Impuesto al Cheque, o el juego en que las provincias siempre pierden

Por: Alcadio Oña

El actual reparto de la recaudación del Impuesto al Cheque 85 % para la Nación contra 15 o menos de 15 % de las provincias es apenas una pieza de un modelo fiscal desigual, claramente inclinado hacia la caja del poder central.

Cualquier cosa menos un sistema que se diga federal. Pero salvo por alguna concesión del kirchnerismo, más forzada que voluntaria, la oposición tiene muy pocas chances de imponer una distribución diferente, en el debate parlamentario que viene. Y todo pese a que los apremios de sus propios Fiscos, justificaría que hasta legisladores oficialistas provinciales peleen por una tajada mayor.Cambiar los porcentajes requerirá contar con una mayoría especial, los dos tercios de las cámaras. Difícil, dificilísimo, si el Gobierno consigue abroquelar a buena parte de su tropa. O logra torcer voluntades díscolas, como las de algunos gobernadores, con la promesa de obras públicas, de fondos por afuera del Presupuesto u otros métodos conocidos.

Enfrentado a una caja que ya no luce tan robusta, está claro que el poder central rasca de donde puede y no quiere resignar un solo peso. Tan claro en este caso, como que en las cuentas presupuestarias de 2009 se mantienen los actuales porcentajes de distribución del Impuesto al Cheque. El resultado da 22.340 millones para el Tesoro Nacional contra exiguos 3.347 millones para las provincias. La jugada que queda, en principio en Diputados, es que el oficialismo no logre reunir quórum propio para tratar la ley. Disputarle el quórum y forzarlo a negociar. No está en discusión la prórroga, básicamente porque hay dinero de por medio, sino el reparto de la recaudación.

Y no es precisamente poca cosa. Según un trabajo de Guillermo Giussi, de la consultora Economía y Regiones, a raíz del actual sistema las provincias perdieron $ 25.804 millones entre 2002 y 2008. Cinco veces el presupuesto del Ministerio de Salud. Recibieron 10.278 millones, el 13,8 % de la recaudación total, contra los 36.082 millones que habrían obtenido si el impuesto se hubiese coparticipado plenamente. La contracara es que, en ese mismo período, el Tesoro Nacional se alzó con 59.459 millones; nada menos.Pero el Impuesto al Cheque es sólo un módulo en la creciente disociación fiscal entre la Nación y las provincias. Y hay otra parva de plata en IVA, Ganancias y varios tributos más que va a la ANSeS. Todas las políticas de la Casa Rosada apuntan a engrosar la billetera propia. Siempre por las retenciones a las exportaciones, que no se coparticipan: son recursos enormes, así hoy flaqueen por el desplome de los precios. Ahora mismo, los fondos de las AFJP, que el Estado Nacional se quedará por completo y administrá según sus prioridades: entre 13.000 y 15.000 millones de pesos anuales por el flujo, más los activos.

Hasta se han achicado las llamadas transferencias discrecionales, los recursos que el Gobierno distribuye en el interior, a su criterio y por afuera de la ley del Presupuesto. La necesidad de cubrir otros gastos crecientes, entre ellos los subsidios, las han transformado en variable de ajuste; se entiende, de ajuste sobre las provincias.El resultado de las políticas acumuladas se ve en la presión impositiva global, que ha escalado a un histórico 27 % del PBI. Pero es pura presión de origen nacional: las provincias apenas aportan 4 puntos a ese 27 %. Ahora, con la retracción de la economía, los gobernadores sentirán el impacto combinado de dos factores atados a la actividad productiva y a las ventas. Por un lado, se resentirán los ingresos que les vienen del IVA y Ganancias, los gravámenes con mayor peso en la coparticipación. Y por el otro, les pegará el achicamiento de la recaudación por Ingresos Brutos, de lejos la mayor fuente de ingresos propia.También entrará la caída de los precios internacionales, o sea, el golpe de la crisis sobre las economías regionales.

En actividad e ingresos fiscales, lo percibirán aquellas provincias donde la exportación de bienes primarios tiene un peso relevante: desde soja, trigo y maíz, hasta té, cacao y azúcar. Igual que las petroleras, muy dependientes de las exportaciones de combustibles.Subir impuestos es siempre una mala noticia, por lo general contraindicada en tiempos de debilidad económica. Pero es bien probable que si la distribución de recursos entre Nación y provincias fuese más equilibrada, no habría gobernadores transitando por un camino que los carga de costos políticos.Sin embargo, nada aún parece suficiente como para que mandatarios K y no tan K se planten ante el poder omnipresente: Se los nota muy apichonados , cuenta alguien que asesora a algunos de ellos. Con bolsillos flacos, esto significa fuerte dependencia de la caja que se maneja desde Olivos: plata y política. Implica apostar a que uno va a entrar en el reparto porque es o se hizo aliado. O porque a mí no me van a dejar caer .

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