La incertidumbre del después

El resultado del 28 de junio puede ser infinitamente más incómodo para el gobernador Juan Schiaretti que para el matrimonio presidencial de Cristina y Néstor Kirchner. Por Sergio Suppo.

Por Sergio Suppo

¿Cuánta ventaja tiene Luis Juez? ¿Es consistente el crecimiento del peronista Eduardo Mondino? ¿Logra Ramón Mestre consolidar al radicalismo en el segundo lugar? ¿Será posible que Eduardo Accastello haga despegar al kirchnerismo?

Las preguntas sobre la loca carrera de los candidatos hacia las urnas del 28 de junio son más sencillas de responder que las que interrogan sobre el futuro político de Córdoba y de la Argentina.

Una corta espera de tres semanas trocará las especulaciones de circunstancia por números concretos y datos ciertos sobre el lugar que cada dirigente tiene entre nosotros. Es un asunto sencillo.

Distinto e infinitamente más complicado es poder anticipar qué harán con los signos que entregue la elección el gobernador Juan Schiaretti y el matrimonio presidencial. Sobran supuestos, en todos los casos atados al resultado de la elección.

A tres domingos de las elecciones, cuando todavía falta la decisión de dos de cada diez votantes, la foto de hoy habilita a pensar estas variantes:

Mejoría K. La situación del kirchnerismo no es tan desastrosa como la pintan sus adversarios. Néstor Kirchner puntea en todos los sondeos realizados en la provincia de Buenos Aires por sobre el peronismo de centroderecha aliado a Mauricio Macri. En tercer lugar queda el Acuerdo Cívico y Social que comparten Elisa Carrió, el radicalismo (oficial) y el que se fue con el vicepresidente Julio Cobos.

Los K ya saben que perderán con amplitud los cuatro principales distritos después de la provincia de Buenos Aires, pero tienen como ventaja que los vencedores serán de distintos palos: Juez en Córdoba, el peronista Carlos Reutemann en Santa Fe, el liberal pro PJ Mauricio Macri en Capital Federal y el radical Julio Cobos en Mendoza.

Con un resultado positivo en Buenos Aires y triunfos en las provincias del norte y del sur, Kirchner tendría por delante ver qué hace para conseguir el quórum propio que perderá en la Cámara de Diputados. En el Senado no debería tener sobresaltos.

Si las cosas siguen como están, el escenario del kirchnerismo acorralado que imaginaron sus enemigos quedaría para otra vez.

Los Kirchner estarán más débiles que antes de llamar a votar en forma anticipada, pero no parece acercarse una derrota que ponga en marcha el sueño de unos cuantos opositores y no pocos dirigentes empresarios de hacerlos saltar por el aire y depositar a Cobos en la Casa Rosada.

El proyecto de esa dramática pirueta incluye hasta la decisión del vicepresidente de convocar a elecciones en 60 días, con él mismo como uno de los principales candidatos.

Incertidumbre cordobesa. El gobierno de Schiaretti comenzó a intranquilizarse. La esperanza más extendida en la Casa de las Tejas incluía a un Kirchner compelido a negociar oxígeno político por fondos para las provincias. La sobrevida K unida a una mala elección del peronismo cordobés es una combinación indigesta para una administración que depende del dinero nacional para pagar jubilaciones y deuda.

"Los kirchneristas le pedirán una parte del gobierno para hacerse fuertes en la interna peronista de noviembre", exageró un dirigente que la mira de afuera.

Acosado por los K y por el juecismo desde costados distintos, y con el peronismo en llamas, Schiaretti tendrá que elegir dónde y en quién se recostará.

El PJ del gobernador todavía no despejó la posibilidad de batir dos récords:

En caso de que el peronismo quede tercero, será el primer gobierno provincial en toda la historia electoral de Córdoba en registrar un resultado tan magro al ser superado por dos partidos de oposición.

Si, por fin, desplaza al radicalismo al tercer puesto y queda segundo, Schiaretti será el primer gobernador en sufrir una derrota en la elección de medio mandato desde el restablecimiento de la democracia. Eduardo Angeloz, Ramón Mestre y José Manuel de la Sota nunca fueron frenados por los cordobeses en elecciones de legisladores nacionales.

