"La incertidumbre que hay es por lo que hace el Gobierno. No por los datos económicos"

El economista Roberto Frenkel asegura que el "modelo K" se quebró a partir de la intervención al Indec. Pide cambios en la forma de gestionar la política.
La opera y la economía son las pasiones de Roberto Frenkel. Será por eso que no duda en calificar a la actual coyuntura económica como "una comedia de enredos". Expertise para hacerlo no le falta. Formó parte del Gobierno de Raúl Alfonsin como jefe de asesores del ministro de Economía, Juán Vital Sourrouille. Mordaz crítico de la convertibilidad, pasó más tarde a asesorar a un tocayo en su paso por la cartera económica: Roberto Lavagna. "Se puede decir que tengo bastante experiencia con gobiernos", comenta Frenkel entre pipa y pipa en esta fría tarde de otoño porteño frente a Weekend. Lavagna trató de tentar al entonces director del Banco Provincia para incorporarse a su equipo, convite que el hoy devenido investigador (CEDES) y profesor de instituciones académicas nacionales (UBA, Universidad Di Tella, FLACSO-San Andrés) y extranjeras (California, Pavia, Madrid) rechazó. "Ya estaba cansado". Pero no tanto como para no seguir asistiendo a la gestión de Lavagna, mientras duró. Mencionado como miembro del grupo Fenix, Frenkel (Buenos Aires, 1943) no tiene tapujos para admitir que apoyó ("defendí, escribí, me peleé") los lineamientos del primer Gobierno Kirchner. Tampoco los tiene para rechazar hoy de plano y con palabras claras el curso económico de la segunda administración K y hacer un pronóstico más esperanzado que optimista para los próximos meses.

z Usted era uno de los que se consideraban cercano al Gobierno en 2003 y hoy la situación parece distinta. ¿Cómo lo ve?

- Dicho en criollo: uno llora por la leche derramada. Por lo que se dejó de hacer, que es lo que uno más lamenta. Yo apoyé el primer modelo. Me peleé. Escribí en los diarios sobre política monetaria, cambiara, qué había que hacer, discutí con el Central, con Economía. Defendí y contribuí para que se hiciera lo que yo creía que había que hacerse cuando estaba Lavagna. Entonces, estaba de acuerdo en lo esencial. Acompañé a Economía incluso hasta el Fondo Monetario Internacional para discutir por qué ese era un modelo razonable y sostenible para crecer.

z Modelo es un palabra muy usada en estos días ¿Cuál era el modelo?

- Era el esquema de tipo de cambio real alto, una situación fiscal holgada, aprovechando la reestructuración de la deuda, un mercado cambiario estabilizado. Y funcionó: los argentinos empezaron a gastar los dólares que habían comprado en 2001 en inmuebles, tierras. Íbamos bien. Ese, puede decirse que era el modelo. Pero llegó 2007 y empezaron a hacer macana tras macana. El modelo se quebró. La manipulación del Indec, negar la inflación de manera vía atestiguar la inflación sin combatirla financieramente. Ahí nos fuimos aislando financieramente.

z El Gobierno le dirá que ya estábamos aislados.

- No es cierto. Estábamos lejos de estar aislados. El primer bimestre del año 2007 era el mejor momento del mercado de los mercados emergentes. Y la Argentina, por momentos, llegó a tener un nivel en bonos más alto que los de Brasil. Por eso pusimos el control de capitales (2002). Como íbamos a estar aislados financieramente si implementamos un freno a la entrada de capitales. Los bancos de inversión, como el difunto Goldman Sachs, Merryll Lynch, traían clientes interesados en invertir. Nosotros teníamos constancia de eso porque nos pedían evaluaciones para esa gente. Lo que nos aisló financieramente fue la locura que hizo el Gobierno con el INDEC. Eso, desde el punto de vista de los inversores financieros, fue un semidefault o un default.

z ¿En qué sentido?

