Sin importancia

La democracia cumplió sus 25 años de renacimiento. Muchos de sus valores parecen perder trascendencia a juzgar por actitudes de figuras de los poderes públicos. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
El miércoles pasado la República Argentina se abrazó al festejo de 25 años de democracia ininterrumpida, después del brutal y violento corte que sufrió el 24 de marzo de 1976.

No hubo euforias ni grandes manifestaciones. Maduras reflexiones de algunos adultos que supieron de qué se trataba en aquellos años emplomados. Unos destacaron la importancia de lo que se estaba viviendo y otros trataron de subrayar el esfuerzo del logro obtenido hace cinco lustros.

No aparecieron aquellas largas marchas que a su paso iban sumando ciudadanos que sabían que poner el cuerpo era confirmar el respeto por los derechos y la defensa de un sistema de vida.

Se trasmitió la sensación de que aquello que está asegurado y arraigado en la vida diaria ya no se discute, pero tampoco se reafirma. No hace falta.

El mismo día en que los argentinos soplaban la velita 25 de esta joven, aunque adolescente, democracia, se suscitaron las más diversas expresiones de protesta. No había abrazo común, ni una causa que los uniera. Sólo la protesta y el desencanto los convocaban.

En Buenos Aires unos manifestaron por la inseguridad; otros, por los 25 años de democracia, y no faltaron los hacendados que empezaron a sembrar un nuevo descontento porque los números no les cierran.

En Tucumán pasó lo mismo. Hubo una convocatoria de los hombres del campo, por un lado, y otra para recordar el 10 diciembre de 1983. En ninguna de las dos se vieron multitudes ni brazos unidos. Eran dos preocupaciones diferentes que se manifestaban casi en soledad. A sus alrededores, la vida continuaba como un día más.

En ese mismo día las postales descritas se condensaron en un informe del Ministerio de Educación de la Nación. Allí se infería que el 35% de los 1.000 alumnos encuestados consideraba que la democracia es la mejor forma de gobierno para el país y para el mundo. Otro 30% dudó, y dijo: “ a veces sí, a veces no”; un 10% fue tajante al responder “no”, y un 25% eligió el tristemente célebre “no sabe, no contesta”.

El millar de jóvenes sondeados no vivieron nunca bajo un régimen autoritario; por lo tanto, recibieron la transmisión oral de sus familiares y de los actuales referentes públicos. Una voz de alerta tronó sobre la mitad de la semana, en la misma jornada en la que los 25 años de democracia no pudieron unir a los argentinos porque aparecen dispersos como esquirlas por los más diversos intereses individuales.

Confusión

Esta advertencia que dieron los chicos a los adultos ocurrió en la misma semana en la que el gobernador de Tucumán despotricaba porque la prensa dio a conocer resoluciones judiciales que podrían ocurrir o porque criticó posiciones del Poder Ejecutivo. “… hasta me dice que yo, como Poder Ejecutivo, no debo recusar a un juez. ¡Resulta que un privado puede y el Ejecutivo no!”. El mandatario provincial confunde lo personal con lo institucional al punto de creer que las responsabilidades son las mismas. Días antes había despotricado ante la posibilidad de que la Justicia le rechazara un recurso. Habló contra la prensa porque había dejado abierta esa opción y criticó a la Justicia porque le ponía palos en la rueda. Cuando esta semana la Cámara en lo Contencioso Administrativo rechazó un planteo del Colegio de Abogados contra la “Ley del Dedo”, el mandatario no dijo nada al respecto.

Son mensajes contradictorios que, además, deterioran la imagen de la Justicia, que no necesita de la presión del gobernador para venirse abajo.

Se hace difícil interpretar por qué antes se hablaba de una desesperación porque la Justicia resuelva los planteos y ahora tratan de demorar lo más que se pueda esos fallos, con chicanas procesales. Es complicado comprender si se parte de la premisa de que el fin último es que las instituciones funcionen libremente, pero queda clarísimo si lo que se busca es que las cosas salgan “como yo quiero”. Los únicos perdedores -en el tiempo- serán los tucumanos, los actores de mañana.

Maremoto

En estos días que pasaron, los magistrados también hicieron sus esfuerzos para que los jóvenes encuentren dificultades a la hora comprender y de defender la democracia como un sistema que los envuelve y los debería contener para vivir en libertad.

