El implacable "método Kirchner" y la vacilación de sus opositores

Por: Julio Blanck

El método Kirchner sigue aplicándose, implacable. El primer día de esta semana un intendente del sur del Gran Buenos Aires lo puso sobre aviso a Daniel Scioli. "¿Sabés que viene Néstor?". El gobernador, hasta ese momento, no tenía la más remota información sobre el desembarco que Kirchner preparaba, y concretó anoche, en Quilmes, terruño original del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, donde hoy gobierna el kirchnerista Francisco "Barba" Gutiérrez.

La Provincia es territorio de Scioli, quien además -al menos en las formas- está a cargo del Partido Justicialista. Ni una sola de las reglas más elementales del buen trato político fue seguida por Kirchner para armar su encuentro con intendentes.

A Scioli le factura sus módicas gestualidades de autonomía. Y a varios de esos mismos intendentes, después de haberlos obligado a acompañarlo como candidatos testimoniales, Kirchner los había calificado de "vieja política" en las horas desesperadas después de la derrota electoral.

Al gobernador ya le habían hecho probar otra dosis de esa medicina agria, la semana pasada.

"Vos no podés venir acá como representante del campo" le cortó el rostro Cristina a Scioli, cuando la visitó en la Casa Rosada y empezó a plantearle el tema.

Al terminar esa reunión, el Jefe de Gabinete le aseguró a los periodistas que Scioli no había siquiera mencionado el tema del campo ante la Presidenta.

Scioli se había comprometido a llevar a la Casa Rosada la demanda por medidas que atendieran los problemas del productor agropecuario. Era su compromiso con las entidades. Y es su convicción. porque sólo ve pérdida, económica y política, en esa fatigosa batalla sin destino. Pero tuvo que hacer malabarismos para explicar que se había ocupado del tema, después del lijado intenso a que lo sometió el Gobierno.

Hay más ejemplos de la inmutabilidad de ciertos actos. Un empresario que se reunió hace pocas horas con Cristina comenta asombrado: "Habla como si hubieran ganado".

El empresario salió preocupado de la charla con la Presidenta porque percibió cierta voluntad de dilación y dilución del tan meneado Consejo Económico y Social. Más o menos la misma sensación que los dirigentes de los partidos opositores tienen respecto del diálogo político que el Gobierno convocó con pitos y bombos después de perder la elección.

La condición de volverse impermeable a la realidad nunca es una virtud. Tampoco en la política. Pero en política puede servir como herramienta. Los Kirchner la están usando una vez más. En principio lo hicieron sólo para ganar tiempo. Pero ahora, se evidencia ya con más claridad, para ver si la batalla defensiva que se ven obligados a librar encuentra un punto de anclaje. Esto es, una posición en la cual frenar el retroceso y hacerse fuertes para tratar de recuperar algo de la enorme porción de poder que cedieron, en el largo camino que fue de la derrotada cruzada contra el campo hasta el domingo electoral de junio que les puso fecha de salida.

En un sistema de suma cero, como es la política, las porciones de poder vacante no suele estarlo por demasiado tiempo. Si se descarta la variante siempre indeseada de la anarquía, lo que suele suceder es que alguien acude pronto a ocupar ese espacio. Aquí todavía no ha ocurrido. Quizás porque hace apenas seis semanas que sucedió la elección. Quizás porque los sectores políticos y económicos que derrotaron al kirchnerismo tienen intereses tan diversos y principios muchas veces tan divergentes, que hicieron hasta ahora imposible cualquier acción coordinada que transforme en hechos concretos el nuevo equilibrio político surgido de la voluntad ciudadana.

En ese escenario opositor se mezcla la confusión de los advenedizos con la noción de responsabilidad institucional que tienen los que gestionan en distintos niveles de gobierno, o aspiran a hacerlo, y también ponen su pizca nada desdeñable los que hacen negocio dinamitando cualquier canal de diálogo y negociación.

El resultado paralizante de ese menjunje le ofrece al Gobierno la posibilidad de ganar espacio de maniobra. Los Kirchner ya han demostrado que no son de acomodarse blandamente a una realidad adversa y aprovechan toda oportunidad que se les presente para avanzar un casillero.

Lo hacen aunque, como dice un hombre que supo ser muy kirchnerista hasta la noche del 28 de junio, "los fuegos artificiales se les apagan cada vez más rápido". Pero claro, del otro lado muchas veces ni siquiera hay quien encienda una cañita voladora.

Esa dificultad para entrar en acción también es visible en el universo peronista, donde ya es difícil encontrar trazas de kirchnerismo.

Preocupados por las cuentas en rojo de sus provincias, y sin un rumbo claro que les permita alinearse con alguna variante clara apuntada a la elección presidencial de 2011, los gobernadores eligieron guardar para mejor ocasión sus ímpetus renovadores y hacer una apuesta muy fuerte a la prudencia. Eso se llama asegurarse ayuda y dinero del Gobierno.

En el peronismo, hoy todos hablan con todos. Ese rondín anhelante engarza al cauteloso Scioli, a Carlos Reutemann que envía señales de humo desde Santa Fe, a Eduardo Duhalde que recibe en casa como en los buenos tiempos, a Alberto Fernández que sigue muy activo, a Felipe Solá que es mucho más peronista que disidente, a gobernadores como Juan Schiaretti, Jorge Capitanich, Juan Manuel Urtubey y Sergio Urribarri, a Sergio Massa reinstalado en el sillón municipal de Tigre, al chubutense Mario Das Neves que se lanzó sin retorno y cosechó más promesas que las que se cuentan en público.

Todos buscan un camino alternativo, sin los Kirchner. Pero les asusta la posibilidad de empujar más de lo conveniente y desnudar con toda crudeza la escasez política del Gobierno.

Los políticos ya se quedaron una vez a la intemperie. Fue en la gran crisis al comienzo de esta década. Por ahora, nadie quiere repetir esa historia.

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