- Se "truchó" el indexador de la deuda de largo plazo en pesos. No sólo para el lado inversor sino también para la gente: a julio de 2007, ya empezó la salida de capital. Del día a la noche, la situación financiera externa cambió. Y del lado fiscal. Y eso que lo que había que hacer estaba claro, estaba en las pautas de Economía: el fondo anticíclico. Más razón había para hacerlo por lo que estaba pasando con los precios de los granos. Al fin y al cabo, nadie había esperado el boom que habían tenido desde 2006 el terrible aumento de los commodities agrícolas, del petróleo. Todo eso se debería haber ahorrado, como hicieron los chilenos. Y eso que estaba planteado, a copia de los chilenos. Pero no se hizo nada eso, sino todo lo contrario: siguieron las macanas como la 125, la nacionalización de las AFJP. Dos años antes, en 2005, yo ya había empezado a plantear que se hacía necesario un cambio de actitud diferente a la política antiinflacionaria. Mis artículos hablaban de que había que tomar la inflación como un problema serio y había que hacer una política fiscal contracíclica. Frenar la demanda agregada que estaba expandiéndose muy rápido.

z ¿Quiere decir?

- Si uno tiene una economía que está creciendo al 9% por el gasto privado, con el sector público creciendo en superávit, o sea operando en freno. En estas circunstancias, ¿a quién se le ocurre empezar a gastar para que la economía se expanda más rápido? Pero pasó y aceleró la inflación. Es muy simple, las economías no pueden crecer al 20%. Hay razones técnicas que hacen que sea imposible una tasa de reproducción de esa magnitud. Cuando uno impulsa la demanda agregada nominal sin límite como lo hizo el Gobierno entre 2006, 2007, la inflación se acelera. Eso no es ni ortodoxo, ni heterodoxo. Eso es algo evidente. No hay economista que lo pueda negar.

z A usted le ofrecieron hacerse cargo del Indec….

- No es verdad. Nadie me consultó, ni me ofreció nada.

z ¿En qué plazos cree que se podría corregir el tema del Indec para que tenga la credibilidad que tuvo anteriormente?

- Bueno… es difícil imaginarse cómo podría hacerse sin cambios importantes en la forma en que se gestiona la política. Hay que hacer un due dilligence ya deslindar en el proceso las responsabilidades que no correspondan. No se puede hacer sin que alguien sufra. Además, en este contexto, no nos olvidemos de los juicios pendientes. Por ejemplo, los tenedores de bonos van a reclamar que se ha incurrido en incumplimientos. O sea que no se puede hacer lo que se hace y no pagar un costo.

z Quiere decir, que no hay salvataje posible….

- No dije eso. Se puede hacer perfectamente. No tiene ningún secreto. Lo que yo haría es llamar a los técnicos. Para eso habría que darle garantías de estabilidad. También habría que revisar la ley y dar autonomía al Instituto. Eso es importante.

z ¿Cuánto tiempo se tardaría en devolverle la credibilidad al organismo?

- En un plazo relativamente breve. Porque medir la inflación no es ningún secreto. Es una cosa sencilla técnicamente. Lo que pasa es que se necesitan especialistas, hay detalles técnicos que exigen personas que sepan de la materia para hacerlo bien. Esa gente está. De hecho Graciela Bevacqua (la anterior directora del Indice de Precios al Consumidor del Indec) está trabajando en la Universidad de Buenos Aires y está midiendo esos índices en el marco de un organismo denominado Buenos Aires Citi. Nosotros, en el Cedes, lo usamos. Claro, es una muestra chica. No se compara con la muestra grande del Indec, pero es mejor esa muestra que la otra. Uno la puede chequear con lo que hace, por ejemplo, la consultora Ecolatina, con Mendoza, esa es la metodología que usamos todos.

z En ese índice, dónde se ubica la tasa de inflación?

- Hoy, está en cerca de un 15% anual. A mediados del año pasado llegó a tener picos del 30% anual. O sea, hoy estamos en un proceso de estancamiento, contracción, con dos, tres meses de caída de producto bruto interno. Que cabe recordar, tampoco se mide o se mide mal.

z ¿El Gobierno qué usa?

- En mi opinión, los institutos que hacen el análisis económico para el Gobierno no pueden usar los datos del Indec porque saben que los datos son falsos. Entonces, en distintos lugares del sector público debe haber - yo no lo puedo asegurar- mediciones de la inflación que usan estos mismos datos que usamos nosotros y también de otras consultoras. En fin, es una comedia de enredos: el Indec está intervenido, todo el mundo lo sabe, solo que nadie de los funcionarios lo pueden decir. Y no se trata de precios, ahora también le toca al nivel de actividad.

z El tipo de cambio, ¿está demasiado bajo?

