El impresionante raid fiscal del Gobierno: reservas y mucho más

Por: Alcadio Oña

Cualquiera sea la mirada que se elija, no deja de ser impresionante el raid que, en sólo un año, desplegó el Gobierno para disponer de cuanto recurso haya a mano. Y mantener, así, un nivel de gasto público que de otro modo habría sido insostenible.

Con mucho de movida política en el fondo, la seguidilla incluye:

El traspaso de los ingresos de las AFJP al Estado. Fuera de otros objetivos, que los tuvo, en la base de la medida también hay un inocultable sesgo fiscalista: unos 13.000 millones de pesos anuales.

Una reforma incorporada al Presupuesto de 2009 le permite al Gobierno usar hasta el 30 % de los depósitos de los organismos oficiales en el Banco Nación, para amortizar deudas o gastos de capital. En números actuales, eso representa 9.000 millones de pesos disponibles.

Por la misma reforma, los adelantos del Banco Central al Tesoro Nacional también pueden aplicarse al pago de cualquier obligación en moneda extranjera, además de cubrir vencimientos con organismos de crédito internacionales.

Un megablanqueo de capitales y una megamoratoria, seguidos ahora de una moratoria menos ambiciosa.

A fines de noviembre, el Gobierno tomó los 2.500 millones de dólares que el Central había recibido por la parte que a la Argentina le tocó en la ampliación del capital del Fondo Monetario. Aunque el BCRA debió depositar en el FMI un monto equivalente en pesos, en verdad esa plata le pertenece al Estado. Pero el hecho es que el Gobierno la está usando.

En el mismo acto se sacaron $ 5.250 millones del llamado Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, que, entre otras cosas, garantiza justamente el financiamiento del sistema previsional y el pago de las prestaciones. Según el organismo, hay $ 84.592 millones de ese fondo ¿el 62 % del total¿ colocados en créditos a la Nación.

La movida más reciente, sonora por cierto, fue capturar de un golpe y por decreto 6.569 millones de dólares de las reservas del Banco Central, para afrontar deuda pública. Y por lo que dice Amado Boudou, se utilizarán a pleno el año próximo: 2.187 millones para organismos multilaterales y 4.382 millones para acreedores privados.

La prueba de que el Gobierno va para adelante y sin aguardar a que el Congreso valide el decreto es que, el martes pasado, salió la resolución de Boudou que pone en marcha la medida. Y una más, que pronto se salden anticipadamente cupones de la deuda.

Tal cual comentó Clarín, por fuera de los US$ 6.569 millones hay mucha más plata a mano de eso que llaman reservas de libre disponibilidad, un concepto acuñado en tiempos de la convertibilidad de Domingo Cavallo. Concretamente, 10.000 millones de dólares.

Un manejo así de las reservas, a través de un decreto de necesidad y urgencia, está colocando en aprietos a Martín Redrado. Es sujeto pasivo de alguna demanda judicial.

El jefe del Central ha llevado el caso a la Subgerencia de Asuntos Jurídicos de la entidad. La duda, entre quienes conocen la línea, es si los funcionarios de esa oficina estarán verdaderamente dispuestos a "jugarse con un dictamen en contra". O si tomarán por un atajo que no los deje demasiado expuestos a ulterioridades.

En el DNU de Cristina Kirchner no existe tope alguno al uso de las reservas de libre disponibilidad. Esto significa que si en el futuro el BCRA recupera reservas, el Gobierno tendrá más para gastar. Es una alternativa posible, dado el fuerte superávit comercial que se espera para 2010.

Lo mismo puede suceder si el Central engrosa sus activos con nuevo financiamiento internacional. Según información del mercado, hoy la cuenta incluye US$ 4.000 millones del Banco de Pagos de Basilea. Son reservas y a la vez deuda.

Meter mano nuevamente en el BCRA fue el recurso que esta vez eligió Néstor Kirchner. El otro era avanzar sobre los encajes de los depósitos que los bancos tienen en la entidad, evidentemente mucho más peligroso por su impacto en las expectativas de los ahorristas.

Optó por la vía que le pareció menos riesgosa. Y entonces, al menos por ahora, los banqueros respiran.

Se ha dicho: de esta manera el Gobierno paga a los acreedores y libera recursos que puede destinar a otros fines. Apuntalar el gasto público y la caja de Olivos. Tapar un agujero fiscal hace tiempo evidente, ensanchado por ingresos que crecen muy por debajo de los gastos.

Quizás también entre una idea que ya rondaría en la cabeza del ex presidente. Crear un millonario fondo para obras en el conurbano bonaerense, piloteado por Julio De Vido, un hombre de aceitados vínculos con intendentes y punteros.

La secuencia de las decisiones y la montaña de plata en juego no sólo revelan apremios fiscales crecientes. Significan, también, apelar cada vez más al uso de recursos excepcionales, como si esto fuese una política y no la acumulación de inconsistencias al interior del propio sistema.

El caso es que el proceso no converge hacia una salida. Sino todo lo contrario: sin ingresos suficientes, se aleja constantemente del punto de convergencia. Pero está visto que, en el universo K, nada cuenta más que el corto plazo. Y en el horizonte inmediato pesa el intento por remontar, a como sea, la inocultable debilidad política del kirchnerismo.

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