Imprevisto giro en el juicio por la represión

Juan Calixto Perizzotti, un ex policía que estuvo al frente de la Oficina de Coordinación del Área 212 del ejército, se decidió a hablar y reveló ayer el nombre del oficial del ejército, Jorge Roberto Diab, quien le habría ordenado trasladar a diez mujeres de una "casita" de Santo Tomé a la Guardia de Infantería Reforzada.
Juan Calixto Perizzotti, un ex policía que estuvo al frente de la Oficina de Coordinación del Área 212 del ejército, se decidió a hablar y reveló ayer el nombre del oficial del ejército, Jorge Roberto Diab, quien le habría ordenado trasladar a diez mujeres de una "casita" de Santo Tomé a la Guardia de Infantería Reforzada. El militar acusado no está imputado en ninguna causa local por crímenes de lesa humanidad. La fiscalía pidió medidas urgentes para que se investigue su responsabilidad penal.

"Actualmente tengo 73 años. Entré en la repartición policial el 1º de enero de 1957 y egresé el 31 de diciembre de 1989", dijo Juan Calixto Perizzotti en tono autobiográfico, en el comienzo de su declaración indagatoria. El ex policía, jefe de la Oficina de Coordinación que dependía del Área 212 del Ejército, fue el primero de los seis imputados en animarse a declarar desde que comenzaron las audiencias en el juicio oral y público por la represión ilegal.

"Voy a asumir mi responsabilidad, pero no la ajena", anunció el acusado, que apuntó contra un alto mando militar por los traslados de detenidos "ilegales" desde una "casita" de Santo Tomé a la Guardia de Infantería Reforzada.

Reconoció que en su oficina se "blanqueaba" a los detenidos y aceptó haber encerrado a un chico, que por entonces tenía 16 años, hecho que había negado con anterioridad.

En toda su exposición, que duró tres horas y debió responder preguntas del Tribunal, la Fiscalía y los abogados de la querella, trató de minimizar el poder de acción que tenía el personal policial que estaba a cargo de los militares. "La policía era el forro del Ejército. ¿Cuántos militares hay acá presos? Fuimos utilizados", aseveró y clavó la mirada en el banquillo de los acusados que estaba vacío.

"Si no cumplíamos, la hubiésemos pasado peor que estas personas", agregó en relación con las víctimas, muchas de las cuales escuchaban en silencio, del otro lado del acrílico en la sala principal del Tribunal Oral Federal del edificio de San Jerónimo y Primera Junta.

El mayor Diab

Perizzotti está acusado por cinco personas, como "coautor de privación ilegítima de la libertad agravada, por haberse cometido utilizando ilegalmente sus caracteres de funcionario público y por haberse cometido con violencia y amenazas". También "aplicación de tormentos".

Tres de ellas son las mujeres Anatilde Bugna, Ana María Cámara y Patricia Traba, detenidas el 23 de marzo de 1977. Sobre el caso puntual, Perizzotti recordó un llamado del coronel Juan Orlando Rolón -su jefe máximo- para que lo fuera a ver al mayor Jorge Roberto Diab, el segundo jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, después de Domingo Manuel Marcellini, recientemente apartado del juicio.

"Él le va a entregar unos detenidos", le habría indicado Rolón a Perizzotti, que en el encuentro con Diab le ordena: -Esta noche lo espero a las 24 horas en la Guardia de prevención del Comando de Artillería". "Comprendido señor", le respondió el subalterno.

Acerca de Diab se supo después que vivía en uno de los departamentos de los monoblock del parque del Sur, en 1° de Mayo y JJ Paso, y que hasta el momento no ha sido llamado por la Justicia Federar de esta jurisdicción por este tipo de delitos.

Viaje nocturno

"Salimos afuera del cuartel tomando avenida Freyre al sur, Boca del Tigre, Santo Tomé por avenida Luján", describió el recorrido. Luego se confunde el nombre de las calles y con ayuda del Tribunal termina de ubicar el sitio donde Diab los hizo esperar, en un camino de tierra, apartado de la senda principal unos 200 metros al este, después de desviar en una estación de servicios de la zona.

"Nos hace esperar con los autos enfilando para el otro lado. A la hora vuelve con tres autos y los pone a la par del vehículo de Institutos Penales. Había detenidos y estaban vendadas", relató ante la mirada atónita de los presentes, porque Perizzotti estaba aceptando, al menos tácitamente, la existencia de las llamadas "casitas" que eran centros de detención clandestinos, denunciados por las víctimas.

Ante semejante cuadro "le digo: Señor, ¿Le sacamos la venda?". A lo que el mayor le contestó: "Si le sacamos las vendas se las pongo a ustedes". "Las subimos arriba del celular, no había otra cosa para hacer, resistirse era imposible. Ahí fue que las trasladamos a la GIR", agregó Perizzotti, que aprovechó para defender a su par María Eva Aebi diciendo que "no hubo simulacro de fusilamiento, la señora María Eva no participó".

Tras la primera jornada del juicio de la semana, el tribunal compuesto por los jueces Roberto Manuel López Arango, Andrea Alberto de Creus y Carlos Renna, cerró la audiencia hasta esta mañana para la declaración testimonial de José Ernesto Schulman.

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