- Se apreció. No es óptimo. Pero, es un tipo de cambio que nos permite movernos mucho mejor que la convertibilidad. Eso no hay que olvidarlo. No obstante, yo creo que aún podría estar un 20% arriba.

z Entonces estaríamos hablando de un cambio de…

- Cuatro y pico, $ 4,40, $ 4,30. En esto no hay una ciencia exacta. Se puede decir que, en un contexto de crisis internacional, tiene que haber un tipo de cambio más alto, no más bajo.

z Usted advirtió que la política monetaria actual es una invitación a la compra.

- Es una invitación a la compra por el simple hecho de que el mercado espera que haya una corrección cambiaria porque, por un lado le conviene al Gobierno, porque hay una presión de demanda permanente. No nos olvidemos: en el primer trimestre hubo u$s 5.600 millones de compra de activos externos, lo que se llama formación de activos externos del balance cambiario. En ese contexto, la gente compra. Pero, también sabe que el Banco Central va a intervenir para no dejarlo subir demasiado. Y sabe que eso lo va hacer hasta el 28 de junio. No sabe que va pasar el 20 de junio. Y lo interesante de todo esto: la gente no espera una debacle. Por eso pone depósitos en dólares en los bancos. Tenemos u$s 9.000 millones de depósitos en los bancos. Porque la gente cree que el dólar va a subir, pero que no va a ser un desastre tal como para que los bancos vayan a volver al corralito.

z ¿Entonces "yo o el caos" no es real?

- Si la gente pensara como pensaba en julio de 2001 que se venía la noche, no pondría depósitos en los bancos. Tomaría dólares y los guardaría en el colchón. Y lo hacen en todos los bancos: no en el Citi, también en el Credicoop, en el Banco Provincia. Eso conviene en cierto sentido porque son fondos que se prestan de parte de los bancos para el comercio exterior. Por otra parte, lo que se presta está saturado. En todo caso, no deja de ser un indicador de que la gente espera una corrección cambiaria pero no espera un desastre. Porque, entonces, pese a todo, la situación económica no parece tan negra: tenemos superávit fiscal, ha mejorado el precio de la soja...

z Desde estos días, pero si lo comparamos con lo que se tenía en 2008..

- No deja de ser plata que le entra al Gobierno y le financia el gasto y mantiene un superávit. Justamente números recientes que publicó Miguel Bein, que se tomó el trabajo de monitorear la deuda organismo por organismo, muestran que en parte por la nacionalización de las AFJP y parte por las compras del Banco Central de deuda pública, la relación entre Producto y deuda pública es menor de la que se pensaba. Y estamos hablando de la deuda pública neta de la que se tiene con la ANSeS, el Banco Central y otros organismos públicos. Entonces, para cubrir el programa financiero de este año, en lo fiscal, no hay problema. Repito: el fiscal. El problema que tenemos está del lado de los dólares. Es la fuga de capitales.

z ¿Qué espera para el segundo semestre?

- Toda la incertidumbre que hay es por lo que hace el Gobierno. No por los datos económicos. Si nos ponemos en la situación de 2006, bien se podría decir: esta crisis internacional la mirábamos de afuera. Si tomamos como base los datos que produjeron hacia fines de 2008, sufrimos el impacto. Pero, también hay que recordar, la crisis nos pega con un nivel del precio por los commodities agrícolas semejante al que había antes del boom de estos productos. Estamos como a principio de 2007.

z No obstante desde el lado industrial, la crisis se siente como lo demuestran las suspensiones, caída del consumo…

- Nadie lo niega. Hay recesión. No estamos al margen, ni tenemos margen para hacer política expansiva. De hecho, todos los anuncios de los planes a la inversión para levantar el nivel de actividad no se cumplen. Lo que se hizo en materia de ayudas al crédito tampoco mueve el amperímetro porque es poco. A eso se suma la desconfianza de los consumidores, de los inversores. La gente está asustada y no se les ayuda cuando se adelantan la elecciones. z we

De la Traviata a la Portuaria

En la vida de Roberto Frenkel, la economía le ganó a la música. Pero por poco. "Dejé de tocar contrabajo cuando entré a la facultad", admite. Antes, su vida era el Jazz y su ídolo Django Reinhardt. Le siguió la música clásica. Hoy, se fascina por la Opera y en particular por La Traviata. "Lo más grande que hizo Verdi". El amor por las notas pasó a sus cuatro hijos a los que define como "mi mayor logro". Todos artistas o músicos, esconden entre ellos a una de las perlas del rock nacional: Diego, la voz y guitarra del grupo La Portuaria. A pesar del éxito de este, el padre prefiere la lírica. "En mi casa no hago otra cosa".

Comentá la nota