sin solución.

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