La incertidumbre sale cara

Por: Alcadio Oña

Entre 2008 y 2009, la Argentina acumuló un superávit comercial de 29.578 millones de dólares. Y si nada de eso se notó en las reservas del Banco Central, fue porque la fuga de capitales se comió, limpita, semejante montaña de divisas. Seguramente, los funcionarios alegarán que fue un subproducto de la crisis internacional. Y omitirán por completo la enorme contribución del Gobierno, pues aquí también pesó fuerte la incertidumbre creada por el kirchnerismo.

La salida de fondos del sistema financiero empezó a frenarse hacia el último trimestre del año pasado. Y si este proceso continúa, el superávit comercial cercano a los 15.000 millones que se calcula para este año podría aportarles unos 7.000 millones a las reservas del Central.

Sería una buena noticia, acompañada esta vez por el aflojamiento de la crisis externa. Salvo que el Gobierno vuelva a embarrar la cancha. Hace tiempo que las decisiones oficiales son consideradas un factor de riesgo, que determina comportamientos financieros de empresas y particulares. Así, no sobran garantías de que eso que ahora pinta bien no cambie de color más adelante.

El dinero que sale del sistema equivale a inversiones que se pierden y a consumos no realizados, o sea, pega en la economía y el empleo. También se manifiesta en presiones cambiarias y fuerza al Central a vender reservas para sofocarlas, como ocurrió durante estos últimos años.

Nada menos que por todo eso la confianza es un dato crucial. Lo mismo pasa, aunque al revés, con la desconfianza.Se sabe hace tiempo: el capital es cobarde. Y también, que las decisiones políticas deben incorporar los efectos probables: basta con ver lo pasó con el caso Redrado y el uso de las reservas.

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