Más impuestos a alimentos insanos y cirugías estéticas

El gobierno analiza aplicar esos gravámenes para que la recaudación subsidie los desequilibrios del sistema de salud y ayude a crear hábitos saludables.
Uno de los debates actuales más intensos en los Estados Unidos gira en torno a la reforma del sistema sanitario y, en ese marco, hasta se analiza la posibilidad de gravar con impuestos determinados rubros para así solventar otros y erradicar desequilibrios del sistema de salud pública. Al respecto, el entorno del presidente Barack Obama estudia la posibilidad de crear un gravamen para todas aquellas intervenciones quirúrgicas que impliquen cambios estéticos, al tiempo que el organismo asesor Urban Institute recomendó al gobierno crear un impuesto para los alimentos que engordan.

El sobrepeso es un flagelo que afecta a dos de cada tres estadounidenses y proveerles tratamiento y avanzar en el estudio del flagelo le implica al estado la erogación de unos 40 billones de dólares anuales. "Para enfrentar las serias consecuencias de una descontrolada epidemia de obesidad, es que los legisladores tendrán que considerar intervenir de un modo similar al que permitió que decaiga el consumo de tabaco en un 50%", recomienda el informe.

Una de esas "intervenciones" sería la de gravar con un impuesto los alimentos que engordan, para inducir a su menor consumo y con el dinero recaudado proveer cobertura médica a quienes carezcan de servicio de salud o tengan acceso precario a ese tipo de prestaciones e iniciar campañas que alienten el consumo de alimentos sanos en las esferas de ingresos más bajos, así como la práctica de ejercicio y la costumbre de adoptar hábitos alimentarios saludables.

Inclusive se reflotó un reporte preparado por el departamento de agricultura norteamericano en 2004 en el que se sugirió que, para los "alimentos pecaminosos", el impuesto que modificará los hábitos alimentarios deberá implicar entre un 10 y un 30% del precio del alimento.

"IMPUESTO AL BOTOX". En reuniones realizadas durante el último mes, el director del Presupuesto de la administración de Obama, Peter Orszag y el asesor económico del Departamento del Tesoro, Gene Sperling, sugirieron la necesidad de aplicar un "impuesto a la vanidad": aquellas prestaciones como blanqueo de dientes, trasplante de cabello y las cirugías estéticas que no sean recomendadas específicamente por los médicos tendrían un gravamen que ayudará a sostener y mejorar el maltrecho sistema de salud.

En el último año los estadounidenses más pudientes gastaron más de 10 billones de dólares en cirugías estéticas, y a los senadores les parece interesante poner un "impuesto al botox", a pesar de la discusión que se avecina sobre si no es "de género", ya que el 91% de los pacientes de este tipo de tratamientos son mujeres.

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