Un incierto shock de confianza

EL GOBIERNO TIENE DIFICULTADES PARA TORCER LAS EXPECTATIVAS ECONOMICAS
Sobran dudas, todavía, de que el paquete de anuncios vaya a provocar el shock de confianza que el Gobierno pretende. O si se prefiere, que pueda dar vuelta las expectativas adversas que hoy cruzan el escenario económico: las autogeneradas por el kirchnerismo y las que vienen de la fenomenal crisis en el mundo desarrollado.

Tal vez haya una sobredosis de pesimismo en ciertos sectores y en los datos que circulan en conciliábulos de economistas, pero también suena a excesivo un pronóstico que se le atribuye a Néstor Kirchner. "Ahora las encuestas nos van a dar para arriba", era su impresión cuando empezó la seguidilla de anuncios.

Según comentario de fuentes cercanas al poder político, luego del paquete de obras públicas de esta semana el Gobierno encargó una encuesta telefónica rápida sobre 300 casos. El resultado fue que cerca del 80 % no creía en el plan. Eso se llama desconfianza. Y se agrega a la que prevalece sobre la capacidad de gestión del Gobierno: muchas de las obras que ahora se reanuncian estaban retrasadas.

La incertidumbre y el parate del consumo están presentes en la ola de ofertas con descuentos que, en muchos casos, llegan al 20 %, casi como vender sin IVA. Deshacerse de stocks para hacerse de liquidez está la orden del día en el sector empresarial: plata en mano hasta que el panorama sea más claro.

Parte de lo mismo son los planes de inversión. Según un sondeo de SEL Consultores hecho entre 150 directivos de empresas líderes y medianas, sólo un 23% proyecta aumentar la inversión contra 42% que prevé reducirla o directamente no mover nada; a comienzos del año la misma encuesta arrojaba más respuestas positivas que negativas.

Además, se achicó el horizonte de previsibilidad. Hoy las inversiones se planean a poco más de un año, contra los tres de 2006, los 2,7 de 2007 o los 2,5 de principios de 2008. En la interpretación de la consultora, un horizonte de apenas un año no es compatible con una tasa de retorno normal; significa inversiones chicas, de cortísimo plazo, con la expectativa de un recupero rápido de la plata.

La traducción directa del sondeo es desconfianza ante los movimientos espasmódicos del Gobierno. Un cuadro donde pesan más los factores internos que la crisis internacional.

En ese escenario de políticas defensivas y conservadoras acentuadas entra, también, un dato clave del momento económico: la fuerte salida de capitales, arriba de 20.000 millones de dólares en lo que va del año. Implica, a la vez, mayor astringencia del crédito.

Así, en cualquier momento pueden sobrevenir medidas de control de capitales: formales, pues de hecho ya existen. Las normas vigentes permiten a las empresas girar al exterior hasta 2 millones de dólares mensuales, pero Guillermo Moreno ha taponado el circuito: sin mayores explicaciones, según su estilo, el método Moreno es literalmente "no pueden hacer eso".

Por las intervenciones del funcionario, las operaciones de palacio y los telefonazos que todo el tiempo llegan desde Olivos, ya es comidilla en el mercado que el Banco Central se ha convertido en un "hervidero". Así nadie crea en un relevo de Martín Redrado.

Está claro que el paquete de anuncios oficiales, incluido un inminente plus salarial, busca remontar la visible retracción del consumo. Aunque la incertidumbre sobre el futuro pega en la decisión de tomar deudas. Y las deficiencias en la implementación meten dudas y hasta remiten, en el imaginario de la gente, al memorable plan inquilinos.

Pero si es por las proyecciones que brotan en conciliábulos de economistas privados, las perspectivas para 2009 pintan de regular para mal. Calculan un crecimiento 0 del PBI o una caída del 1%.

A menos que las medidas cambien el cuadro, aunque más no sea en parte, eso significa ninguna creación de empleo o llanamente, destrucción de puestos de trabajo. Con efecto directo en el sector más expuesto al desempleo, desatendido en los anuncios y sin plan anticrisis específico: el de los trabajadores en negro, que representan nada menos que el 43% de la fuerza laboral del país.

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