El imperio de las tensiones.

Tanta exigencia, expectativa y paridad en la final Atenas-Peñarol (3-2) deriva en juegos feos, muy imprecisos.
El miedo a perder parece haber desgastado los nervios, nublado las mentes y entumecido las manos. Es tan grande y pesado lo que hay en disputa en la final de la Liga Nacional, dominada ahora por Atenas 3 a 2, luego del triunfo de anteanoche sobre Peñarol (79 a 76), que el juego ha degenerado en un enfrentamiento lleno de imprecisiones, deslucido, con bajos porcentajes de eficacia y demasiadas oportunidades desperdiciadas para ganar.

La extrema paridad (anteayer fueron a suplementario tras igualar en 70 puntos), la creciente expectativa por una definición que se prolonga angustiosamente, la categoría del rival, la multitud que vibra, sufre y alienta en cada estadio, más la ansiedad y el apetito por ser campeón, provoca una caldera de presiones difíciles de sobrellevar.

Observar anteanoche la salida del estadio de cada protagonista fue una evidencia de semejante desgaste físico y psicológico. No eran bolsos los que llevaban Leo Gutiérrez, Djibril Kante o Juan Manuel Locatelli -pese a ser los ganadores- cuando dejaron lentamente el Orfeo; parecían arrastrar un acoplado que hasta les impidió acercarse a los hinchas para firmar un autógrafo. "¡Parecés apaleado!", le dijimos al pasar a Gutiérrez. "¡Uf, terrible!" respondió el ala-pivote de Atenas. "Fue durísimo, todavía estoy tensionado; recién descargué los nervios en el tiro final, cuando Laws acertó esa penetración". En el comienzo del 2do cuarto, el campeón olímpico 2004 y medalla de bronce 2008 le pegó tres patadas al banco de suplentes. "Cometí tres errores seguidos y me puse de mal humor; no me puede pasar. Por eso descargué los nervios contra el banco", agregó.

Rubén Magnano, su técnico, mantuvo la misma línea: "La emotividad nos hace cometer muchos errores a los dos. La tensión existente en la toma de decisiones trae imprecisiones y fallas". Y Juan Locatelli acotó: "No se puede sufrir tanto. Esta final pone nervioso a cualquiera".

Si así se retiró Atenas, suficiente es imaginar el peso que debieron acarrear en el ómnibus y durante 15 horas los jugadores marplatenses. Más después de un cotejo que tuvieron dos o tres veces para ganarlo, muy claramente, y lo desperdiciaron. Si no son campeones, la historia de la Liga les recordará a cada rato lo que perdieron anteanoche. "No tuvimos la cabeza fría para mantener las ventajas. Lo perdimos por una mentalidad floja. Lamentablemente tendremos 15 horas de amargura en el viaje", afirmó Román González al salir de Córdoba. Si a todo esto se agrega que los técnicos exigen concentración, disciplina táctica y obediencia a las nuevas estrategias, se entiende por qué no hay belleza en el juego, más allá de los permisivos arbitrajes que lo empeoran todo.

* Los cordobeses aprovechan el fin de semana largo

Como el lunes próximo es feriado, los cordobeses ya empezaron a armar el viaje a Mar del Plata para presenciar el 6to juego final del domingo, a las 22, en el Polideportivo, que puede darle a Atenas el 9no título en la Liga Nacional. Las campañas para juntar gente las hacen en los medios periodísticos deportivos. Peñarol dispondrá de unas 300 entradas visitantes.

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