Impune piquete a la línea 11 con notoria complicidad política

Desde la semana pasada un grupo de gremialistas y patoteros impide la salida de los colectivos de la empresa del candidato Julio Báez.
Insólitamente, se quejan de que se cobra un boleto más barato que el resto del servicio, uno de los motivos por los que tanta gente elige viajar en esos coches. Los fiscales no actúan y la Municipalidad ya cubrió la traza con colectivos del monopolio que detenta Juan Carlos Romero.

El período electoral parece dar para todo en la provincia y aún más en la Capital, el principal distrito donde la pulseada es a matar o morir por la significancia que tendrá en el resultado del 13 de septiembre. Así lo demuestra la insólita situación que se vive en los galpones de la línea 11, bloqueados por patoteros del gremio UTA, liderados por Rubén Suárez, desde hace días.

El hecho se torna más escandaloso al conocerse los motivos de la protesta que no motiva la intervención de ningún fiscal pese a que se radicaron las denuncias: el precio del boleto que la empresa Santa Ana, concesionaria de la traza de la línea 11, fijó en 70 centavos y no en $1.30 como el resto de las líneas que de una u otra manera responden al empresario Juan Carlos Romero, cabeza de un monopolio sin precedentes por la forma flagrante en que viola la ordenanza que regula el transporte público.

Pero para no despertar la ira de los usuarios del servicio, en las últimas horas los gremialistas sumaron un reclamo de despidos, que la empresa reconoció como justificados, como por ejemplo un accidente no comunicado por un chofer, lo que derivó en el no reconocimiento del seguro.

Pero el tema se agrava cuando se nota el guiño político a este episodio gravísimo: la Municipalidad aprovechó la volada y reemplazó en el recorrido a la empresa Santa Ana con colectivos del monopolio Romero, cobrando el boleto más caro y, es evidente, haciendo lugar a un reclamo de larga data para desplazar a la firma de Báez, oh casualidad, candidato a intendente que por estas horas mide mejor que el jefe comunal Carlos Vignolo.

A todas luces, Romero también hizo gala de su oportunismo y, con la connivencia municipal, habría conseguido derribar el último escollo para que su monopolio sea total.

Desde la empresa manifestaron estupor por la inacción y por el perjuicio ocasionado a los trabajadores que a diario, desde la semana pasada, concurren a los galpones listos para salir con los coches pero sin poder hacerlo por irracional piquete encabezado por Suárez, que incluye quema de cubiertas y amenazas veladas a sus "pares".

Así las cosas, la pelea electoral parece no tener límites. Pisotear el derecho a la libre empresa, a trabajar, a circular libremente y, encima, cometer el delito de retención indebida de personas y contra la propiedad privada, son meros detalles para la justicia y el municipio, enfrascados en otra cosa.

Desoídos

La bronca de los usuarios es tal que hasta muchos piensan en ir a disolver el piquete. Pero temen a los patoteros que lo controlan. Se trata de un daño mayúsculo pues muchos pasajeros tenían bonos y ahora no les sirven. Amén de complicar la economía familiar. A Carlos Vignolo, ocupado como está en "hacer un gol en el último minuto", no le llegan esas minucias de los vecinos.

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