Lo importante no es pagar, sino endosar

Por Hernán de Goñi

Como ningún inversor privado está dispuesto hoy a financiar al Estado argentino, el Gobierno maximizó la única opción a mano: prestarse a sí mismo.

La receta puede ser considerada efectiva, pero no virtuosa. Para no tener que aplicar un manotazo liso y llano sobre el superávit de los organismos públicos que cuentan con ingresos específicos (como sucedió más de una vez desde la creación del sistema de seguridad social), los fondos fueron cedidos a cambio de letras de corto plazo.

Las ventajas para el Gobierno son evidentes: no tiene que negociar sus condiciones, paga una tasa cercana a cero (descontada la inflación) y si no tiene los recursos, puede renovar sin costo político.

El problema radica, básicamente, en el riesgo involucrado. El volumen de fondos que mueven estas emisiones ya superó los $ 10.000 millones, y seguirá en ascenso. El Estado apuesta a la recuperación para poder saldar la cuenta, pero si esa instancia se demora más de lo previsto lo que está en juego es el incumplimiento de servicios esenciales, como el pago de jubilaciones o de subsidios laborales.

El esquema tiene la dinámica de las clásicas cadenas de cheques, en las que lo importante ya no es pagar la factura, sino endosarla.

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