Incertidumbre y tensión en el cierre de campaña en Irán

Fuertes acusaciones entre Ahmadinejad y el reformista Moussavi; no hay un claro favorito
TEHERAN.- Decenas de miles de iraníes se lanzaron ayer a las calles en el cierre de una agria campaña electoral, que concluyó con fuertes acusaciones cruzadas, sin un claro favorito y con el electorado dividido entre quienes apoyan al presidente Mahmoud Ahmadinejad y aquellos que anhelan una nueva era de apertura en la República Islámica.

Ni la lluvia que cayó con fuerza ayer amilanó a los iraníes, que un día más aprovecharon la mayor libertad que concede el proceso electoral para manifestarse, tal como lo hicieron de manera sin precedente, a lo largo de esta campaña.

A pocas horas de los comicios, no son muchos los que se animan a hacer un pronóstico, ya que todo apunta a un resultado muy ajustado, que podría desembocar en una segunda vuelta. En un país donde los sondeos no son confiables, las previsiones dan como favorito al presidente ultraconservador, seguido muy de cerca por el reformista Mir Hossein Moussavi. A mayor distancia están el también reformista Mehdi Karroubi y el conservador Mohsen Rezai.

La presencia de cuatro candidatos dificulta que uno de ellos pueda lograr más del 50% de los votos emitidos y válidos que se exige para ser proclamado en primera vuelta. Todo dependerá, en última instancia, del índice de participación, que según las autoridades "será récord".

Acto en Teherán

Ahmadinejad, que podría convertirse en el primer presidente de la historia reciente de Irán en no ser reelegido, cerró ayer la campaña con un acto multitudinario en la universidad Sharif de Teherán, en el que volvió a atacar a sus rivales.

Moussavi y los otros dos candidatos sostienen que Ahmadinejad ha mentido sobre el estado de la economía. El mandatario les respondió ayer que habían quebrantado las leyes que impiden insultar al presidente. "Nadie tiene derecho a insultar al presidente, y lo han hecho. Y eso es un delito. La persona que insulta al presidente debería ser castigada, y el castigo es la cárcel", dijo a sus seguidores. "Tales insultos y acusaciones contra el gobierno son una vuelta a los métodos de Hitler, repiten mentiras y acusaciones hasta que todo el mundo cree esas mentiras", añadió.

El presidente de línea dura ha acusado a los seguidores de Moussavi, entre ellos al ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani, de corrupción. Rafsanjani respondió indignado e instó al líder supremo de la República Islámica, el ayatollah Khamenei, a que frene a Ahmadinejad.

Rafsanjani le pidió a Khamenei, como "amigo, compañero y camarada de armas de ayer, hoy y mañana", que resolviera "el problema" y tomara las medidas necesarias "para terminar con este motín [de Ahmadinejad] y apagar el incendio cuyo humo ya se ve".

Tanto Moussavi como Karroubi amenazaron con destapar los posibles casos de corrupción del gobierno de Ahmadinejad si resultan elegidos. Moussavi cerró su campaña en la Universidad del Lorestán, en el oeste del país, donde pidió a los electores que acudieran a las urnas para evitar "la destrucción del país".

"Nos hemos reunido aquí, y en todo el país, porque no queremos un Irán destruido", dijo ante una multitud enfervorizada. Una vez más, Moussavi criticó con dureza la política exterior y la gestión económica de Ahmadinejad. "Usted no puede hablar de administrar el mundo cuando es incapaz de gestionar su propio país", dijo con sarcasmo.

La esposa de Moussavi, Zahra Rahnavard, se ha convertido en la inesperada estrella de la campaña, en la que participa activamente. Pintora y académica, Zahra Rahnavard contribuyó a que el tema de los derechos de la mujer -que compone la mitad del electorado- figure de manera prominente en la agenda política.

Tanto los argumentos de Ahmadinejad, que han terminado de fracturar política y socialmente el país, como el contraataque de sus rivales, obligaron al poder judicial a advertir que este intercambio de acusaciones puede constituir un delito.

Moussavi cuenta con el respaldo de buena parte de la juventud de las ciudades, que exige mayores libertades. Ahmadinejad, por su lado, confía en que el apoyo de los sectores más populares que lo eligieron hace cuatro años se mantenga. Según los expertos, será la economía, que durante el mandato de Ahmadinejad ha sufrido un gran deterioro, la que finalmente decante el voto.

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