Los interrogantes del después serán siempre más complicados de responder que las preguntas del momento.

¿Cuánta ventaja tiene Luis Juez? Todas las encuestas conocidas dicen que tiene la suficiente distancia como para que sus rivales se hayan resignado a competir por el segundo lugar. Pero el ex intendente todavía no tiene la certeza de que el triunfo lo lleve sin escalas a la Gobernación, dentro de eternos e inescrutables dos años.

"Si gana por más de 10 puntos, será imposible que él no encabece la oposición", admitió uno de sus competidores.

Juez corre con la ventaja de haber sido el primero en darse cuenta de que el conflicto del campo marcaba el final de la relación de los Kirchner con Córdoba. Pasar de oficialista a opositor fue una decisión que el líder del Frente Cívico tomó antes que peronistas y radicales en los días de los piquetes rurales.

Aquella decisión mejoró notablemente su capacidad de aceptación en el interior provincial, en cuyos pueblos y pequeñas ciudades el peronismo le descontó la gran ventaja que Juez había sacado en la Capital en las últimas elecciones de gobernador.

Es en el interior donde la intención de voto a Juez creció más a costa del peronismo que del radicalismo.

En las tres semanas que quedan, los otros tres rivales irán por los votos de Juez. El kirchnerismo lo combatirá con las declaraciones del intendente Daniel Giacomino, a quien su ex amigo se detuvo a contestarle en los últimos tres días. Peronistas y radicales promocionan la relación de Juez con Kirchner y afirman que sus chistes son sinónimo de falta de seriedad.

¿Es consistente el crecimiento del peronista Eduardo Mondino? El candidato del gobernador salió de muy atrás y se está acercando a un número más razonable. "Tenía cinco puntos y ahora estamos en veinticinco", dijo un ministro del gabinete provincial.

Si esa cifra es real, el radicalismo tendría que comenzar a preocuparse; es un dato elemental saber que la enorme estructura del Gobierno provincial trabajará para sumar al menos tres puntos porcentuales más en un domingo donde la participación de los votantes promete no superar el 70 por ciento del padrón.

En el peronismo todavía repiten que el sorpresivo adelantamiento de las elecciones de fines de octubre a junio limitó el armado que Schiaretti había previsto. Al PJ se le notan demasiado las ausencias como para pretender ir más allá de ganarle al radicalismo: le falta su líder De la Sota; se le fue la jefa del peronismo capitalino, Olga Riutort, y los gremios optaron por sumarse a la lista kirchnerista.

¿Logra Ramón Mestre consolidar al radicalismo en el segundo lugar? El primer impulso se mezcló con la nostalgia de la muerte de Raúl Alfonsín y la novedad de Ramón Mestre (hijo) como candidato, en una evocación tácita de su padre y de los últimos años en que los militantes y dirigentes radicales disfrutaron del poder.

Mestre corre con ese doble vínculo afectivo en busca de los votos fugados al juecismo y hasta al peronismo en los últimos 15 años. No le va mal en la Capital, donde le está limando votos al ex intendente; le cuesta más en las ciudades del interior.

Mestre, como postulante a senador, y Oscar Aguad, primer candidato a diputado nacional, actúan como una fórmula que muchos se ilusionan en proyectar para 2011. "Ramón para intendente y yo como gobernador", anuncia Aguad.

¿Será posible que Eduardo Accastello haga despegar al kirchnerismo? Para intentarlo, el intendente de Villa María hace una campaña que empieza por negar lo principal. En ninguno de sus avisos se explica que es el candidato de la Casa Rosada ni se alude a ningún apoyo al proyecto nacional.

Accastello troca poner la cara por los K a cambio de que la millonaria propaganda lo instale como un referente del peronismo para la próxima batalla.

En paralelo, Giacomino castiga a Juez y Ricardo Jaime, secretario de Transporte de la Nación, inaugura obras y hace promesas. Desde Buenos Aires, vigilan a los intendentes peronistas y radicales que canjearon fondos por apoyo electoral.

Los K son los más firmes candidatos a ganar el campeonato de votos más caros. Si en el intento sobran recursos, las ambiciones, en cambio, son módicas: aspiran a lograr un diputado nacional.

Faltan tres domingos. Poco, para tantas ansiedades sueltas.

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