Importaciones: prebendas, barreras y caprichos

Por Jorge Oviedo.

Más de siete mil personas cruzaron la meta el día de la maratón de Adidas. Más de 15.000 personas largaron el día de la Human Race en Buenos Aires. Todos los fines de semana hay pruebas de calle y aventura en la que participan miles de corredores profesionales y aficionados, expertos y ocasionales. Las carreras urbanas, el llamado running vive un importantísimo auge.

Entonces alguien podrá pensar que podría ser un buen negocio poner negocios especializados para vender indumentaria, calzado y accesorios para corredores. Algunos pensaron así y no les va bien y piensan en cerrar las puertas. ¿Por qué, si el mercado parece ser tan favorable? Porque gran parte del equipamiento que se usa si se corre más o menos en serio es importado. Y el Gobierno detesta las importaciones. Y, aunque no las prohíbe formalmente para evitar conflictos en el Mercosur o sanciones de la OMC, lo hace informalmente. El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, dicen, abre o cierra las importaciones según su propio capricho.

¿Las consecuencias? Tal vez vaya a un comercio especializado, le hagan un estudio de la pisada, le recomienden la mejor zapatilla para que corra mejor y cuide su salud. Y luego le digan que espere a ver cuándo se la pueden conseguir. Es decir, si es que a Moreno o a quien sea se le ocurre que sí, que una partida de zapatillas puede entrar.

Dicen que es para defender el "trabajo argentino". Pero no el de las personas que trabajan, por ejemplo, en los locales donde se venden esos productos. Ese trabajo, parece, no lo defiende nadie.

Lo curioso es que las mismas marcas que importan también fabrican aquí. Claro que las zapatillas más técnicas son importadas en casi todo el mundo. Se elaboran en pocos sitios, utilizando las ventajas de la escala. Para otra clase de calzado menos sofisticado varias compañías aumentaron aquí su capacidad de producción, pero no parece factible que se trasladen al país las fábricas de los productos más técnicos.

¿La solución? Para quienes tienen más dinero y viajan al exterior, traerse el calzado de fuera como equipaje acompañado. Para el resto, vivir pendientes de cuando aparecen las partidas que el Gobierno autorizó y salir corriendo a comprarlas. Una demora puede significar tener que estirar muchos meses más la espera. Es algo parecido a lo que ocurre con muchos otros bienes, como neumáticos. El Gobierno tiene una política de restricción de las importaciones no explícita, oscura y discrecional, que se presta a cualquier torpeza y a cualquier maniobra de corrupción.

¿Hay en otros países regímenes de licencias no automáticas? Sí, en Brasil, por ejemplo. ¿Se manejan como aquí? Los empresarios dicen que no, que hay un régimen absolutamente informatizado y transparente que reduce notablemente las posibilidades de maniobras delictivas por parte de los funcionarios que intervienen. Y dicen que aquí ocurre todo lo contrario.

El actual gobierno parece empeñado en dificultar y encarecer las importaciones casi de cualquier clase con toda clase de procedimientos, incluidos la aplicación de gravámenes y prohibiciones sobre bienes que aquí no se producen. Lo que termina perjudicando a los consumidores locales es una mezcla se prebendas para grupos amigos, necesidades recaudatorias del Gobierno y maniobras como mínimo primitivas para sostener el superávit comercial de un país que, para colmo, también prohíbe algunas exportaciones.

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