La incertidumbre electoral aumenta el clima de nervios en el Gobierno

Por: Eduardo van der Kooy

La reacción oficial ante versiones de un posible adelanto de las presidenciales fue desproporcionada.

La desproporcionada reacción del Gobierno a raíz de una información publicada ayer por Clarín sobre un posible adelanto electoral de las presidenciales del 2011 en caso de una derrota oficial en Buenos Aires, podría estar indicando dos cosas. O el Gobierno ha interpretado mal el verdadero sentido de aquella información o está convertido en un manojo de nervios por la inminencia electoral.

La hipótesis sobre el supuesto adelanto fue escuchada por un dirigente que accede con periódica frecuencia a la intimidad de Néstor Kirchner pero con quien mantiene diferencias, a veces profundas, entre varias razones, por la injerencia del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en casi todos los campos de la economía.

El Gobierno ni siquiera supo distinguir el flanco positivo de la información. Hablaría bien de Kirchner y de Cristina Fernández, la Presidenta, que trabajen a esta altura con previsiones que no contemplen únicamente el escenario de victoria. Hablaría de que el matrimonio tiene los pies sobre la tierra y baraja planes alternativos. Una costumbre que no exhibió en este año y medio, cuando se impuso la improvisación, se negó a aceptar la existencia de la crisis económica internacional, ocultó los desajustes domésticos, demoró las medidas paliativas y, de repente, terminó adelantando los comicios legislativos bajo la excusa de aquella misma crisis.

Los nervios del Gobierno son, en realidad, los nervios de Kirchner. Nada más sintomático de ese reflejo resultó que los portavoces que mas repicaron cuestionando la información de Clarín hayan sido Florencio Randazzo, el ministro del Interior, y Aníbal Fernández, el ministro de Justicia y Seguridad. Daniel Scioli y Sergio Massa, el jefe de Gabinete, sólo sobrevolaron la desmentida.

No hay constancia informativa del día -la aclaración vale para no herir susceptibilidades oficiales- pero si antecedentes: aquellos dos primeros funcionarios acostumbran a traducir en palabras los habituales enojos del ex presidente con la prensa.

Randazzo hizo una descalificación formal y normal de la información. Aníbal Fernández fue quien abundó en consideraciones y calificativos con su acostumbrado tono categórico y su lenguaje de arrabal. Queriendo satisfacer, tal vez sin que le pidieran tanto, los reclamos de Kirchner.

En ese sentido, el ministro de Justicia se desarropó sólo. Habló de la información de Clarín como "un panfleto" y describió que con el diario de ayer "la gente envolverá los huevos o hará otra cosa". Enseguida añadió que no hay que darle tanta importancia, pero permaneció mas de diez minutos al aire en una radio y pidió la reproducción de sus declaraciones a la agencia oficial Télam. ¿En qué quedamos?.

Esa contradicción demostraría que el único objetivo de los ministros -en este caso Aníbal Fernández- apunta siempre a tratar de aplacar los desórdenes anímicos de Kirchner.

Más adelante Fernández resbaló en el análisis político. Sostuvo que la información sobre el hipotético adelanto electoral intenta evitar que se hable de por qué Francisco De Narváez, el candidato de la Unión PRO y el que le hace sombra a Kirchner en Buenos Aires, no se presenta a declarar ante el juez Federico Faggionato Márquez en una causa por el tráfico de efedrina. Se habló toda la semana de esa cuestión porque fue el propio Kirchner quien la espoleó con sus declaraciones. Salió del mapa de la actualidad cuando el ex presidente advirtió el mal negocio político que era convertirlo en único contendor. Y cuando Julio Cobos lo recibió en su despacho del Senado y desató un escándalo en la Coalición Cívica y el radicalismo.

A Fernández tampoco le pareció atinado agitar un presunto anticipo electoral de las presidenciales para el 2010. Tal vez no sea atinado, pero fue el Gobierno el que zamarreó el calendario electoral cuando corrió las legislativas de octubre a junio. Adujo que era por la crisis económica internacional, pero adujo apenas una de un montón de razones. La principal: el Gobierno temía que la crisis le hiciera perder las elecciones. Tampoco tiene todavía ahora la seguridad de ganarlas.

El adelanto fue también ingrediente de un menú más completo. Las candidaturas de Kirchner y de Scioli, actual gobernador, las testimoniales de los intendentes bonaerenses y cuanto recurso político, leal o desleal, sirva para arrancar, siquiera, la diferencia de un voto.

El Gobierno se fastidió por la hipótesis del adelanto electoral. Pero nada dijo de los planes de Kirchner para ser gobernador de Buenos Aires en el 2011 como parte del proyecto de Scioli presidente. O de las apetencias del mismo Aníbal Fernández de convertirse en el próximo vicegobernador de Kirchner.

Esas también son conjeturas, como la del adelanto electoral, que suelen ir y venir en la cabeza de Kirchner. Y que se terminan colando en las rendijas de un Gobierno que, al parecer, reacciona ante cualquier menudencia como tocado por un aguijón.

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