En Tribunales, la Corte Suprema de Justicia se encuentra ensimismada y, por lo tanto, alejada de su sublime interés. Los vocales no dialogan. Desconfían. Como nunca antes, aparecen etiquetados como hombres y mujeres pasionales que se rigen por los embates a los que están sometidos.

René Goane y Alberto Brito tienen trayectorias jurídicas que ensanchan sus espaldas y que les dan sustento a los escritos que firman. Sin embargo, el primero ha quedado estigmatizado como un archienemigo del gobernador José Alperovich, y el segundo, como un vocal que con sus ausencias o disidencias sirve a los intereses del Poder Ejecutivo.

Ni Antonio Estofán ni Claudia Sbdar pueden sacarse de encima el rótulo de que los nombró un amigo.

El presidente de la Corte, Antonio Gandur, es el capitán de este barco, que navega en aguas turbias sin botes salvavidas y con la tripulación desorientada y enfrentada entre sí.

En medio del maremoto, a la Corte se le está convirtiendo en un imposible realizar la cena de camaradería que suelen llevar adelante todos los fines de año. Ni hablar de la confección de las tarjetas de fin de año; un tema que podría haber sido una cuestión amable derivó en un desacuerdo más. El diálogo entre los vocales parece hoy un recuerdo de tiempos pasados.

En la misma semana de celebración de los 25 años de democracia, la elección de autoridades de los magistrados fue un cimbronazo para el Poder Ejecutivo. La lista oficialista que había sido consecuente con las necesidades del alperovichismo a la hora de armar la “Ley del Dedo” o interinatos, recibió un parate de parte de sus colegas que hicieron oídos sordos a los rumores de reparto de bolsones tribunalicios que se traducían en promesas de ascensos.

Un empate dejó pendiente la elección de la presidenta del cuerpo. Un ejemplo para los jóvenes que dudan sobre la democracia sería que aquellos rumores y las presiones de futuros juicios políticos no fueran ciertos. No es sólo un cargo lo que está en juego. Sin embargo, podría actuarse sabiendo que la sociedad -y los jóvenes, especialmente- mira los procederes de fiscales, de jueces y de camaristas, que se olvidan de que tienen una toga puesta y que cargan una balanza, y terminan espiando por el ojo de una cerradura para saber qué pasa.

Con el interés devaluado

Esta semana volvió a fracasar la movilización que se convocó para expresar el descontento social sobre el laberinto en el que se metieron la Justicia y el Poder Ejecutivo. El mensaje que se puede rescatar es que a muy pocos ya les está preocupando este tema. Da la sensación de que esta falta de respaldo responde a una pérdida de credibilidad de los Tribunales. Inclusive aquellas movilizaciones que se hicieron hace pocos meses en defensa de René Goane han perdido a los gestores que se motivan cuando es por un individuo y no por un tema que puede tener un interés general, como puede ser mejorar la forma de elección de los futuros jueces o simplemente evitar que otros poderes se inmiscuyan en la vida de esta “señora de ojos vendados”.

El fin de año termina en una verdadera guerra de guerrillas entre el Poder Ejecutivo y algunos sectores de la Justicia y el Colegio de Abogados. Hay “sijosesistas” que le bisbisean a Alperovich que detrás de toda la resistencia tribunalicia está la sombra del ex diputado José Ricardo Falú. En la Casa de Gobierno y en la Legislatura oficialista nadie quiere ver que han influido para que se vacíen los Tribunales. No sólo se van quedando sin magistrados; también se pierden valores cuando todo parece una cuestión reducida a quién pone más jueces propios.

Embestidas innecesarias

El temperamento de Alperovich lo lleva a embestir siempre. Por eso, cuando algo no le gusta o no le conviene, en vez de dar un paso atrás, ataca como esos toros enceguecidos. Esta semana, después de sus embates contra la prensa, se entusiasmó con las resoluciones de la Justicia en su favor y eligió no hablar del tema. “No sé por qué ustedes, los periodistas, están tan preocupados por la Justicia cuando realmente hay tantas cosas importantes... ”, manifestó. Otra innecesaria contradicción para la confusión en la que los adultos hacen caer a los jóvenes.

Los chicos de entre 11 y 15 años destacaron en aquella encuesta que sus preocupaciones pasan por el consumo de drogas (75%); la inseguridad (45%) y los riesgos del sida (40%).

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